AL abrir este número de nuestra revista, una cálida brisa de América Latina (AL) les llegará de inmediato. Hemos dirigido deliberadamente la mirada hacia esa tierra, centrándonos en aquellos académicos, figuras culturales, periodistas y jóvenes que han realizado intercambios, estudiado o capacitado en China. De esta manera, han ayudado a profundizar los vínculos entre China y América Latina con sus pasos y a registrar vívidas historias de aprendizaje mutuo entre civilizaciones desde el alma.
Queremos compartir con nuestros lectores las historias de varios integrantes de este selecto grupo de latinoamericanos en China. Entre ellos hay académicos que han investigado el camino de desarrollo chino, explorando nuevas vías hacia la modernización mediante el diálogo intelectual; periodistas que han documentado los cambios de la época, transmitiendo a América Latina, a través de sus lentes y de sus narrativas, el desarrollo chino; y también jóvenes estudiantes llenos de vitalidad que, mediante el aprendizaje del mandarín y la capacitación técnica, han ayudado a cosechar su propio crecimiento personal y la amistad. Estas experiencias individuales, en apariencia fragmentos dispersos, confluyen en el gran tema del ir y venir entre nuestros pueblos y del mutuo aprendizaje. Al igual que el río Amazonas y el río Yangtsé, sus olas civilizatorias han terminado por encontrarse pese a los miles de kilómetros de distancia.
La relación entre países radica en la afinidad entre las personas. Las relaciones entre China y América Latina se han desarrollado con el tiempo y han trascendido la distancia geográfica gracias a profundos intercambios y el entendimiento sincero entre sus pueblos. Nos complace ver que cada vez más latinoamericanos eligen venir a China para experimentar de primera mano la vitalidad y calidez de esta tierra. Ellos mismos se han convertido en semillas en favor de la amistad y están difundiendo sus experiencias de primera mano al otro lado del océano. Este es precisamente uno de los objetivos de nuestra revista: presentar distintas personas y sus vivencias de la forma más auténtica posible, eliminando así los prejuicios y fomentando la amistad.
La importancia de la comunicación no solo radica en mejorar la comprensión, sino también en derribar barreras y prejuicios. En el mundo de hoy, el cual está cada vez más interconectado, los encuentros reales y profundos entre personas son más valiosos que cualquier difusión de información unidireccional. Son los intercambios cara a cara y las experiencias de aprendizaje y convivencia los que permiten a China y a América Latina comprender mejor los caminos de desarrollo, las tradiciones culturales y las preocupaciones sociales de la otra parte. La amistad entre China y América Latina se fundamenta en su gente y su futuro reside en su juventud. Así, desde la cooperación educativa hasta los intercambios mediáticos, y desde el diálogo académico hasta el aprendizaje mutuo entre civilizaciones, se ha ido desarrollando un creciente número de historias de intercambio con el paso del tiempo. Estas historias pueden ser cotidianas, pero son reales y poderosas, ya que no solo dan testimonio del crecimiento personal de unos y otros, sino que también reflejan la continua evolución de las relaciones entre China y América Latina.
A través del testimonio de lo que los latinoamericanos que aparecen en estas páginas han podido ver, oír y sentir, en este número deseamos ofrecerles una imagen de China aún más viva, y mostrar la calidez y vitalidad del acercamiento entre nuestros pueblos. Creemos que el entendimiento nace del intercambio y de la amistad, así como del conocimiento mutuo. Con ello, un nuevo capítulo en las relaciones entre China y América Latina ya se está escribiendo, el cual se vislumbra aún más fructífero y esperanzador.