Análisis
Cultura, modernización y Sur Global
2026-07-31    Fuente: Centro para las Américas    Autor: MARIANA ESCALANTE*

4 de julio de 2026. Turistas visitan el Museo Conmemorativo de la Toma del Puente de Luding por el Ejército Rojo, situado en la prefectura autónoma tibetana de Garze, provincia de Sichuan. Wei Yao

DESDE el exterior, los planes quinquenales de China suelen revisarse a partir de sus metas económicas, prioridades tecnológicas, fuerzas productivas, formas de gobernanza y avances hacia la modernización socialista prevista para 2035. Para América Latina, esa lectura resulta necesaria porque la relación con China se ha construido en buena medida alrededor del comercio, las inversiones, la infraestructura y las tensiones geopolíticas que atraviesan al Sur Global. Sin embargo, una lectura centrada únicamente en esos temas deja fuera un aspecto clave para comprender el sentido integral de la modernización china: el papel de la cultura. 

En el XV Plan Quinquenal, correspondiente al periodo 2026-2030, la cultura ocupa un espacio propio dentro de la visión de desarrollo. Su presencia muestra que el bienestar depende con igual importancia de la producción, la infraestructura y la innovación, así como de los valores compartidos, la memoria histórica y el acceso cotidiano a la vida cultural. Desde América Latina, este lugar concedido a la cultura resulta sugerente, pues permite observar cómo China piensa su propia modernización desde categorías culturales y cómo esa dimensión también forma parte de su diálogo con otras regiones del mundo, entre ellas, con el Sur Global. 

26 de mayo de 2026. Una concursante ofrece una presentación artística durante la final del 25.o Concurso Mundial Puente Chino para Estudiantes Universitarios en Chile. Xinhua

Cultura y modernización 

Una noción en la que vale la pena detenerse, pues aparece en el XV Plan Quinquenal cuando se hace referencia a la cultura, es la de civilización espiritual. En el lenguaje político chino, este concepto se refiere a la formación moral, el nivel cultural de la sociedad, los valores públicos, las costumbres sociales y la vida intelectual de la población. Tiene un sentido colectivo, laico y vinculado con políticas públicas: apunta a la manera en que una sociedad cultiva comportamientos, sensibilidad estética, educación, sentido comunitario y orientación ética. Por ello, cuando el Plan plantea que debe avanzarse de manera conjunta en la civilización material y en la civilización espiritual, se refiere a que el desarrollo requiere de bienes, servicios y capacidades productivas, pero también de criterios sobre cómo vivir mejor juntos. 

Este énfasis es el resultado de la experiencia china contemporánea. Desde las reformas económicas, el crecimiento material ha estado acompañado por una preocupación continua por la cohesión social, la educación moral, la estabilidad comunitaria y los valores compartidos. En el XV Plan Quinquenal, esa preocupación aparece dentro de la propia estrategia de la modernización. La cultura se presenta como parte de la calidad del desarrollo y de la vida cotidiana, por encima de su relación más visible con el patrimonio, el entretenimiento o la diplomacia cultural. De ahí que el documento “Propuesta del Comité Central del PCCh para la elaboración del XV Plan Quinquenal de Desarrollo Económico y Social” dedique una sección amplia a estas cuestiones, titulada “Activación del vigor innovador y creativo cultural de toda la nación y florecimiento y desarrollo de la cultura socialista”. 

En esa sección, el Plan propone medidas específicas en diversos ámbitos. Cabe destacar los siguientes: en primer lugar, se plantea fortalecer los servicios culturales públicos, ampliar espacios cercanos a la población, y promover la lectura, los museos y las bibliotecas inteligentes, así como los servicios digitales y la protección del patrimonio. En segundo lugar, se promueve el desarrollo de las industrias culturales, con énfasis en nuevas formas de creación, cultura digital, turismo cultural y contribución de la cultura al desarrollo económico y social. Por último, se enfatiza fortalecer la comunicación exterior, construir una narrativa propia, proyectar una imagen de China “confiable, amable y respetable”, y ampliar la circulación de productos culturales chinos en el mundo. 

La cultura como bien público 

Un aspecto sugerente del Plan es la idea de la cultura como bien público. De manera tangible, puede entenderse a través del fortalecimiento de infraestructura como bibliotecas, museos y centros culturales, así como proyectos de lectura pública, espacios culturales digitales, protección del patrimonio y transmisión de tradiciones locales. Según cifras de 2024, China cuenta con 3246 bibliotecas públicas y cerca de 40.000 centros culturales locales, lo que muestra la dimensión de la infraestructura cultural y su creciente presencia en la vida cotidiana. 

