| Análisis |
| Una pregunta, dos tradiciones y cuatro Iniciativas | |
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AMÉRICA Latina y el Caribe han ido diversificando activamente sus alianzas internacionales, incluyendo una creciente cooperación con China, en un contexto en el que Estados Unidos busca mantener su influencia regional. En este contexto, nos preguntamos cómo la cooperación entre China y América Latina y el Caribe (ALC) puede contribuir a consolidar las estrategias de desarrollo autónomo. Las cuatro Iniciativas Globales de China, a saber, la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG), la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG), la Iniciativa para la Civilización Global (ICG) y la Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG), junto con la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) como arquitectura complementaria de conectividad, y el Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe, lanzado en diciembre de 2025, constituyen instrumentos capaces de aportar respuestas. El encuentro entre las tradiciones de China y ALC que este diálogo ha propiciado abre un espacio de aprendizaje recíproco y construcción conjunta de conocimiento, donde cada una puede contribuir desde sus propias trayectorias históricas e intelectuales.
16 de julio de 2025. Celebración del Foro de Medios de Comunicación y Think Tanks del BRICS, en Río de Janeiro, Brasil. El contexto: desarrollo autónomo bajo presión coordinada El desarrollo autónomo, la capacidad de un país o región de definir el uso de sus recursos, el rumbo de su economía y la producción de su conocimiento sin subordinación a agendas externas constituye hoy un espacio en disputa dentro del sistema internacional. Desde el año 2000 hasta 2015, ALC logró importantes avances en ese sentido, mediante la recuperación del control estatal sobre los hidrocarburos, la reducción de la pobreza a mínimos históricos y la construcción de instancias de integración regional sin tutela externa. En tanto, la cooperación Sur-Sur fue el vehículo mediante la ayuda sin condicionalidades, así como el intercambio de capacidades, recursos y soberanía entre naciones. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) representa un caso de éxito de dicha experiencia, y también el ejemplo más claro de lo que ocurre cuando una alternativa de cooperación toca los límites que Washington reserva para sí. Durante su período de mayor fortalecimiento (2005–2013), Venezuela y Cuba —socios fundadores— impulsaron un modelo inédito en el regionalismo latinoamericano a través de empresas grannacionales (empresas estatales mixtas de dos o más países miembros), el Sistema Unificado de Compensación Regional de Pagos (SUCRE) como mecanismo de intercambio en moneda propia, el Banco del ALBA como instrumento de financiamiento sin condicionalidades externas, y programas sociales de alcance regional en salud y educación que redujeron significativamente la pobreza en los países miembros. En tanto, Petrocaribe, iniciativa complementaria, permitió a países del Gran Caribe acceder al petróleo venezolano en condiciones preferenciales, liberando recursos para el desarrollo social. Durante el mismo periodo de tiempo e incluso hasta la actualidad, la cooperación con China ha sido uno de los principales factores que ha permitido a la región seguir sosteniedo un márgen de autonomía bajo una presión sostenida. El Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) ha consolidado un mecanismo permanente de diálogo político y económico que no depende de la mediación de terceros, y que, además, se complementa con asociaciones estratégicas bilaterales que China ha suscrito con muchos países de ALC, así como con inversiones sostenidas en energía, infraestructura, minería y telecomunicaciones, y con una red creciente de centros y programas de investigación conjunta entre universidades chinas y latinoamericanas. La incorporación de Cuba y Bolivia a los BRICS+ como países socios, junto con la membresía plena de Brasil, ha ampliado el espacio institucional disponible para esa cooperación más allá de los acuerdos bilaterales, hacia una estructura multilateral propia del Sur Global. Estos vínculos han demostrado, en la práctica y bajo sanciones activas contra varios de sus países, que la cooperación Sur-Sur con China ha sido una vía efectiva para ampliar los márgenes reales de maniobra soberana allí donde otras alternativas se han visto bloqueadas o debilitadas. Hoy esa lógica opera en un contexto más amplio y complejo. La Doctrina Monroe actualizada incluye el Corolario Trump que ha exacerbado los aranceles, las sanciones financieras, las presiones explícitas de alineamiento forzado y la militarización de la región. La doctrina ha sido aplicada en contra de los socios históricos de Cuba y Venezuela, y a todo país que ha profundizado su relación con China o elegido Gobiernos progresistas. La disputa comercial entre China y Estados Unidos ha añadido una segunda capa, en la que ALC ha quedado expuesta a disrupciones en sus cadenas de suministro y a aranceles que no controla ni negocia, simplemente por estar geográfica y comercialmente integrada a ambas economías. En este contexto, el desarrollo autónomo se ha convertido en una necesidad de supervivencia soberana aún más urgente frente a una potencia que trata la cooperación de ALC con un tercero como una afrenta a su esfera de influencia.
