| Análisis |
| Construyendo sistemas de conocimiento propio | |
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EN el contexto contemporáneo, donde la globalización se entrelaza profundamente con corrientes de pensamiento “posglobalización”, la construcción de sistemas de conocimiento propio se ha convertido en un asunto central para los países en desarrollo que buscan explorar un camino de modernización propio y afirmar su identidad cultural. Las décadas de prácticas de desarrollo de China han brindado un modelo de gran valor que sirve como referencia para esta cuestión; por su parte, las experiencias y dificultades que ha enfrentado América Latina revelan, desde otra dimensión, las profundas crisis que pueden derivarse de la falta de atención a la realidad local y la excesiva dependencia de referentes externos. Comparar ambos casos dentro de un mismo marco analítico no solo ayuda a clarificar el verdadero significado de lo “propio”, sino que también ofrece una importante lección para la producción de conocimientos y la elección de caminos de desarrollo en los países en vías de desarrollo.
21 de enero de 2026. Un investigador manipula cables de medición y control en un laboratorio del Instituto de Física de la Academia China de Ciencias. Superación del dogmatismo La metodología central de China para construir sus sistemas de conocimiento propio consiste en una transformación creativa de las ideas y experiencias extranjeras, en lugar de una copia mecánica. Las lecciones históricas han hecho que la sociedad china comprenda profundamente que cualquier teoría extranjera, si se separa de la realidad nacional, se puede convertir en un dogma rígido. Sobre la base de esta comprensión, China ha adoptado una postura de reflexión introspectiva, una lógica de resolución de problemas que “busca las causas en uno mismo, y no en factores externos”. La construcción de sistemas de conocimiento propio de China no implica un rechazo absoluto de lo externo, sino que sigue el principio de “mantener la propia autonomía y poner los recursos externos al servicio de los propios fines”. Tras su adopción en China, el marxismo atravesó un largo proceso de integración con las prácticas de la revolución y la construcción del país, dando lugar a una serie de logros ideológicos localizados, como el pensamiento de Mao Zedong y la teoría sobre el socialismo con peculiaridades chinas. Estos resultados han mantenido su capacidad crítica y explicativa, y están profundamente arraigados en el territorio y el pueblo chinos, por lo que han logrado orientar las prácticas y evolucionar continuamente junto con ellas. Así, la capacidad de “transformar lo externo para adaptarlo a las necesidades locales” se ha convertido en la experiencia más valiosa de China en la construcción de sus propios sistemas de conocimiento.
20 de julio de 2024. Mujeres participan en el Desfile de Delegaciones de la Guelaguetza, celebrado en la ciudad de Oaxaca, México. Fotos de Xinhua Resentimiento hacia el exterior y fisuras internas En marcado contraste con la reflexión introspectiva china, América Latina ha mostrado durante mucho tiempo una mentalidad fuertemente orientada hacia el exterior en el proceso de construcción de sus sistemas de conocimiento. Su atención se ha concentrado excesivamente en el mundo exterior, desviando la mirada de las contradicciones profundas dentro de sus propios países y de la región. Aunque la observación del mundo exterior posee cierto carácter crítico y legitimidad moral, no ha contribuido a resolver realmente los problemas estructurales que enfrenta la sociedad latinoamericana. Más importante aún, tanto las narrativas anticapitalistas occidentales de la “teoría de la dependencia” como ciertas ilusiones de “desarrollo autónomo” aisladas del sistema mundial, ignoran el hecho fundamental de que ningún país o región puede existir de forma aislada en la era de la globalización. El verdadero dilema de América Latina no radica en la existencia de la hegemonía externa, sino en que la excesiva atención a dicha hegemonía ha ocultado la urgencia de la integración interna y la construcción autónoma. Los discursos antiimperialistas cargados de resentimiento pueden movilizar emociones, pero no sustituyen la producción sistemática de conocimientos y la construcción institucional basada en las prácticas locales. Cuatro relaciones fundamentales Mao Zedong señaló que era necesario saber identificar las contradicciones principales y secundarias, así como distinguir entre sus aspectos principales y secundarios. Para América Latina, si bien la hegemonía externa constituye una contradicción real, la contradicción principal reside siempre en el interior. Una vez que se invierten las prioridades y se considera el factor externo como la contradicción principal, los problemas internos quedan postergados indefinidamente, y la construcción de sistemas de conocimiento propio resulta, por tanto, imposible. Para lograr realmente la autonomía y la el arraigo local de los sistemas de conocimiento, América Latina debe enfrentar y gestionar adecuadamente al menos cuatro relaciones fundamentales. En primer lugar, debe afrontar la relación con los grupos étnicos minoritarios, especialmente con los pueblos originarios. En