Desde una mirada latinoamericana, este punto merece atención. En los países de la región, la cultura suele entenderse como identidad o patrimonio, o como resistencia frente a la historia colonial y las desigualdades persistentes. Esa conciencia es fundamental, sobre todo en una región cuya riqueza cultural es enorme. Sin embargo, la experiencia china invita a pensar también en las condiciones materiales que permiten que la cultura forme parte de la vida diaria: presencia institucional, asignación presupuestal, construcción y mantenimiento de infraestructura, preservación de archivos, diseño museográfico, formación de mediadores culturales, desarrollo de plataformas digitales y educación estética, entre otros aspectos. 

En mis viajes a China, una de las experiencias que más ha llamado mi atención es la importancia concedida a los museos, incluso en ciudades pequeñas o en pueblos alejados de los grandes circuitos turísticos. Me refiero no a los museos nacionales o provinciales, cuya escala es impresionante, sino a espacios locales donde se narran historias agrícolas, tradiciones artesanales, músicas regionales, técnicas culinarias, episodios revolucionarios o formas de vida comunitaria. Sorprende el cuidado de la museografía, la atención al detalle y el esfuerzo por convertir objetos cotidianos en parte de una memoria compartida. En esos espacios se percibe la intención de afianzar el sentido de pertenencia, la continuidad civilizatoria, la transformación social y la preservación de sus valores. 

Esa experiencia cotidiana ayuda a entender mejor el sentido del XV Plan Quinquenal. La cultura aparece también en la decisión de preservar oficios, lenguas locales, sabores, música, construcciones rurales o patrimonio inmaterial. La modernización, desde esta perspectiva, busca asimilar el pasado e incorporar la tradición a una vida social que cambia con rapidez. Este punto puede dialogar de manera cercana con América Latina, donde abundan patrimonios comunitarios, memorias indígenas, tradiciones populares, archivos locales y experiencias culturales que muchas veces sobreviven con pocos recursos o escaso reconocimiento institucional. 

La cultura como puente para el diálogo con el Sur Global 

La experiencia china sirve como ejemplo para mostrar también que cada contexto requiere de medidas adaptadas a sus particularidades. China y América Latina poseen trayectorias históricas, sistemas políticos, escalas territoriales y capacidades estatales muy distintas. Aun así, la experiencia china permite formular preguntas útiles. ¿Qué significa considerar la cultura como parte del desarrollo? ¿Cómo se sostiene una política cultural de largo plazo? ¿Qué lugar tienen los museos, las bibliotecas o los centros comunitarios en la reducción de las desigualdades simbólicas? ¿Cómo evitar que la modernización convierta la memoria en decoración o mercancía? Estas interrogantes son relevantes para sociedades latinoamericanas que han defendido su diversidad cultural, pero que no siempre han logrado convertirla en una prioridad estable de política pública. 

La dimensión cultural del XV Plan Quinquenal también se proyecta hacia el exterior. En los apartados sobre la difusión de la civilización china y el intercambio entre civilizaciones, el documento plantea fortalecer la comunicación internacional, promover productos culturales, ampliar los intercambios humanísticos y apoyar los estudios sobre China en el extranjero. Estas propuestas coinciden con la Iniciativa para la Civilización Global, presentada en 2023 por el presidente Xi Jinping, que reconoce la diversidad de civilizaciones, la igualdad, el diálogo, la inclusión y el aprendizaje mutuo. En ese marco, China busca presentar su modernización como una experiencia históricamente situada, con rasgos propios y distintos de los modelos occidentales que dominaron buena parte del siglo XX. 

La región latinoamericana también ha vivido colonialismo, dependencia, modernizaciones incompletas y debates persistentes sobre identidad y desarrollo. Por ello, el diálogo con China puede ampliarse más allá del comercio o la infraestructura e incorporar preguntas sobre cultura y desigualdad, pueblos originarios, memoria colonial, autonomía educativa, traducción de conocimientos y circulación de saberes entre sociedades del Sur. El XV Plan Quinquenal permite así considerar la cultura como un aspecto esencial de cara a una discusión más amplia e integral sobre la modernización. Asimismo, muestra la importancia de generar capacidades estatales que fomenten espacios de pertenencia y reafirmación de la identidad cultural de cada sociedad. 

Desde esta perspectiva, la cultura puede entenderse como un puente entre la modernización china y el diálogo con el Sur Global. En el caso de China, permite observar cómo el desarrollo se relaciona con la cohesión social, la identidad, la memoria histórica y el acceso cotidiano a la vida cultural. En su dimensión exterior, abre un espacio de intercambio con regiones que también han buscado formas propias de desarrollo frente a experiencias de dependencia, desigualdad y modernización incompleta. Para América Latina, el valor de esta perspectiva radica en dialogar con una experiencia que ha incorporado la cultura a un proyecto nacional de largo plazo, sin convertirla en un modelo ni asumirla de manera exacta. Ese diálogo puede ayudar a preguntarnos el lugar que ocupa la cultura en nuestros propios proyectos de desarrollo y cómo puede contribuir a una relación más horizontal y sustantiva entre los países.

*Mariana Escalante es profesora e investigadora del Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. 

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