Análisis
China y AL urgen ampliar la cooperación
2026-01-13    Fuente: Centro para las Américas    Autor: DEMÉTRIO TOLEDO*

La aplicación de la Doctrina “Donroe” por parte de Estados Unidos en Venezuela tiene implicaciones globales significativas. La Doctrina “Donroe” es una fusión de la Doctrina Monroe de 1823 (que declara que el hemisferio occidental es una zona de influencia exclusiva de EE. UU. cerrada a cualquier nación extrahemisférica) con el Corolario Roosevelt/Big Stick de 1904 (en el que EE. UU. se atribuía el derecho a intervenir militarmente en cualquier nación de América Latina), sumado al total desprecio de Trump por el derecho internacional y el derecho de los pueblos a la soberanía y la autodeterminación, en un contexto de declive acelerado y aparentemente irreversible de la hegemonía estadounidense.  

La Doctrina “Donroe” inaugura una nueva fase en la historia del sistema internacional, caracterizada por un imperialismo neocolonialista que prescinde de la hipocresía y el disfraz bajo supuestas razones nobles. 

Para comprender el contexto más amplio de la acción de EE. UU. en Venezuela, es esencial reconocer que Estados Unidos está, fundamentalmente, emprendiendo una guerra geoeconómica proxy/por delegación contra China en América Latina.  

Esta no es la primera ni será la última acción de esta guerra por parte de EE. UU. contra China en la región. Las tensiones creadas por EE. UU. a lo largo de 2025 debido a las inversiones chinas en la infraestructura relacionada con el Canal de Panamá ya indicaban lo que estaba en juego para la política hemisférica de Trump: expulsar a China de América Latina. 

El ataque a Venezuela evidencia este objetivo y explicita las implicaciones más amplias de la Doctrina “Donroe”, confirmando que se trata de una guerra geoeconómica proxy/por delegación de EE. UU. contra China. 

Para Estados Unidos, América Latina no es más que un “patio trasero” del cual EE. UU., pretende extraer recursos naturales: no solo petróleo, sino también minerales estratégicos y críticos. La región posee algunas de las mayores reservas mundiales de estos minerales. Brasil, por ejemplo, tiene la segunda mayor reserva de minerales de tierras raras del mundo, superado solo por China. Venezuela, a su vez, es extremadamente rica en recursos minerales como petróleo, oro, hierro, bauxita y tierras raras. Por ello, EE. UU., después de décadas ignorando la relevancia estratégica de la región, ahora intenta desplazar geoeconómicamente a China de América Latina y ocupar su lugar. 

Sin embargo, esta “tarea” no será fácil, principalmente porque América Latina ha recibido con los brazos abiertos tanto el comercio como las inversiones chinas. La región necesita desesperadamente inversiones en infraestructura e industria, y es China, y no EE. UU., quien ha provisto estos recursos, fundamentales para el desarrollo económico y social de nuestros países. Un ejemplo elocuente es el caso de Ford, que cerró sus operaciones en Brasil en 2021, después de 102 años de actividad. Desde entonces, tres empresas chinas – Great Wall Motor, Cherry y BYD – están produciendo vehículos eléctricos en Brasil, y BYD adquirió una de las antiguas fábricas de Ford en el noreste del país para instalar su operación. 

Por ello, China ha sido indispensable para la región en los últimos veinte años, a diferencia de EE. UU. Esto tiene dos implicaciones importantes: por un lado, los países de América Latina resistirán ferozmente las presiones políticas y económicas de EE. UU. para disminuir los lazos comerciales y de inversión con China; por otro lado, sin embargo, como las presiones económicas y políticas de EE. UU. tienden a no obtener los resultados deseados, es muy probable que Estados Unidos recurra cada vez más al uso de la fuerza para lograr sus objetivos. 

Las relaciones entre China y América Latina (AL), que en los últimos años han alcanzado el nivel más alto en términos económicos, políticos y de amistad entre los pueblos, enfrentan, por lo tanto, un adversario formidable: un imperialismo neocolonialista estadounidense que demuestra total desprecio por el derecho internacional y que ofrece a ALC solo desprecio por sus soberanías y por el derecho inalienable de los pueblos a la autodeterminación, desprecio que se manifiesta en el uso ilegal de la fuerza militar contra los países de la región. 

En este contexto, China y las naciones latinoamericanas necesitarán no solo profundizar sus lazos económicos, políticos y de amistad, sino también ampliar la cooperación, sobre todo en áreas como la reindustrialización, la ciencia, tecnología y la innovación, y el intercambio entre personas (P2P).  

Esta cooperación será fundamental para hacer frente a la guerra geoeconómica proxy/por delegación que EE. UU. está emprendiendo contra China en la región, y que tendrá a los países de América Latina como los más perjudicados.  

Los países de América Latina cuentan con China como socio para el desarrollo y la construcción de un mundo basado en los mismos principios que Zhou Enlai presentó en 1954 (Cinco Principios de Coexistencia Pacífica) y que forman la base de las relaciones de solidaridad entre los países del Sur Global.  

América Latina y China necesitan, por lo tanto, reforzar lo que ya funciona y crear una nueva estrategia de prosperidad y futuro compartidos acorde con los grandes cambios que está experimentando el sistema internacional. 

*Demétrio Toledo es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de ABC (UFABC) de Brasil.

Sugerencias relacionadas
Quiénes somos Contáctanos
Socios: China.org.cn   |   China Today   |   China Pictorial   |   People's Daily Online   |   Women of China   |   Xinhua News Agency   |   China Daily
CGTN   |   China Tibet Online   |   China Radio International   |   Global Times   |   Qiushi Journal
Copyright Chinatoday Paper Subscriptions 京ICP备10041721号-4