Análisis
Comprendiendo las dos integraciones
2026-07-31    Fuente: Centro para las Américas    Autor: JOSEF GREGORY MAHONEY*

12 de junio de 2026. Estudiantes del Instituto de Tecnología de la Moda de Beijing se visten con trajes inspirados en algunos de los murales de las Grutas de Mogao de la dinastía Sui en la clausura del curso “Investigación y práctica de ropas antiguas chinas”. Xinhua

UNO de los conceptos más importantes del marxismo chino introducidos desde que Xi Jinping asumió el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh) en 2012 es liangge jiehe, comúnmente traducido como las “dos integraciones”. Estas dos integraciones consisten en integrar los principios básicos del marxismo con la realidad específica de China y con la excelente cultura tradicional de China. 

Si bien la integración del marxismo con las condiciones nacionales ha sido uno de los objetivos centrales del Partido Comunista de China (PCCh) desde su fundación en 1921, la integración del marxismo con la cultura tradicional china no se introdujo hasta un siglo después, cuando Xi Jinping la presentó en un discurso de 2021 con motivo del centenario del PCCh. En el Congreso Nacional del PCCh del año siguiente, el concepto de las “dos integraciones” fue incorporado a la Constitución del Partido y ocupa un lugar destacado dentro del marco del pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era. 

La primera integración 

La primera integración —entre el marxismo y las realidades específicas de China— se forjó y fortaleció en respuesta a graves reveses, en particular los ataques crecientes del Kuomintang a finales de la década de 1920. En los primeros años del PCCh, el marxismo chino seguía en gran medida la teoría proveniente de la Unión Soviética y los textos marxistas clásicos, aunque figuras como Li Dazhao y Mao Zedong ya estaban desarrollando nuevas orientaciones más enraizadas en la realidad local. 

Esta orientación cambió de forma significativa en la década de 1930, siendo un punto de inflexión clave la Reunión de Zunyi en 1935, celebrada durante la Gran Marcha —la retirada estratégica del PCCh desde sus bases en Jiangxi y otras provincias hacia una nueva base revolucionaria en la provincia de Shaanxi. Allí, Mao consolidó su liderazgo y se sentaron las bases para importantes avances teóricos, especialmente los dos textos fundamentales de 1937: Sobre la práctica y Sobre la contradicción. Estas obras son hoy ampliamente reconocidas como algunas de las innovaciones más significativas —posiblemente sin parangón— en la dialéctica marxista. 

La segunda integración como innovación 

Por un lado, la segunda integración es el elemento más reciente y quizá más interesante desde el punto de vista teórico. Por otro, lo que logra es una articulación explícita de algo que ya estaba implícitamente presente en el marxismo chino. 

Cuando Mao Zedong replanteó la dialéctica marxista en 1937, lo hizo bajo la influencia del concepto chino del yin y yang. Cuando Deng Xiaoping estableció el objetivo de una sociedad modestamente próspera a finales de los años setenta, se inspiró en la sabiduría confuciana del Libro de los Ritos. La “teoría de las tres representaciones”, introducida por el entonces presidente Jiang Zemin en 2000 para definir el papel del PCCh en la sociedad, reconoce la necesidad de preservar y promover los elementos avanzados de la cultura china. Cuando el predecesor de Xi, Hu Jintao, promovió el valor de la armonía, destacó uno de los postulados universales más importantes de la filosofía política china, formulado en los textos más antiguos del periodo de la dinastía Shang hace más de 3000 años. 

Cuando Xi integró formalmente el marxismo chino con el principio fundamental del taoísmo —la armonía entre el ser humano y la naturaleza— se observa nuevamente la influencia de una sabiduría china anterior a Karl Marx y al propio desarrollo del marxismo, lo que no solo ha aportado ideas valiosas para fortalecer y “chinizar” el marxismo, sino que también ha demostrado cómo la experiencia civilizatoria milenaria de China anticipó, en muchos aspectos, valores centrales del marxismo. 

