Bajo su nueva concepción de desarrollo de alta calidad, sustentada en el impulso de un progreso económico y social de excelencia, China registró en los últimos años, y particularmente en 2025, sólidos avances en su modernización. Estos se reflejan, por ejemplo, en el aumento de los ingresos de la población a la par del crecimiento económico y en los resultados de la innovación científico-tecnológica que han colocado a este país en los primeros sitios del mundo.
Y no es para menos, en 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) de China creció en 5,4 %, lo que demuestra la fortaleza de una economía con estabilidad y progreso. Ese mismo año, el país destinó 2,8 % de su PIB a investigación y desarrollo (I+D), lo que explica también la importancia de la innovación científica-tecnológica en la política china de desarrollo, en el avance de su industria y en el desarrollo de la inteligencia artificial en múltiples ámbitos como la biomedicina y la robótica.
El innegable avance de China, también en el rubro social —que le permitió en 2025 beneficiar a más de 30 millones de neonatos y niños mediante el sistema de subsidio para la crianza infantil— resulta aún más destacable si se considera la compleja situación de la economía y el comercio internacional y, sobre todo, el impacto de los aranceles adicionales impuestos por Estados Unidos en su afán por frenar la creciente presencia china en el mundo.
Un acierto de China, sin embargo, ha sido el diseño y fortalecimiento de nuevas medidas para estabilizar su economía de cara a estos fuertes retos.
La estrategia para lograr el desarrollo de alta calidad ha sido aparentemente sencilla, pero de gran alcance, según los puntos expuestos por el primer ministro del Consejo de Estado, Li Qiang, en el Informe sobre la Labor del Gobierno ante la IV Sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional: explotar a plenitud el potencial de la economía; apoyo en términos de políticas y reforma e innovación simultáneos; economía flexible y controlable; perseverar en la estrecha combinación de la inversión en bienes materiales y en las personas y, ejercitar arduamente las capacidades intrínsecas para afrontar los desafíos exteriores.
La mejor estrategia del Gobierno de China, sin embargo, ha sido el reconocer que la modernización del país es “una de prosperidad común de todo el pueblo” y que, tanto el diseño como la aplicación de sus políticas tienen como objetivo central el garantizar al pueblo chino empleo, ingreso, asistencia médica, educación, vivienda, un medio ambiente sano y cuidados a poblaciones vulnerables, es decir, mejores condiciones de vida.
*Teresa Rojas es periodista mexicana.