| Análisis |
| China tiende a solucionar disputas por vía multilateral y pacífica | |
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El pasado 3 de enero, fuerzas militares estadounidenses lanzaron un ataque contra varios puntos de Venezuela, entre ellos Caracas, la capital, y capturaron al presidente Nicolás Maduro. La intervención militar unilateral de Estados Unidos en Venezuela ilustra la reconfiguración del orden global actual y los cambios de las reglas del juego impuestas por el Gobierno del presidente Donald Trump. Por una parte, desde una perspectiva hiperrealista, la política exterior de Trump rompió con objetivos tradicionales y recurrentes de Estados Unidos como la defensa y la promoción de los derechos humanos, la democracia y la libertad para transitar hacia una política que pone en el centro la defensa de sus intereses nacionales, sin importar el signo político-ideológico con del Gobierno con quien interactúe o tenga intenciones de ejecutar mecanismos de presión. Por otra parte, la intervención militar estadounidense en Venezuela también es la continuidad de la política exterior neoimperialista (Make America Great Again-MAGA) para la proyección de poder y de liderazgo en su zona “natural” de influencia, recalibrando sus prioridades estratégicas delimitadas en el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico. Además de que esto le podría ayudar a Trump a corto plazo para su base de poder interno, aunque es muy temprano para proyectar y saber el costo y los beneficios políticos que se reflejarán en las próximas elecciones de medio mandato en noviembre de 2026. En cambio, la política de no interferencia de China es un instrumento político que guía las acciones diplomáticas y de seguridad realizadas por los órganos del Partido Comunista de China (PCCh) y del Estado para lograr sus objetivos estratégicos de desarrollo nacional. Sin duda, el tema de seguridad en las vinculaciones de América Latina y el Caribe (ALC) con Estados Unidos y China ha creado una nueva disyuntiva al escalar las fricciones. La securitización de la política exterior antinarcóticos de Estados Unidos hacia China, México, Venezuela, Colombia —próxima a tener elecciones presidenciales en mayo de 2026— y Cuba pone en riesgo la regionalización del conflicto hacia uno militar y, quizás, global. Probablemente, esté a punto de ser un fenómeno de seguridad internacional. La intervención estadounidense en Venezuela, justificada originalmente desde 2020 por el supuesto liderazgo del presidente Nicolás Maduro como el líder del Cartel de los Soles, y ya en 2024, declarado como una organización narcoterrorista, parece tambalear cuando no se ha encontrado bases sólidas para su ejecución. El 23 de octubre de 2024, en un entorno cada vez más crispado y perplejo, Trump aseguraba que “China está traficando fentanilo por medio de Venezuela para evitar los puertos de Estados Unidos y México”. Lo que ya mostraba un claro endurecimiento de su política exterior antinarcóticos. La narrativa antinarcóticos de Trump pone a la par y bajo la misma responsabilidad a China, México y Venezuela resultado de la crisis de fentanilo en Estados Unidos. Un ejemplo de ello es la designación del Departamento de Estado estadounidense a El Tren de Aragua como una organización terrorista extranjera en febrero de 2025, acusándolo de tráfico de drogas. Washington tiene toda su atención hacia ALC, pero no por las mejores razones, siendo desfavorable para los intereses de la región. Así pues, se abre la puerta a incursiones o amenazas constantes de intervenciones directas del ejército estadounidense en ALC ante la erosión del multilateralismo y de la evanescencia de los mecanismos de gobernanza y cooperación internacionales enmarcados en el derecho internacional que sostienen el orden global liberal. Prueba de ello es que, los espacios multilaterales regionales e internacionales siguen evidenciando su pasividad. Pese a los espacios multilaterales latinoamericanos imperfectos, la agudización de la crisis venezolana es una oportunidad para que China y ALC refuercen sus lazos de cooperación e instrumenten mecanismos de vanguardia en torno al tema de seguridad transnacional en el Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a fin que también este espacio sea solucionador de problemas de orden político y seguridad. A manera de ejemplo, el tercer “Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe”, publicado el 10 de diciembre de 2025, por el interés inmediato a nivel regional del ámbito de seguridad, en el apartado del “Programa de la paz” menciona que uno de sus objetivos es implementar la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG), en la cual “China está dispuesta a trabajar con los países de ALC para adherirse al concepto de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible, coordinar el desarrollo y la seguridad, materializar mancomunadamente la ISG, y llevar a cabo intercambios y cooperación en el ámbito de la paz y la seguridad, y promover conjuntamente la paz y la estabilidad regionales y mundiales”. Además, “aboga por la solución pacífica de las disputas internacionales y las cuestiones candentes, y se opone a recurrir arbitrariamente al uso o la amenaza del uso de la fuerza”. Aunque no menciona la lucha contra los precursores químicos para la elaboración del fentanilo ilegal y más, destaca su compromiso por “combatir juntos amenazas de seguridad no tradicionales como los crímenes transnacionales y el terrorismo. Profundizar la cooperación en la aplicación de la ley antidrogas y combatir conjuntamente el tráfico de drogas”. En este sentido, invitó a los países de ALC a asistir al Foro de Cooperación Global de Seguridad Pública en Lianyungang, provincia de Jiangsu, debido que a su política antinarcóticos se enfoca a una cuestión de seguridad pública y no militar. Para reforzar este combate, destaca la ampliación de la cooperación en materia de la lucha contra la corrupción, el lavado de dinero y los flujos financieros ilícitos, así como la repatriación de fugitivos y la recuperación de fondos robados. En Venezuela, China sabe bien que tendrá que dialogar y negociar con los actores políticos emergentes, como sucedió el 8 de enero en la reunión que sostuvo el embajador de China en Venezuela, Lan Hu, con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. La portavoz china del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning afirmó que: “No importa cómo evolucione la situación política en Venezuela, la disposición de China de profundizar la cooperación pragmática con el país en diversos campos y promover el desarrollo común se mantendrá sin cambios”, sin duda, con la previsión de distintos escenarios para mantener canales abiertos de interlocución y mostrar su compromiso. De una forma u otra, China tratará de mantener una postura de no intervención, pero en lo multilateral, quizás, sí presione para contener las aspiraciones y las acciones hegemónicas de Estados Unidos. Con todo y que China busca asegurar un nuevo equilibrio de poder con aquellos países que considera socios estratégicos del Sur Global que se oponen al hegemonismo, el unilateralismo y a la formación de bloques y pequeños círculos excluyentes contra ella, también tiene una visión realista de lo complejo y difícil de la conciliación de intereses entre los países de ALC en torno a la situación venezolana por ello pone en práctica su pragmatismo estratégico. China tiende a preferir la solución de disputas por la vía multilateral y es reacia a aceptar la imposición de sanciones o deponer regímenes políticos por medio de la fuerza o incursión armada. En este sentido, la actuación de China en ALC es pragmática y realista que puramente idealista, lo que le ha permitido demostrar su capacidad de alcance y movilización, contribuyendo a contener impulsos intervencionistas y presionar para abrir canales de diálogo y negociación. En suma, la vocación pacifista de la política exterior de China podría contribuir a estabilizar a Venezuela, tomando distancia de la política intervencionista estadounidense, para aprovechar las ventajas y los beneficios que la asociación estratégica sino-venezolana y su relación con ALC ofrece a medio y largo plazo al proyectarse como una superpotencia con responsabilidad global. *Tonatiuh Fierro es profesor visitante del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados “Ignacio Manuel Altamirano” (IIEPA-IMA) de la Universidad Autónoma de Guerrero, México. |
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