¿Por qué entonces la segunda integración constituye una innovación? Porque marca una clara ruptura con la adopción más tentativa, la ambivalencia ocasional y la sospecha general hacia prácticas culturales consideradas “feudales” o atrasadas. Hoy, el discurso oficial trata la recuperación de la sabiduría tradicional como una “nueva misión cultural”, reconociendo en parte que el marxismo chino siempre fue profundamente chino, al tiempo que abre la puerta a una “chinización” aún más productiva, incluyendo conceptos como datong (gran armonía), tianxia (todo bajo el cielo) y la tradición del minben (el pueblo como fundamento). 

Ejemplos 

Analicemos más de cerca cómo la segunda integración ha moldeado el llamado del marxismo chino a la civilización ecológica, comenzando con el valor de la armonía entre el ser humano y la naturaleza. La civilización ecológica es uno de los cinco aspectos de la civilización que Xi ha enfatizado, junto con el aspecto material, político, social, y espiritual. 

El concepto taoísta tianrenheyi (unidad entre el cielo y el ser humano) se presenta explícitamente como una anticipación de la ecología marxista, donde tian (cielo) es sinónimo de naturaleza. El discurso oficial sostiene que el principio taoísta daofaziran (el Dao sigue la naturaleza) se alinea con la crítica de Marx a la ruptura entre humanidad y naturaleza bajo el capitalismo. Asimismo, la visión tradicional de la naturaleza como un “todo interconectado”, y no como un simple recurso explotable, se interpreta como compatible con el materialismo dialéctico. Esta integración ha dado respaldo a políticas concretas, desde los objetivos de neutralidad de carbono hasta el principio de que “las aguas cristalinas y las montañas verdes son cordilleras de oro y plata”. 

La segunda integración reinterpreta el valor de la armonía social mediante una síntesis del confucianismo y el análisis marxista clásico de clases, que concibe la sociedad dividida en dos clases principales en conflicto. Hu Jintao sentó bases importantes con su concepto de una “sociedad armoniosa”, que fue desarrollada posteriormente. Hoy, principios confucianos como “la armonía es lo valioso” y “la armonía en la diversidad” se presentan como enfoques chinos distintivos para abordar contradicciones sociales, que pueden ser solucionadas mediante la mediación en lugar del conflicto antagónico. 

Esta síntesis sirve tanto a objetivos internos como internacionales. Por ejemplo, sustenta la diplomacia de gran potencia con características chinas y refuerza la estabilidad interna. Aquí, la lucha de clases marxista no se abandona, sino que es “historizada”: la lucha directa de clases sigue siendo apropiada para periodos revolucionarios, mientras que la China posrevolucionaria puede apoyarse en conceptos tradicionales de armonía para guiar la construcción socialista y promover un mundo multipolar y una comunidad de futuro compartido de la humanidad. 

Un significado más amplio 

Uno de los rasgos más distintivos de la nueva era iniciada en 2012 con la llegada de Xi al liderazgo del PCCh es la confianza civilizatoria y la autoconciencia cultural que el Partido y el pueblo chino han desarrollado a medida que el país ha logrado avances significativos y ha resurgido como gran potencia. Esta confianza no es meramente simbólica, sino que el concepto de las dos integraciones ha ayudado a estructur la forma en que el Partido entiende su legitimidad histórica y cultural, y ha influido directamente en políticas de educación, cultura, reestructuración económica y comunicación internacional. En resumen, se ha convertido en un marco práctico, no un mero recurso retórico. 

Finalmente, las dos integraciones representan una contribución significativa al marxismo global y a las vías no occidentales de modernización. A medida que otros países, especialmente del Sur Global, estudian el ejemplo chino, también se les anima a recurrir a su propia sabiduría civilizatoria. En este sentido, comprender las dos integraciones es esencial no solo para entender la dialéctica profunda del rejuvenecimiento nacional de China, sino también para ver cómo esta lógica puede ayudar a otros países a lograr sus propios avances de desarrollo mediante la síntesis de tradiciones culturales propias con conocimientos externos, revitalizando —y no erosionando— su herencia civilizatoria.

*Josef Gregory Mahoney es profesor de política y relaciones internacionales y director del Centro de Civilización Ecológica de la Universidad Normal del Este de China en Shanghai e investigador sénior del Instituto para el Desarrollo del Socialismo con Peculiaridades Chinas de la Universidad del Sureste en Nanjing,provincia de Jiangsu. 

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