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Xu Zechen, escritor y director de la revista Literatura del Pueblo Fecha: 18 de septiembre de 2026 Lugar: Beijing, China PARA Xu Zechen (Donghai, 1978), escritor y director de la revista Literatura del Pueblo, América Latina dejó hace tiempo de ser una tierra lejana. Desde sus años universitarios, cuando descubrió a Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges, hasta sus posteriores visitas a diversos países de la región, la literatura latinoamericana y su encuentro con ese mundo fueron dejando huellas en sus lecturas, su escritura y sus reflexiones, llevándolo también a replantearse los límites de la literatura. Ante una globalización que ha ido estrechando cada vez más las distancias y una literatura en la que las voces tienden a parecerse, el escritor chino reflexiona sobre cómo afirmar la singularidad de la literatura china sin renunciar al diálogo con lo universal. En torno a estas reflexiones, China Hoy conversó con Xu Zechen sobre la literatura china, América Latina y la búsqueda de una voz propia.
Julio de 2026. Xu Zechen durante la 30.a Feria Internacional del Libro de Lima. China Hoy (CH): La frase “El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, figura como uno de los epígrafes de apertura de su novela Hacia el norte (Beishang), galardonada con el X Premio de Literatura Mao Dun. ¿Por qué la eligió? Xu Zechen (XZC): Conocí su obra cuando era muy joven y esta frase en particular siempre me ha resultado especialmente sugerente. Hacia el norte narra un episodio histórico, y cuando volvemos la mirada sobre el pasado, descubrimos que la historia parece repetirse una y otra vez. Lo ocurrido entonces puede seguir proyectando su influencia sobre el presente. Por eso, me pareció que esta frase dialogaba de algún modo con la novela desde sus primeras páginas.
Julio de 2026. Xu Zechen junto a una estatua de Cervantes en Lima. CH: Hacia el norte adopta una estructura narrativa que entrelaza el pasado y el presente, con ciertas afinidades con la concepción no lineal del tiempo y el espacio que encontramos en la obra de muchos escritores latinoamericanos. ¿Cómo interpreta usted estas similitudes? XZC: He viajado muchas veces por América Latina; este año, de hecho, estuve en Perú y Panamá, y anteriormente había visitado México, Chile, Argentina, Colombia y Cuba, entre otros países. Lo que más me ha impresionado de estos viajes ha sido descubrir cuántas afinidades existen entre las culturas tradicionales de América Latina y la china. Por ejemplo, en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, los personajes pueden transitar libremente entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre los seres humanos y los fantasmas, entre este mundo y el más allá. En este sentido, la novela guarda una gran semejanza con Cuentos extraños de un estudio chino, de Pu Songling (1640-1715). Hace poco se me ocurrió una idea bastante interesante: en Cuentos extraños de un estudio chino, la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se cruza con una naturalidad y una fluidez tales que, en este aspecto, la obra va incluso más lejos que Pedro Páramo, y todo ello tres siglos antes de que Juan Rulfo escribiera su novela. A partir de ahí, me pregunté por qué esta forma de traspasar las fronteras entre el mundo de los vivos y el de los muertos resulta tan natural en los cuentos de Pu Songling. Llegué a una posible conclusión de que, en el caso de Juan Rulfo, este recurso fue ante todo una creación personal del escritor, mientras que alrededor de 150 o 160 relatos de Cuentos extraños de un estudio chino proceden de la literatura oral y de las leyendas populares. Estas historias llevaban generaciones circulando en la tradición popular y, al pasar de boca en boca, se fueron puliendo y enriqueciendo con el tiempo, hasta formar un trasfondo de conocimiento compartido. Para los lectores de aquella época, estos cambios de un mundo a otro probablemente formaban parte, desde el principio, de una manera de narrar que les resultaba familiar.
