| Entrevistas |
| Más allá de las palabras | |
|
|
|
El poeta Tai Kuang. Tai Kuang, poeta chino de la generación nacida en la década de 1970 Fecha: 11 de septiembre de 2026 Lugar: Beijing, China TAI Kuang, un célebre poeta nacido en la década de 1970, investigador visitante en la Universidad de Beijing y poeta residente en la Universidad Normal de la Capital, ha publicado cuatro colecciones de poesía y ensayos. Además de los muchos premios que ha recibido, como el Premio de Literatura del Pueblo y el Premio de Poeta Joven, su poesía ha sido traducida al inglés, ruso, japonés, árabe y español, entre otros idiomas. Ad portas de su viaje a México para realizar un intercambio, Tai Kuang dio una entrevista exclusiva a la edición en español de la revista China Hoy.
Abril de 2009. Tai Kuang (quinto desde la izq.) posa para una foto con estudiantes de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing. China Hoy (CH): Su forma de escritura es muy única, no solo por su enfoque creativo sino también por la “presencia” que menciona con frecuencia. ¿Sigue siendo importante esta presencia para los creadores literarios contemporáneos? Tai Kuang (TK): La “presencia” de un poeta nunca es una declaración al estilo de una plaza ni una ola arrolladora de la época, sino que, como dijo Charles Baudelaire alguna vez, se trata de aprender a pensar entre la multitud y mirarse mientras estás mirando. Baudelaire dijo que “el observador es un príncipe que disfruta en todas partes de su anonimato”. Esta perspectiva del observador no es alienación, sino una elección deliberada de posición. El mundo de hoy está en continuo cambio, como un lío hecho un ovillo; el bien y el mal, la moral y la ética no tienen estándares establecidos. Solo al reexaminar el lugar donde vivimos desde la perspectiva de un extraño, y escribir sobre nuestra era con la claridad de un observador y el entusiasmo de un participante, podemos evitar quedar atrapados en las trivialidades de la vida; solo al poder “estar tanto dentro como fuera” podemos adquirir la habilidad de ver con claridad. La presencia del poeta no es solo la “presencia” en sí; la buena poesía debería ser un pequeño túnel brillante que conecte el pasado y el futuro, un puente entre la realidad y los sueños. Lo más importante es que la presencia nos otorga una dignidad contenida que nos permite mantener siempre una mirada de observación equitativa, objetiva y serena ante la vida: sin mirar desde arriba ni desde abajo.
Invierno de 2016. Tai Kuang (centro), junto a la poeta Lan Lan (izq.), durante el Diálogo Literario de Ambas Orillas del Estrecho, en Taipei. CH: Usted escribe sobre experiencias, sensaciones, vivencias y reflexiones. ¿Cómo organiza su propia creación poética? TK: Si la rica experiencia profesional me ha dado más experiencias de vida que a otros, solo puede significar que tengo más materias primas; pero no importa cuán abundantes sean esas materias, no son poesías. La poesía debiese ser el sedimento que queda luego de muchos años y lo que se extrae del embudo de la vida, como al extraer un puñado de sal de tres toneladas de agua de mar. En comparación con nuestra era, la poesía parece ser solo un subproducto: es una excavación parcial del tesoro de la vida, un registro y disección parcial de cierto nivel social, un testigo personal de participar en esta magnífica era. Su significado podría estar en restaurar los detalles espirituales escondidos en una pequeña parte de la historia a través de la poesía muchos años después. En mis más de 30 años escribiendo poesía, dos personas han sido las que más me han influenciado: una es Du Fu, uno de los poetas más importantes de la dinastía Tang (618-907), y la otra es Charles Baudelaire. De Du Fu, lo que siento es su corazón patriótico y su preocupación por el pueblo como describe en su poema: “¡Si tan solo pudiera construir miles, decenas de miles de grandes mansiones, para albergar a todos los eruditos pobres del mundo y regalarles sonrisas!” De Charles Baudelaire, he aprendido un método estético completamente diferente al de todo el mundo literario: apreciar la belleza juzgando la fealdad. En su obra El spleen de París, escribe: “A la montaña he subido, satisfecho el corazón. / En su amplitud, desde allí, puede verse la ciudad: / un purgatorio, un infierno, burdel, hospital, prisión. / Florece como una flor allí toda enormidad”. Estas cuatro líneas casi abarcan todas las ideas literarias e intelectuales de Baudelaire.
