Análisis
El ejemplo de China para América Latina
2026-06-30    Fuente: Centro para las Américas    Autor: NÉSTOR RESTIVO*

PARA cualquier Gobierno en cualquier país, dirigir a la sociedad hacia una vida sin pobreza debería ser un cometido prioritario. Aunque parece una obviedad, no siempre ocurre. Esto es especialmente cierto en el caso de los gobernantes que pregonan al “mercado” como el mejor asignador de recursos, cuando la realidad es que no existe tal institución inocua, sino que, por el contrario, algo que no es nada abstracto y que, en manos de las grandes corporaciones, nunca va a preocuparse por el bien común antes que por la codicia. 

12 de diciembre de 2025. Zhang Guihua (tercera desde la der.), secretaria del Partido de la aldea de Sunzigou, hace una transmisión en vivo con algunas mujeres locales para promocionar y vender naranjas desde un huerto de la aldea del distrito de Cangxi, provincia de Sichuan. 

Pero una vez que el foco está puesto en la justicia y el ascenso social, lo que va de la mano es la modernización y, como dicen en China, la revitalización. Porque el alivio de la pobreza es, además de un imperativo moral -más aún con todos los avances e inventos de los que fue capaz la humanidad a lo largo de tantos siglos, los cuales lo hacen más que posible-, un catalizador del desarrollo y de la rueda que activa la economía y retroalimenta la posibilidad de vivir una vida con las necesidades básicas y algunas más satisfechas. Esto debe ser así para toda la sociedad, y no solo para unos pocos. 

Cuando el Banco Mundial reconoció que la República Popular China había sacado de la pobreza a 800 millones de personas tras su proceso de reforma y apertura, y cuando el Gobierno de Xi Jinping anunció que ya no había ningún ciudadano chino que viviera en la indigencia o en la pobreza absoluta, el mundo fue testigo de una hazaña fenomenal. Como no podía ser de otro modo, fue el Estado el que condujo ese proceso, de la mano del liderazgo político comprometido con la tarea. 

La dirigencia china supo, sin embargo, que ese logro había que sostenerlo, y que si no se seguía revitalizando la economía podía haber retrocesos. En efecto, se supone que el alivio de la pobreza y una economía que marcha hacia su modernización deberían ir de la mano. 

Sin embargo, no siempre ha sido así. Podríamos citar dos ejemplos al respecto: el caso de India en Asia y Chile en Latinoamérica. 

2 de octubre de 2025. Un constructor chino realiza algunas labores en el nuevo puente sobre el río Demerara, en Georgetown, Guyana. El puente, denominado oficialmente Puente Bharrat Jagdeo, fue inaugurado el 5 de octubre del año pasado y construido por China Railway Construction Corporation International. 

India es una de las economías más vibrantes de la actualidad. Su Producto Interno Bruto (PIB) ha aumentado 105 % en la última década (pasó de 2,1 a 4,3 billones de dólares entre 2015 y 2025) y el crecimiento de su economía (6,4 % el año pasado, el mayor entre las grandes economías) viene siendo, junto con el de la economía china, el principal motor de la expansión mundial. India ha modernizado varios sectores productivos y tiene un reconocido prestigio mundial en áreas como las tecnologías aplicadas a la información y los servicios asociados al software, la farmacología y la economía digital, al tiempo que ha avanzado en otras áreas como la industria aeroespacial y la de defensa. Sin embargo, sus indicadores de pobreza no han tenido semejante derrotero. Aunque ha habido una mejora durante este siglo, India aún enfrenta obstáculos estructurales de pobreza en su población, la mayor del planeta desde hace unos años. Muchas veces se ha mencionado el fenómeno de la sociedad dual (extremos pobres y extremos ricos) para este gran país, atribuyéndose a razones culturales o religiosas, además de otros factores, en especial en el ámbito rural, como educación deficiente y precarios sistemas de salud o de programas nutricionales. 

En cuanto a Chile, quienes valoran el legado de la dictadura de 1973-1990 (entre ellos, el actual presidente José Antonio Kast) fingen amnesia sobre sus atroces crímenes y señalan que inició el camino de la modernización. Ciertamente el pinochetismo, en especial luego de las profundas crisis de 1975 y 1982 que lo obligaron a recalibrarse, inició un ciclo de reformas procapitalistas muy profundas. Suele ocultarse que eso fue posible por dos tareas históricas logradas en el breve Gobierno socialista de la Unidad Popular (1971-1973, truncado por el golpe militar): la reforma agraria, que destruyó los latifundios parasitarios y permitió una revolución agrícola notable con la que el país lograría años después articularse al mercado mundial, y la nacionalización de la minería, en especial del cobre, que dio aire al presupuesto público hasta el día de hoy. Los militares y sus cómplices se beneficiaron de ese legado para iniciar otro ciclo. Y fueron los Gobiernos de la Concertación posteriores a 1990, cuando se terminó la dictadura, los que lideraron un proceso modernizador estable. Pero incluso muchos de los mismos intelectuales que aportaron a ese modelo reconocen que fue una “modernización excluyente”, constitutiva de una sociedad dual en la que una minoría recibe la mayor parte de la renta y una mayoría se somete a su condición resignada de bajos ingresos y endeudamiento constantes, a la cual la prolongada estabilidad macroeconómica chilena le garantiza sobrevivir más o menos sin sobresaltos, pero tampoco sin esperanzas de mejoras sustanciales.  