9 de junio de 2026. Xu Zechen participa en una tertulia con lectores organizada por el Instituto Confucio de Barcelona, España. CH: ¿Qué otros escritores latinoamericanos han influido en su forma de escribir o en su concepción de la literatura? XZC: Los primeros fueron, sin duda, Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges. Por aquel entonces acababa de entrar en la universidad y en la biblioteca había varias recopilaciones de cuentos y relatos de ambos escritores. Había un libro que me gustaba especialmente, tanto que me resistía a devolverlo. Cuando se venció el plazo del préstamo, todavía quería quedármelo, y un compañero me dijo que podía decirle a la biblioteca que lo había perdido y pagar la indemnización correspondiente, según el reglamento. Así que fui a la biblioteca y dije que había perdido el libro. Para mi sorpresa, cuando lo comprobaron, descubrieron que era una edición antigua de la década de 1980 y que no podía indemnizarse como un libro corriente: tenía que pagar diez veces su valor. En aquel momento no tenía tanto dinero, así que al final tuve que pedir dinero prestado para poder pagar la indemnización. Fue por entonces cuando empecé a leer a García Márquez y, más adelante, Cien años de soledad. Bajo su influencia, la primera novela que escribí, Un edifico a medio terminar, también adoptó una forma de escritura cercana al realismo mágico. En aquella época, todas las noches me escondía bajo las mantas para escribir, y terminé acumulando más de 40.000 caracteres. Después, por diversas razones, dejé de escribirla, pero nunca descarté la posibilidad de retomarla algún día. El realismo mágico me hizo descubrir que la literatura podía ir mucho más allá de lo que hasta entonces habíamos imaginado. De alguna manera, ensanchó los límites de lo que entendíamos por la literatura y abrió nuevas posibilidades para la creación.
Junio de 2026. Xu Zechen en una calle de Madrid. Fotos cortesía del entrevistado CH: Este año fue publicada su colección de cuentos Historias del extrarradio en español, mientras que antes de ello su novela Sobreviviendo en Beijing también fue traducida al español. Ambas obras tienen como telón de fondo la vida de los trabajadores migrantes que llegan a la capital china en busca de oportunidades. ¿Por qué cree que estas dos obras fueron las primeras en llegar al mundo hispanohablante? XZC: Ambas obras son relativamente breves, por lo que su traducción y publicación resultaban menos costosas y, en consecuencia, era más fácil que despertaran el interés de las editoriales de otros países y fueran publicadas. Sobreviviendo en Beijing tuvo una buena acogida en México. Cuando la escribí, quería captar cómo era Beijing alrededor de 2005. Hoy hay quienes consideran que el México actual se asemeja en muchos aspectos al Beijing de hace 20 años: la vida cotidiana de muchas personas y el paisaje social presentan bastantes similitudes con los de aquella época. Por ejemplo, Liljana Arsovska, sinóloga de El Colegio de México y traductora de esta obra al español, me dijo que, si se hubiesen cambiado los nombres chinos de los personajes por nombres mexicanos y algunos topónimos chinos por nombres de lugares de México, la novela podría haberse convertido perfectamente en una historia mexicana. Esto permite ver cómo, en su proceso de desarrollo, distintos países pueden llegar a vivir etapas muy similares. CH: Usted ha hablado en varias ocasiones de que la globalización podría llevar a una progresiva homogeneización de las literaturas de diferentes países. Pero, al mismo tiempo, una obra que haga demasiado hincapié en su identidad local puede encontrar dificultades para ser comprendida por otras culturas. Desde su punto de vista, ¿cómo deberían los escritores chinos abordar la relación entre lo “chino” y lo “universal” en la literatura? XZC: Creo que es algo parecido a las relaciones entre las personas. Es cierto que cada persona debe tener su propia individualidad, pero si no hay nada que nos una, resulta difícil comunicarnos con los demás. Por el contrario, si dos personas son exactamente iguales, tampoco habría mucho que intercambiar. Esta misma cuestión se plantea hoy para los escritores de cualquier país en un mundo cada vez más globalizado. La globalización