Octubre de 2024. Tai Kuang (primero desde la izq.) junto con el escritor luxemburgués Jean Portante (segundo desde la izq.) durante el XIII Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México. CH: Su experiencia profesional es mucho más rica que la de muchos otros creadores de su época, incluso de otros ámbitos. Para los lectores internacionales, la “concreción” en su poesía puede ofrecerles una experiencia diferente. ¿Cómo desea que se aproximen a los elementos realistas de sus obras? TK: Cada vez sospecho más si el realismo ha sido durante mucho tiempo prejuzgado y malinterpretado en China. Recuerdo que, después del terremoto que sacudió Wenchuan, en la provincia de Sichuan, en 2008, se produjeron rápidamente decenas de miles de poemas sobre el desastre, tantos que ni yo podía recordar una sola línea. En el mismo año, acompañé durante un tiempo a un grupo de voluntarios dedicados a la reconstrucción en Mianyang, Beichuan y otros lugares, entregando libros y útiles escolares a los niños de escuelas primarias en las zonas afectadas. Todavía no puedo olvidar las miradas en los ojos de los niños que perdieron a sus padres en el terremoto. Como poeta, siempre me he sentido avergonzado de haberme adentrado en las zonas de desastre sin haber podido escribir un solo poema sobre el terremoto, y aún más avergonzado por los escritos superficiales que muchos colegas hicieron a raíz del desastre. No fue hasta que apareció Crónicas de las nubes del famoso escritor A Lai que mi ansiedad se calmó, porque finalmente vi cómo debían ser las obras realistas. En esta obra, describe la decisión de los aldeanos de Yunzhong de trasladarse a otro lugar luego del terremoto. Los sobrevivientes se integran rápidamente al resto del mundo, sin querer mirar atrás. El chamán Aba regresa solo a la aldea de Yunzhong, llevando ofrendas e instrucciones de los vivos a sus seres queridos fallecidos. Obstinadamente va de puerta en puerta para consolar a las almas, y finalmente, en un deslizamiento de tierra, Aba y la aldea de Yunzhong desaparecen por completo. Esta novela me recuerda a La lluvia amarilla, del escritor español Julio Llamazares. En una aldea remota llamada Ainielle, un gran incendio destruye la aldea, y los aldeanos se marchan en busca de otros medios de vida. Solo permanece en la aldea el anciano Andrés, su esposa anciana Sabina y un perro. Al final, su esposa, incapaz de soportar la pobreza, el envejecimiento, la enfermedad y la soledad, se ahorca, dejando al anciano como la última persona de la aldea. En medio de las ruinas, en soledad y miedo, el anciano vive de sus recuerdos. En la última noche de su vida, recuerda todo su pasado: a su madre, fallecida muchos años atrás; a su hija, que murió de tuberculosis; a su hijo mayor, que murió en combate; a su hijo menor, que huyó de casa; y a los habitantes fallecidos del pueblo. Siempre he creído que una buena poesía es como una corriente cálida que fluye bajo un hielo grueso, y que un buen poeta necesita un corazón que sea a la vez suave y frío. Lo que más me importa a menudo es lo que sucede detrás de la vida, lo que sucede detrás del mundo; siempre me interesan más la noche y las partes desconocidas del mundo, aquello que permanece oculto en las profundidades del alma. Mi intención es usar la poesía para construir un mundo paralelo, que también es mi forma de entender la realidad.