En ese contexto, pareciera que el caso chino de haber sacado de la pobreza a 800 millones de personas y haber erradicado la indigencia también es un “experimento”, pero mucho más loable por cuanto vincula el combate a las condiciones de vida para el conjunto de la población. Esto, junto con el inicio del proceso de modernización y revitalización, ha asombrado al mundo, más aun considerando la profunda crisis productiva y socioeconómica a la cual se enfrentan los países capitalistas, además de su evidente declive moral y la deslegitimación de sus instituciones. 

 

28 de noviembre de 2025. Entra oficialmente en servicio la línea de alta velocidad Panzhou-Xingyi, en la provincia de Guizhou, marcando la plena cobertura del tren de alta velocidad en todas las capitales prefectorales de la provincia.  Fotos de Xinhua 

Interacciones posibles con Latinoamérica 

Si bien el programa de alivio de la pobreza, llevado adelante por los últimos Gobiernos de la RPCh, y concretado durante el actual mandato de Xi, responde a la propia realidad china y no tiene por objetivo ser replicado a escala mundial, se pueden extraer ciertos intercambios de experiencia con América Latina, sobre todo a medida que los lazos sino-latinoamericanos han ido ampliándose desde finales del siglo XX. 

Trasladar esa experiencia a otros países donde sus habitantes sufren hambre no por falta de comida, sino por un sistema socioeconómico que genera el oprobio de que un puñado de ultra ricos y de grandes grupos económicos posean más que segmentos poblacionales mayoritarios del planeta, no es para nada un proceso que pueda trasladarse como enseñanza mecánicamente. 

Aun así, durante el Foro de Davos de 2021, el presidente Xi Jinping señaló que, como parte de los países en desarrollo, China profundizaría aún más la cooperación Sur-Sur y contribuiría al esfuerzo de dichas naciones para erradicar la pobreza, aliviar la carga de la deuda y lograr un mayor crecimiento. Durante la Mesa Redonda de Alto Nivel sobre Cooperación Sur-Sur, el mandatario chino prometió que, como nación en desarrollo, China compartiría sus oportunidades de desarrollo con otros países en la misma situación. “China vinculará estrechamente su desarrollo con el crecimiento común del mundo en desarrollo, conectará el sueño chino con el sueño de todos los habitantes de los países en desarrollo de una vida mejor y colaborará con otros países en desarrollo para crear un futuro brillante para la comunidad”, afirmó en aquella oportunidad. 

El logro chino en la lucha contra la pobreza ha despertado tanto la curiosidad de otros países como la intención de saber al menos algunos aspectos del programa que, más allá de las diferentes condiciones nacionales, culturales, políticas y de desarrollo, pueden ayudar a diseñar un recorrido propio en el mismo cometido, recogiendo parte de la experiencia china. 

Con América Latina hay menos experiencias directas, pero pueden destacarse algunas. 

En el caso de Argentina, durante la pandemia del COVID-19, es decir apenas se supo de la proeza china de haber desterrado la indigencia, se concretaron varias acciones con la provincia de Guizhou en materia de intercambio informativo sobre el programa de alivio de la pobreza. A pesar de ser una de las provincias menos desarrolladas de China, ubicada en el suroeste del país, Guizhou es al mismo tiempo la que construye los puentes más altos del mundo y una de las que ha tenido mayor expansión económica de manera reciente, gracias a su economía digital y su “ecocivilización”. 

En el año 2020, en pleno brote de la emergencia sanitaria global, hubo encuentros virtuales con autoridades de Guizhou organizados entre el Partido Comunista de China local y el Partido Justicialista (peronismo) de Argentina, donde el principal eje de la actividad fue la explicación de la política china frente al drama de la pobreza a nivel local. También se sumaron partidos políticos de Uruguay y de Brasil para participar del intercambio virtual. 

Y cuando, por ejemplo, la provincia argentina de Chaco firmó a fines de 2021 un hermanamiento con la provincia china de Henan (Argentina y China poseen alrededor de cincuenta acuerdos de hermanamientos entre ciudades o provincias), su gobernador Jorge Capitanich expresó: “Creemos que este hermanamiento es una gran oportunidad para fortalecer los intercambios y garantizar una fructífera relación recíproca”. La cooperación a nivel subnacional podría ser un vector importante a la hora de impulsar la cooperación en la lucha contra la pobreza para casos puntuales y de mayores posibilidades de éxito en plazos no tan largos. 

Una condición necesaria aunque no suficiente para la eliminación de la pobreza es la persistencia de un ciclo de expansión económica. Aunque no es la principal razón para que ello pueda ocurrir, la relación de América Latina y el Caribe con China es una oportunidad para que, a través de obras de infraestructura y más y mejores intercambios comerciales, ese ciclo de crecimiento pueda desarrollarse. Pero para que la región pueda, además, dejar atrás condiciones sociales extremadamente duras para una gran parte de su población, es necesario que sus clases dirigentes puedan emular el compromiso, la organización y el patriotismo con que China pudo lograr el éxito en esta materia.

*Néstor Restivo es director periodístico de la revista DangDai y licenciado en Historia por la UBA. 

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