muchos países de América Latina, los pueblos originarios han permanecido durante mucho tiempo en un grave estado de marginación, siendo incluso excluidos de los censos demográficos en épocas tempranas. En comparación, aunque las políticas relacionadas a los grupos étnicos en China aún tienen margen de mejora, al menos en el plano institucional han garantizado el respeto de sus derechos y su autonomía. Asimismo, mediante un sistema de autonomía regional étnica, se han evitado conflictos fundamentales entre el grupo étnico mayoritario y las minorías étnicas. Si América Latina aspira a construir sistemas de conocimiento propio, debe, ante todo, incorporar verdaderamente en su producción de conocimientos la subjetividad de las culturas no occidentales, como las de los pueblos originarios, en lugar de tratarlas como meras herramientas anticoloniales. En segundo lugar, debe afrontar la relación con Occidente. Un hecho difícil de cuestionar es que la matriz cultural de la América Latina contemporánea tiene, en gran medida, sus raíces en Occidente. Por ello, recurrir simplemente a la “descolonización” no solo supone un camino largo y complejo, sino que, en algunos aspectos, resulta casi imposible. Sin embargo, esto no significa que América Latina solo pueda aceptar Occidente en su totalidad o romper completamente con él. La experiencia de China ofrece un referente alternativo. China siempre ha buscado absorber de manera crítica y aplicar de forma creativa los logros de Occidente en ámbitos como la ciencia y la tecnología, la economía de mercado y las experiencias de gestión, rechazando la copia del modelo occidental en los planos del sistema económico, el régimen político y las raíces culturales. En tercer lugar, debe afrontar la relación entre la historia y una verdadera descolonización. Uno de los problemas más profundos que enfrenta la historiografía en América Latina radica en su grave fragmentación: la historia de las civilizaciones originarias anteriores a 1492, la época colonial y la historia de los Estados nacionales tras la independencia suelen tratarse como fragmentos desconectados entre sí. En contraste, la historiografía china posee un alto grado de continuidad e integración, lo cual ofrece una referencia importante para América Latina: la descolonización no debe limitarse a una denuncia moral de los colonizadores externos, sino a una limpieza sistemática de las estructuras coloniales internas. En cuarto lugar, debe afrontar las relaciones de competencia internas y generar una fuerza aunada para la construcción conjunta. Durante mucho tiempo, la política interna de América Latina ha tenido dificultades para generar una fuerza común eficaz. La raíz radica en que numerosas fuerzas se aferran a sus propios intereses, negándose a hacer concesiones, de modo que no se puede conformar un frente común. Aunque América Latina ha trasplantado instituciones democráticas occidentales, en la práctica esto ha generado divisiones en lugar de favorecer la construcción de consensos a nivel nacional. En cambio, el frente unido, como un importante legado político de China, ha desempeñado un papel clave en distintas etapas históricas a la hora de aglutinar la fuerza de los diversos sectores de la sociedad y concentrar recursos para abordar grandes proyectos. La construcción de sistemas de conocimiento propio en América Latina también requiere un marco intelectual e institucional capaz de superar los intereses de los distintos grupos y promover la negociación y cooperación entre los diferentes estratos sociales. Hacia una conciencia práctica introspectiva Tanto para China como para América Latina, la construcción de sistemas de conocimiento propio apunta a un tema central: pensar las cuestiones del desarrollo a partir de la realidad y las prácticas de cada país. Esto no significa que se deba rechazar Occidente o el capitalismo simplemente por oponerse a ellos, ni mucho menos ignorar los profundos problemas sociales internos y negarse a pensar en cómo articular las distintas fuerzas de la sociedad. La experiencia de China demuestra que la autonomía tiene sus raíces en una conciencia práctica introspectiva: pasar de atribuir las causas a factores externos a una reflexión orientada hacia el interior, transformar los conocimientos extranjeros de dogmas en métodos y buscar el mayor consenso posible entre los diversos actores de la sociedad. América Latina nos advierte que cuando la producción de conocimientos está dominada por el resentimiento, secuestrada por referentes externos y desintegrada por fisuras internas, la “autonomía” corre el riesgo de quedarse en una mera consigna, sin llegar a convertirse en una fuerza sustantiva capaz de impulsar el progreso social. Así, en medio de la globalización y la posglobalización, basarse en las prácticas locales, afrontar las contradicciones internas y transformar los recursos externos con una actitud abierta e inclusiva podría ser el camino más viable para que los países en desarrollo puedan construir sus propios sistemas de conocimiento. *Peng Jianrong es profesora de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Shaoxing y doctora por la Universidad de Alicante, España. |
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