Análisis
¿Latinoamérica como nuevo Medio Oriente?
2026-01-29    Fuente: Centro para las Américas    Autor: EVANDRO MENEZES DE CARVALHO*

EN noviembre del año pasado, Estados Unidos dio a conocer su más reciente Estrategia de Seguridad Nacional, que anuncia el “corolario Trump” a la doctrina Roosevelt de 1904. De esta forma, Trump está resucitando la diplomacia del Gran Garrote (Big Stick), formulada por Theodore Roosevelt y aplicada en América Latina, la cual podría presionar a los países latinoamericanos, particularmente aquellos del Mar Caribe con una intervención armada. 

En el “corolario Trump”, Estados Unidos proclama: “queremos un hemisferio que permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos importantes, y que apoye las cadenas de suministro críticas, y queremos garantizar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. La paradoja central de esta nueva doctrina reside en el hecho de que Estados Unidos denuncia precisamente el tipo de comportamiento geopolítico que acaba de practicar en Venezuela. 

7 de enero de 2026. Personas en una marcha y manifestación en Caracas, la capital de Venezuela.

Fue impactante ver la tranquilidad con la que Estados Unidos realizó el ataque al territorio venezolano y capturó al presidente del país sudamericano, Nicolás Maduro. El mensaje del Gobierno de Trump al resto de países de América Latina es inequívoco y revela los límites contemporáneos de la soberanía regional ante una hegemonía que ya no disimula su nueva modalidad de intervención. ¿Hemos vuelto a la era de la colonización, en la que el derecho internacional no puede hacer nada contra la fuerza? 

Hay al menos dos cuestiones que deben tener en cuenta los responsables de la formulación de políticas exteriores de los países latinoamericanos. La primera es la siguiente: ¿Podría América Latina, en el pensamiento estratégico de Estados Unidos, convertirse en una prioridad geopolítica con dinámicas similares a las que transformaron Medio Oriente en una zona de intervención constante? Las estructuras históricas, culturales y económicas entre las regiones son diferentes. Sin embargo, la lógica de la hegemonía estadounidense, su dependencia del control de los recursos estratégicos y su preocupación por las potencias rivales crean paralelismos cada vez más visibles que merecen la atención de los gobernantes latinoamericanos. 

Medio Oriente se ha convertido en un elemento central de la política exterior estadounidense durante décadas debido, entre otras razones, a la seguridad del petróleo y la energía, los puntos estratégicos del estrecho de Ormuz y el canal de Suez, y la contención de potencias rivales. El resultado ha sido una región bajo constante presencia militar estadounidense, intervenciones, golpes de Estado, sanciones y conflictos por poder. Si miramos a América Latina, vemos que Venezuela posee la mayor reserva de petróleo del mundo, está a pocas horas de las rutas del Golfo de México, el Caribe y la costa atlántica, y está muy cerca del Canal de Panamá, ruta vital para el comercio mundial. América Latina posee aproximadamente el 60 % de las reservas mundiales de litio, destacando Bolivia, Chile y Argentina. El litio es esencial para las baterías de los vehículos eléctricos y las tecnologías críticas de defensa. Chile es el mayor productor mundial de cobre y Perú ocupa el tercer lugar. El cobre es esencial para la transición a la energía limpia y la electrificación a gran escala. En cuanto a los elementos de tierras raras utilizados en aviones de combate, misiles, sistemas de radar, etc., Brasil posee una de las mayores reservas y se encuentra entre los cinco primeros del mundo en yacimientos sin explotar, a lo que se suma también las mayores reservas de uranio de América Latina. 

14 de enero de 2026. La población participa en una manifestación en Caracas, Venezuela, para protestar contra los ataques militares lanzados por Estados Unidos a Venezuela. Fotos de Xinhua

Sin embargo, es China quien actualmente lidera el procesamiento y refinado global de estos minerales, para lo cual ha ampliado significativamente sus relaciones económicas con los países latinoamericanos. Garantizar cadenas de suministro fuera de China se ha convertido en una prioridad industrial central de Estados Unidos. La competencia china en la región latinoamericana incomoda a los estadounidenses, lo cual explica el renovado interés geopolítico de Estados Unidos en América Latina. 

Ante este escenario, las otras incógnitas que se imponen son las siguientes: ¿Todavía hay espacio para la ambigüedad estratégica en la diplomacia de los países latinoamericanos en su relación con China y Estados Unidos, o ya estamos pagando el precio de ella? ¿Cuál es el costo oculto de esta ambigüedad? ¿Esta ambigüedad nos protege o ya está comenzando a cobrar su precio? 

La configuración tradicional del poder estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, marcada por una combinación de defensa del multilateralismo e intervenciones indirectas destinadas a moldear los regímenes políticos en el extranjero, ha sufrido un cambio significativo en la Administración Trump. El patrón histórico de influencia ejercida a través de operaciones encubiertas, presiones diplomáticas y alianzas asimétricas ha sido sustituido por una estrategia de actuación directa, caracterizada por el uso explícito de instrumentos coercitivos, incluyendo posibles intervenciones militares, detenciones extraterritoriales y acciones de ocupación. 

Debemos tener claro que la disputa que se presenta ante el mundo no es entre democracias y autocracias, como quieren hacer creer los liberales estadounidenses, sino entre el unilateralismo armado de Estados Unidos, apoyado por un bloque de Estados satélites, y el multilateralismo soberano emergente, que encuentra su expresión más evidente en el Sur Global. La democracia militarizada de Estados Unidos constituye una amenaza para el sistema internacional, por lo que es imperativo un movimiento global de reconstrucción de la soberanía estatal y del multilateralismo de la ONU. Cuanta más ambigüedad haya en la toma de posición sobre esta cuestión, más fuerte será Estados Unidos a la hora de recrudecer la aplicación del “corolario Trump” e imponer su voluntad.

*Evandro Menezes de Carvalho es editor jefe de la edición en portugués de la revista China Hoy, profesor asociado de la Universidad Federal Fluminense (UFF, Brasil) y profesor de Derecho Internacional de la Fundación Getulio Vargas (FGV, Brasil). 

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