| Análisis |
| Keiko Fujimori y China | |
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28 de julio de 2026. Keiko Fujimori durante la ceremonia de juramento como presidenta de Perú en Lima, cargo que ejercerá hasta julio de 2031. LA llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia de Perú el pasado 28 de julio estuvo acompañada por señales tempranas de continuidad en los vínculos con China. Tres semanas antes de recibir la banda presidencial rojiblanca, Fujimori recibió las felicitaciones del presidente chino, Xi Jinping, quien le manifestó su disposición a seguir elevando la Asociación Estratégica Integral entre ambos países. Ese mensaje de continuidad se reforzó en vísperas de la investidura: el 27 de julio, Fujimori recibió en Lima a Yin Hejun, ministro de Ciencia y Tecnología de China, quien al día siguiente asistió a la transmisión de mando en representación del presidente Xi. Un nuevo periodo en la relación El encuentro con el ministro chino dejó aún más claro el rumbo de la relación bilateral. Keiko Fujimori aseguró que su Gobierno concederá gran importancia a los vínculos con China, reafirmó el principio de una sola China y valoró el aporte de sus inversiones al desarrollo económico y social de Perú. También expresó su voluntad de ampliar la cooperación en diversos ámbitos. El ministro Yin Hejun, por su parte, destacó que China ha sido durante doce años consecutivos el principal socio comercial y principal mercado de exportación de Perú, y presentó al puerto de Chancay –de inversión mayoritariamente china– como un proyecto emblemático de la cooperación entre ambos países en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estos primeros indicios parecen alejar la posibilidad de un giro brusco en la política hacia China. Todo apunta más bien a una continuidad pragmática. En el nuevo quinquenio que se abre para Perú, China seguirá ocupando un lugar central en el comercio, la inversión, la minería y la infraestructura. El reto será convertir ese peso económico en mayor productividad, empleo, integración territorial y beneficios concretos para la población. La relación también tiene un antecedente ligado a la propia historia del fujimorismo. En abril de 1991, Alberto Fujimori –padre de la actual mandataria– se convirtió en el primer presidente de Perú en visitar la República Popular China desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países en 1971. Poco después llegaron al país sudamericano inversiones pioneras, como la adquisición de Hierro Perú por parte de Shougang en 1992 y el ingreso de Sapet Development al sector petrolero peruano en 1993. A fines de esa década, China respaldó además la incorporación de Perú al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), concretada en 1998. Con los años, esos primeros acercamientos dieron paso a una relación cada vez más estrecha. El Tratado de Libre Comercio (TLC), vigente desde 2010, impulsó los intercambios; en 2013, ambos países establecieron una Asociación Estratégica Integral, y en 2019 Perú se sumó a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. El comercio, la inversión y la cooperación en infraestructura cuentan así con una base institucional que ha sobrevivido a los frecuentes cambios políticos peruanos. Esa base ha seguido ampliándose en los últimos años. En noviembre de 2024, ambos países firmaron el Protocolo de Optimización del TLC, que moderniza las normas aduaneras e incorpora disposiciones sobre economía digital, facilitación del comercio y promoción de inversiones. Perú culminó sus procedimientos legales internos el pasado 25 de julio –poco antes del cambio de Gobierno– mediante la ratificación del protocolo, que busca también abrir más oportunidades para las pequeñas y medianas empresas. Su entrada en vigor aún requiere los procedimientos correspondientes entre ambas partes, pero el acuerdo ofrece mejores condiciones para aprovechar la nueva conectividad marítima y reducir costos en el intercambio bilateral.