Tai Kuang (segundo desde la izq.) posa para una foto junto con el Premio Nobel de Literatura Mo Yan (centro), Loenardo Kam (cuarto desde la izq.), exembajador de Panamá en China; Héctor Villagrán (cuarto desde la der.), exministro de Transporte y Obras Públicas de Ecuador; y otras personas tras un intercambio. Fotos cortesía del entrevistado CH: Pronto viajará a América Latina, un continente donde la poesía sigue estando presente. ¿Hay poetas latinoamericanos o escenas literarias en la región que admire y anhele conocer? TK: Entre muchos poetas importantes de América Latina, mis favoritos y los que me han influido más profundamente son Pablo Neruda y Octavio Paz. La obra de Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada y El laberinto de la soledad de Octavio Paz siempre han estado en mi escritorio. Si en Alturas de Macchu Picchu, de Neruda, encuentro una exploración poética sobre la vida, la tierra y las civilizaciones antiguas de América en medio de ruinas montañosas, en Piedra del sol, de Paz, descubro un crisol filosófico en el que se funden las culturas de Oriente y Occidente. Como uno de los primeros poetas latinoamericanos en traducir poemas clásicos chinos al español, Octavio Paz tradujo obras de Du Fu, Wang Wei, Su Shi y otros poetas, lo que pudo contribuir a la transformación de su estilo poético, que pasó de la verbosidad a la claridad. Durante mi visita a Ciudad de México hace dos años, subí a la cima de la Pirámide del Sol en Teotihuacán y contemplé de cerca la Piedra del Sol, símbolo de la cultura mexicana, en el Museo Nacional de Antropología. Entonces, sentí que había encontrado otra clave secreta para interpretar Piedra de sol, de Paz. A partir de ella, se pueden descubrir muchos paralelismos entre la civilización maya y la de Sanxingdui, en la actual provincia de Sichuan. En realidad, no hay nada sorprendente en esto: aunque ambas civilizaciones estaban sumamente alejadas entre sí, la imaginación que despiertan en los seres humanos el firmamento, la vida y la muerte es similar, y su poesía es la misma. CH: En Cantos a las tres de la madrugada, los distintos rostros de la vida se reúnen en torno a una misma mesa para compartir una comida, para luego dispersarse por el mundo. Hoy, sus obras también han sido traducidas a otros idiomas. A su juicio, ¿existe una relación entre el valor de la poesía y su difusión? TK: Cantos a las tres de la madrugada es una de mis primeras obras representativas y revela lo esencial de mi escritura. Durante estos 22 años, ha sido incluido en diversas antologías, han aparecido decenas de artículos de análisis sobre él y ha sido traducido a múltiples idiomas. Creo que esto no se debe a que el poema fuera técnicamente poco convencional, sino a que logra captar un corte transversal auténtico de las ciudades chinas en periodo de transformación. Este poema revela la vida cotidiana, los encuentros y desencuentros del ser humano en el mundo, transmite calidez y llega al corazón de las personas. En los últimos años, algunos de mis poemas han sido traducidos, han cruzado las fronteras geográficas y han comenzado a ser leídos por lectores extranjeros. A mi entender, cada traducción es una metamorfosis de la crisálida lingüística: en este proceso hay pérdida de información y también lecturas erróneas por parte de los traductores, pero la emoción poética permanece intacta. No puedo evitar recordar una tarde hace muchos años, cuando escuché al poeta sirio Adonis recitar sus poemas en su lengua materna en el bar La Historia Vieja, cerca de la cuarta circunvalación de Beijing. Afuera caían copos de nieve, y adentro la voz de Adonis sonaba pausada y melancólica. No entendía ni una sola palabra, pero parecía haberlo comprendido todo. Pues, estoy convencido de que la buena poesía puede derribar la barrera del lenguaje para ser escuchada y vista por el mundo; esa es, quizás, la magia de la poesía. |
|
||
|
|