22 de abril de 2024. Diplomáticos, representantes de organismos y periodistas de países de América Latina y el Caribe visitan el Centro de Operaciones de la Zona Piloto Nacional de Vehículos Conectados en Hubei (Xiangyang). Fotos de Xinhua Tres ejes teóricos aportados por ALC ALC ha llegado a este diálogo con una tradición teórica propia. A esos saberes se suman dos décadas de producción académica especializada en la relación entre China y ALC, generada por centros de estudios chinos, latinoamericanos y caribeños, y una red creciente de investigadores. Esa tradición se ha organizado en tres ejes que, juntos, responden a una cuestión vital desde el lado de ALC: el desarrollo autónomo solo es sostenible si la cooperación actúa simultáneamente sobre la producción, la integración regional y el conocimiento, en lugar de atender una sola dimensión a la vez. El primer eje es la economía política crítica del Sur. El estructuralismo latinoamericano identificó la pérdida de valor de las materias primas del Sur frente a las manufacturas del Norte, por lo que sin industrialización propia impulsada por el Estado la dependencia se reproduce. La teoría de la dependencia radicalizó ese diagnóstico —el subdesarrollo no es la etapa previa al desarrollo, sino su consecuencia directa— y lo elaboró en un diálogo con el pensamiento africano y asiático, convirtiéndolo en un aporte genuino del Sur Global. El segundo eje es la integración soberana y sus herramientas. El nuevo regionalismo estratégico —marco teórico acuñado por quien suscribe a partir del caso ALBA-TCP— propone alternativas al regionalismo abierto como la complementariedad económica, el desarrollo multidimensional, el comercio compensado, y empresas grannacionales. El método cadena-negocio-comercio, desarrollado como parte de ese programa, permite identificar dónde se pierde riqueza en cada eslabón del comercio internacional y cómo las presiones externas —incluidas las sanciones y los aranceles— reconfiguran las cadenas de suministros. El tercero es la soberanía epistémica. Según la teoría decolonial, la hegemonía es económica y también cognitiva, por lo que si no existe el derecho a producir conocimiento propio, no hay desarrollo autónomo sostenible. En esa línea, una cooperación que industrializa sin fortalecer la capacidad de cada sociedad de evaluar sus resultados y definir sus propios criterios de bienestar puede producir crecimiento material y reproducir dependencia epistémica al mismo tiempo. Las cuatro Iniciativas Globales de China, la IFR y el Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe El pensamiento chino contemporáneo ha desarrollado, desde su propia experiencia histórica, una elaboración teórica propia sobre el desarrollo y la cooperación internacional. Conceptos como la comunidad de futuro compartido de la humanidad, la seguridad común, integral, cooperativa y sostenible, y la defensa de la diversidad de civilizaciones como principio legítimo del orden internacional, han sido formulados por la academia y la diplomacia chinas como alternativa a los marcos que subordinan el desarrollo de unos países a los intereses estratégicos de otros. Las cuatro Iniciativas Globales de China son parte de la traducción institucional de esos conceptos. La Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG), lanzada en 2021, propone financiamiento sin condicionalidad ideológica e industrialización en origen para los países del Sur, con prioridad declarada en la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la industrialización y la transformación digital. La Iniciativa para la Seguridad Global (ISG), de 2022, plantea que la seguridad de un país no debe lograrse a expensas de la seguridad de otros, y rechaza explícitamente la lógica de bloques y de esferas de influencia exclusivas. La Iniciativa para la Civilización Global (ICG), lanzada en 2023, defiende el respeto a la diversidad civilizatoria y el intercambio cultural en igualdad de condiciones, frente a cualquier pretensión de universalizar un único modelo de desarrollo o de modernidad. La Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG), presentada en 2025, propone reformar las instituciones multilaterales para dar mayor representación a los países en desarrollo. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), lanzada en 2013 y por tanto anterior a las cuatro Iniciativas Globales conecta puertos, redes digitales, ferrocarriles e infraestructura energética en un sistema que ya vincula a más de veinte países de ALC y que constituye, en términos de volumen de financiamiento e infraestructura construida, el instrumento más visible de la cooperación china con el Sur Global. El Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe, publicado en diciembre de 2025, es la formulación más reciente y específica de cómo esas Iniciativas están siendo aplicadas a la región. En materia de industrialización, propone la coinversión en manufactura orientada a la transformación en origen de materias primas de ALC, como alternativa al modelo de exportación sin valor agregado. En materia tecnológica, establece compromisos de transferencia en inteligencia artificial, energías renovables y economía digital. En materia financiera, reitera el papel del Nuevo Banco de Desarrollo como mecanismo sin condicionalidades y propone ampliar los acuerdos de intercambio en monedas locales para reducir la dependencia del dólar. En materia de cooperación académica, refuerza los programas de intercambio, las plataformas de traducción y el acceso abierto, e impulsa congresos conjuntos, redes de investigación y publicaciones bilingües. *Maribel Aponte García es doctora en Economía por la Universidad de Massachusetts en Amherst y fundadora y directora del Centro de Investigación Comercio Internacional, Cadenas, y Geoeconomía (CICGeo). |
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