Sociedad
Uniendo la IA para un desarrollo común
2026-09-29    Fuente: Centro para las Américas    Autor: DANIEL FILMUS*

LOS avances científico-tecnológicos que han ocurrido en las últimas décadas no han cumplido con la promesa de construir un mundo más igualitario, en el que la humanidad pudiera gozar de sus beneficios. Por el contrario, todas las investigaciones muestran que las brechas entre las naciones y al interior de cada una de ellas se han ampliado.

Por eso, es menester preguntarse cómo se puede lograr que el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), que representa uno de los cambios tecnológicos más profundos de la historia contemporánea, signifique una contribución sustantiva a un progreso humano capaz de proporcionar una vida digna a todos los habitantes del planeta.

 

19 de julio de 2026. Richard Sutton, galardonado con el Premio Turing, da un discurso en el Centro de Exposiciones y Convenciones de la Expo Mundial de Shanghai, durante la WAIC 2026, en Shanghai.

Un importante motor de desarrollo en la nueva era

Esta fue una de las problemáticas centrales abordadas en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (IA) 2026 (WAIC), realizada recientemente en Shanghai. Durante el evento, muchos de los principales científicos y tomadores de decisiones del mundo debatieron sobre el potencial de la IA para transformar la producción, la comunicación, la investigación científica y la prestación de servicios públicos, y para convertirse en un componente estratégico del desarrollo de los países. Al mismo tiempo, se enfatizó el rol de la IA no solo como innovación tecnológica, sino también como una herramienta que está redefiniendo las formas de producir y transmitir conocimiento, modificando las relaciones entre las culturas y planteando nuevos desafíos para la preservación de la diversidad lingüística, la identidad de los pueblos y el diálogo entre civilizaciones.

En razón de ello, la conferencia reconoció la necesidad de que el avance de la inteligencia artificial, junto con la profunda transformación de los procesos productivos y el desarrollo científico-tecnológico, respete las historias, tradiciones, culturas y sistemas sociales de cada nación para convertirse en un instrumento que favorezca una mayor inclusión.

Esta afirmación resulta particularmente relevante para los países que integran el Sur Global, especialmente para América Latina y el Caribe (ALC), una región caracterizada por una extraordinaria diversidad cultural, lingüística y étnica, pero también por profundas desigualdades en el acceso al conocimiento y a las tecnologías digitales.

Tanto el discurso inaugural del presidente Xi Jinping como los debates que tuvieron lugar en el marco de la WAIC y su declaración coincidieron con los principios planteados en los documentos sobre inteligencia artificial elaborados por la Unesco y la CEPAL.

Es verdad que la IA puede convertirse en el principal motor de una nueva etapa de desarrollo, pero, particularmente para los países de ALC, este resultado no está garantizado. El mismo depende, principalmente, de las políticas que adopten los distintos Estados. Sin estrategias activas, el resultado puede ser la profundización de las desigualdades existentes, la pérdida de soberanía, el aumento de la dependencia tecnológica y cultural y la ampliación de las brechas con las economías más avanzadas. Ahora, las políticas públicas deberán tener en cuenta que el principal recurso estratégico de la economía de la IA ya no son solo las materias primas ni el capital físico, sino el conocimiento, la información y la capacidad de las personas.

En este contexto, la educación tiene una importancia estratégica. Ninguna política de inteligencia artificial podrá contribuir al desarrollo humano si los sistemas educativos no forman ciudadanos capaces de comprender críticamente estas tecnologías, utilizarlas de manera creativa y participar activamente en su desarrollo y regulación. Del mismo modo, ninguna IA será verdaderamente inclusiva si no incorpora la riqueza cultural de los pueblos y si reproduce únicamente las perspectivas de quienes concentran el desarrollo tecnológico.

 

6 de julio de 2026. Primer Diálogo Global sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, celebrada en Ginebra, Suiza. Fotos de Xinhua

El papel de la educación

Los debates y las conclusiones de la WAIC implican importantes aportes al trabajo que hemos estado realizando desde el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI) para potenciar la contribución de la IA al desarrollo económico inclusivo y a la democratización de sus contenidos en Argentina.

Desde el CIICTI promovemos una visión de la ciencia que nos compromete con una mayor participación y nos involucra activamente en relación con los problemas que el conocimiento científico-tecnológico puede suscitar.

Este trabajo exige abordar un debate de características políticas, ya que el actual Gobierno de Argentina se opone fuertemente a la necesidad de establecer una gobernanza y una regulación global y nacional en torno a los principios éticos y los peligros que entraña el desarrollo de la IA sin ningún tipo de control. Al mismo tiempo, se niega la posibilidad de que el Estado tenga una política activa en materia de generación de infraestructura, implementación de estas tecnologías en el aparato productivo, investigación, desarrollo de contenidos y capacitación. En estos aspectos, el modelo que está siendo implementado actualmente desde el Estado deja exclusivamente en manos del mercado el desarrollo de la IA. Es por ello que la responsabilidad de garantizar un desarrollo inclusivo de la IA queda principalmente bajo la órbita de los Gobiernos provinciales y locales, las universidades, los institutos de investigación y las organizaciones de la sociedad civil.