ha hecho que las sociedades estén cada vez más conectadas y que, al mismo tiempo, sus formas de vida y sus experiencias se parezcan cada vez más. La literatura difícilmente puede permanecer al margen de este proceso y corre también el riesgo de volverse homogénea. Por eso, si antes hablábamos de “buscar lo común preservando las diferencias”, hoy quizá tengamos que ir un paso más allá: no solo buscar aquello que compartimos, sino también esforzarnos por descubrir y desarrollar aquello que nos distingue, partiendo de unas experiencias comunes cada vez más amplias. Pero, ¿de dónde viene aquello que nos hace diferentes? Para un escritor, nace ante todo de su propia personalidad. Y, cuando hablamos de los escritores de un país o de una cultura, también hay que volver la mirada hacia su propia historia y su propia cultura, y buscar en las tradiciones que han ido pasando de una generación a otra aquello que las hace únicas. CH: ¿Cuál cree que es el rasgo más distintivo de la literatura china en comparación con la literatura de otros países? XZC: Siempre he pensado que hay una diferencia importante entre nuestra literatura y la literatura occidental. Desde que la novela moderna occidental llegó a China, nuestra literatura ha ido dando cada vez más peso a las técnicas narrativas y a la reflexión, y ha vuelto también la mirada hacia el interior, hacia el mundo íntimo y la experiencia individual de cada persona. En cambio, la novela tradicional china dedica relativamente poco espacio a describir de forma directa la vida interior de los personajes. Se centra más bien en la vida cotidiana, el entorno social y las relaciones entre las personas. Pero la vida exterior y el mundo interior no están desconectados; todo lo contrario: la vida exterior es también un reflejo de lo que ocurre en el interior de una persona, y cuando ese mundo interior cambia, esos cambios terminan manifestándose en sus palabras y en sus actos. Por eso, la literatura tradicional china quizá tienda más a mostrar a los personajes a través de lo que los rodea, mientras que la literatura occidental suele explorar directamente su mundo interior. Si quisiéramos establecer una comparación, la pintura tradicional china recurre al espacio en blanco: una pequeña barca, una figura humana, y ni siquiera es necesario dibujar las ondas del agua para hacernos sentir la inmensidad de un paisaje acuático. La pintura occidental, en cambio, quizá tienda más a representar directamente los detalles que tenemos delante. En el fondo, son dos maneras distintas de expresar y representar el mundo, y no por ello podemos decir que una sea más moderna que la otra. A partir de Lu Xun y su Diario de un loco, la literatura china ha ido incorporando cada vez más recursos de la narrativa moderna occidental, los cuales nos resultan ya muy familiares y eficaces para abordar la vida contemporánea. Pero detrás de esta tendencia subyace también una determinada idea de lo que debe ser la literatura moderna: a menudo damos por sentado que una buena novela moderna ha de seguir los modelos de la narrativa occidental. Sin embargo, apartarse de los modelos de expresión occidentales no significa renunciar a la modernidad; puede haber otras maneras de vivirla y de expresarla literariamente. Por eso, no estoy diciendo que debamos recurrir a la literatura tradicional china para cuestionar los modelos de la literatura occidental. Lo que debemos hacer es recuperar y revitalizar aquellos recursos de nuestra tradición literaria que siguen teniendo vigencia, adaptarlos al presente y devolverlos a la vida contemporánea. Por ejemplo, el reconocido pintor chino Xu Beihong incorporó a sus representaciones de caballos el sentido del volumen y los recursos de la pintura occidental, pero sus obras conservan una marcada sensibilidad estética china. Otro ejemplo es el célebre fotógrafo Lang Jingshan, quien se sirvió de la fotografía moderna para trasladar a sus imágenes la atmósfera de la pintura tradicional china de paisajes. La modernidad de las técnicas y de los recursos empleados no hizo desaparecer la identidad cultural de su obra; al contrario, abrió nuevas posibilidades para la expresión de la estética tradicional. |
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