16 de mayo de 2025. Un buque portacontenedores en el puerto de Chancay, Perú. El protagonismo de Chancay El puerto de Chancay –a 78 kilómetros al norte de Lima– se perfila como protagonista de esta nueva etapa. Inaugurado en noviembre de 2024 y operado por Cosco Shipping Ports, ha reducido de forma significativa el tiempo de navegación entre la costa sudamericana y China. Durante su primer año superó los 502.000 TEU –unidades equivalentes a contenedores de veinte pies– y movilizó 2,4 millones de toneladas de carga. Su importancia, sin embargo, va más allá de esas cifras. Chancay puede convertir a Perú en un nodo logístico del Pacífico y acercar los mercados asiáticos a productores de otros países sudamericanos. Ese potencial regional ya empieza a despertar interés. Durante su visita a Lima para asistir a la investidura de Keiko Fujimori, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, declaró que una conexión desde Pando –departamento amazónico del norte boliviano– hacia Perú podría facilitar el acceso de Bolivia y de parte del comercio brasileño al puerto de Chancay. Por ahora se trata solo de una propuesta y su viabilidad dependerá de nuevas carreteras, pasos fronterizos más ágiles y coordinación entre varios Gobiernos. Aun así, las declaraciones de Paz muestran que Chancay comienza a influir en el debate sobre la integración sudamericana. Para que esa promesa se concrete, no basta con el puerto. En su primer mensaje a la nación, Keiko Fujimori anunció que su Gobierno buscará conectar el territorio peruano “con carreteras y otras vías modernas y seguras”, a fin de reducir los tiempos de viaje y los costos logísticos. Ese objetivo será decisivo para vincular Chancay con el resto del país y facilitar la llegada de productores de distintas regiones. También será necesario agilizar los trámites aduaneros y coordinar su desarrollo con los puertos del Callao y de Ancón. El verdadero éxito de Chancay dependerá de cuánto contribuya a crear empleo y acercar nuevas oportunidades a las economías locales. La siguiente tarea será ampliar la relación más allá de los minerales y las grandes obras. China ya es un mercado importante para productos peruanos como los arándanos, las uvas y las paltas (aguacates), pero todavía existe margen para incorporar nuevos alimentos y productos con mayor valor agregado. Para lograrlo, será necesario acelerar los protocolos sanitarios, mejorar la infraestructura de frío y facilitar el acceso de pequeños y medianos productores a las cadenas de exportación. La tecnología ofrece otro campo para diversificar los vínculos. La asistencia de Yin Hejun, ministro de Ciencia y Tecnología de China, a la investidura de Keiko Fujimori reforzó esa perspectiva. Empresas como Huawei y ZTE ya participan en el desarrollo de redes de telecomunicaciones y soluciones digitales en Perú. Huawei impulsa además programas de capacitación tecnológica dirigidos a estudiantes y jóvenes profesionales. El siguiente paso sería ampliar la cooperación con universidades, empresas y entidades públicas para favorecer la transferencia de conocimientos y el desarrollo de capacidades locales. La movilidad de personas puede dar un impulso adicional a estos intercambios. Desde junio de 2025, China permite el ingreso sin visa de ciudadanos peruanos para estancias breves por motivos de turismo, negocios, visitas familiares, intercambios o tránsito, una medida extendida hasta fines de este año. Aunque se trata de una exención temporal y unilateral, facilita los viajes empresariales, académicos y turísticos. La medida puede aprovecharse para ampliar el contacto entre universidades, empresas, autoridades locales y ciudadanos de ambos países.
10 de junio de 2026. Un robot Unitree realiza una demostración durante la Expo SNI Industria 2026, en Lima, Perú. Fotos de Xinhua Un mayor dinamismo El nuevo Gobierno peruano tiene ante sí la oportunidad de profundizar la relación con China desde una política exterior autónoma y guiada por el interés nacional. El canciller peruano, Carlos Espá, ha señalado que el país avizora “el dinamismo de sus lazos con la República Popular China”, a la que definió como su principal socio comercial y una importante fuente de inversiones. Sus palabras dejan en claro que la relación con China será una de las prioridades de la estrategia internacional y económica de Perú. Si bien el nuevo Gobierno peruano buscará también reforzar la cooperación con Estados Unidos –considerado un socio político y de seguridad relevante–, el desafío será desarrollar ambos vínculos de acuerdo con sus características propias, sin renunciar a la capacidad de decisión del país. Este margen de acción también se refleja en la opinión pública. Una encuesta de Pew Research Center, realizada entre febrero y mayo de este año, mostró que los peruanos tenían una imagen más favorable de China que de Estados Unidos. El resultado revela que la relación con Beijing cuenta con una base social más amplia de lo que suele suponerse. Para el nuevo Gobierno, esa percepción puede facilitar una agenda de cooperación centrada en resultados concretos y visibles para la población. APEC será una plataforma clave para dar continuidad a esta agenda. En su primer mensaje a la nación, Keiko Fujimori anunció que priorizará la participación de Perú en este foro y buscará aprovechar la posición geográfica del país para consolidarlo como puente entre Asia y los mercados de América Latina y el Caribe. La próxima Cumbre de Líderes Económicos de APEC, que se celebrará en Shenzhen (China) en noviembre, ofrecerá una ocasión temprana para impulsar el diálogo bilateral y presentar nuevas oportunidades de comercio, inversión y cooperación tecnológica. También permitirá que la relación con China avance dentro de un marco multilateral, junto con otros socios del Pacífico. Las perspectivas son favorables, pero el avance no dependerá solo de grandes anuncios. Una relación más madura exigirá proyectos bien evaluados, reglas claras y beneficios que lleguen a más sectores de la sociedad. Para Perú, el objetivo será atraer inversiones que generen valor, empleo y capacidades locales. Para China, será una oportunidad de reforzar su imagen como socio de largo plazo en un país clave del Pacífico sudamericano. El inicio del Gobierno de Keiko Fujimori sugiere, en suma, que la relación entre Perú y China entrará en una etapa de continuidad, pero también de mayores exigencias. El comercio y la inversión seguirán siendo sus pilares, con Chancay como principal símbolo de una conexión cada vez más estrecha con Asia. La oportunidad ahora consiste en traducir esa cercanía en una economía más diversificada, mejor conectada y capaz de generar beneficios visibles dentro del país. *Michael Zárate es periodista peruano experto en temas de China y fue redactor subjefe de la revista China Hoy. |
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