Los estudios que hemos realizado muestran que, en Argentina, son las pequeñas y medianas empresas, que concentran más del 70 % de los trabajadores, las que muestran mayores dificultades para implementar los desarrollos innovadores de la IA en sus estrategias productivas. Son también estas empresas las que enfrentan mayores dificultades para contar con capacidad de cómputo y con profesionales y especialistas capaces de desarrollar e incorporar estas tecnologías. Las grandes empresas, por el contrario, han mostrado mucha mayor agilidad a la hora de incorporar los beneficios de la IA, en una gran cantidad de casos a partir de la compra de paquetes “llave en mano” desarrollados en países centrales o mediante la incorporación de tecnologías diseñadas en sus casas matrices. Además, la adopción de estas innovaciones se encuentra concentrada en las regiones metropolitanas, y los resultados de los estudios coinciden con las advertencias formuladas por la CEPAL respecto del riesgo de ;">Nuestras investigaciones muestran también que una de las mayores desigualdades respecto de la posibilidad de democratizar los beneficios de la IA se encuentra en la educación y en la formación de los trabajadores y de las nuevas generaciones en la alfabetización digital y en las complejas competencias que se requieren para participar de los procesos tecnológicos innovadores.

Las inequidades sociales y territoriales existentes respecto del acceso de niños y jóvenes a las tecnologías digitales en general, y a la IA en particular, son enormes. Por un lado, en un contexto en el que cerca de la mitad de los niños y jóvenes se encuentra en situación de pobreza, existen enormes diferencias materiales en cuanto al acceso a equipos y a conectividad. Por otro lado, también se pueden observar grandes desigualdades respecto de la capacidad del sistema educativo para formar docentes en condiciones de enfrentar el desafío de la introducción de estas nuevas tecnologías en el aula.

En este punto, cabe destacar que el debate educativo sobre la introducción de la IA no se limita a cómo enseñar a utilizar nuevas herramientas digitales, sino que es considerablemente más amplia. La educación debe preparar a las nuevas generaciones para convivir con sistemas inteligentes capaces de producir textos, imágenes, diagnósticos, recomendaciones y decisiones que influyen crecientemente sobre la vida cotidiana. Ello requiere desarrollar en niños y jóvenes competencias que las máquinas difícilmente puedan reemplazar: pensamiento crítico, creatividad, capacidad para resolver problemas complejos, trabajo colaborativo, juicio ético, sensibilidad intercultural, compromiso ciudadano y aprendizaje permanente.

La escuela debe, entre otros aspectos, preparar a las personas para comprender cómo funciona la IA, cómo utilizarla de manera crítica, reconocer sus límites, identificar sesgos, comprender el funcionamiento de los algoritmos y tomar decisiones éticas. Hay que tener en cuenta que la IA modifica profundamente la manera en que accedemos al conocimiento.

Si aspiramos a que los futuros ciudadanos no se limiten a ser únicamente “linkeadores”, la función del docente debe dejar de centrarse exclusivamente en transmitir contenidos para convertirse en la de un productor de conocimiento, orientador del aprendizaje, mediador cultural y formador del pensamiento crítico.

La declaración de la WAIC, en la misma dirección que las posiciones sostenidas por la Unesco, incorpora un aspecto sustantivo en relación con los contenidos con los que deben ser “formados los formadores”: el respeto a la diversidad cultural es un factor central de una inteligencia artificial que responda a los intereses y perspectivas del Sur Global y, en particular, de ALC.

Desafíos y cooperación internacional

Es por ello que el papel de las instituciones académicas y de los organismos de investigación y desarrollo es imprescindible. Tal como se planteó en la WAIC, es necesario que estos desempeñen un rol fundamental en la investigación interdisciplinaria y en el desarrollo de nuevas tecnologías nacionales, que deben ser transferidas principalmente a las pequeñas y medianas empresas; en la producción de contenidos que respeten la identidad cultural; y en la tarea de velar para que las aplicaciones de la IA estén al servicio de las necesidades del conjunto de la población, colocando en el centro de sus preocupaciones el desarrollo humano y los intereses soberanos del país.

Para que se pueda cumplir con estas tareas es imprescindible la cooperación internacional, tanto con los países e instituciones académicas de la región como con quienes integran el Sur Global. La posibilidad de aprender de la exitosa experiencia china ocupa un lugar central entre las potencialidades que presenta la colaboración conjunta, no solo porque tenemos desafíos tecnológicos comunes, sino porque además coincidimos conceptualmente en el análisis de las oportunidades y los riesgos que plantean los distintos modelos de IA. Ambos pueblos aspiran a una IA centrada en mejorar las condiciones de vida de las personas, reducir las brechas sociales y desarrollar y respetar la multiculturalidad.

La IA debe constituirse en una herramienta para lograr sociedades con mayor desarrollo y más justas. Este es el principal desafío que tenemos los países latinoamericanos. Estamos convencidos de que si, gracias a la IA aumenta la productividad de la sociedad, toda la población se vería benefeciada. Esto supone también colocar en el centro del debate cómo distribuir de manera más equitativa las ganancias derivadas del progreso tecnológico mediante una política de ingresos, un sistema tributario, inversión pública, educación, salud y otras políticas que reduzcan las desigualdades. Los desafíos planteados por la WAIC –una gobernanza global ética, con participación activa de los países del Sur Global; la promoción de un diálogo intercultural constructivo y respetuoso; y una mayor cooperación internacional– son algunas de las condiciones que permitirán que el desarrollo tecnológico de la IA contribuya a una vida más digna para todos los habitantes del planeta.

*Daniel Filmus es director del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia Tecnología e Innovación (CIICTI), de Argentina.

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