Análisis
Noboa en China
2026-09-29    Fuente: Centro para las Américas    Autor: MICHAEL ZÁRATE*

1 de septiembre de 2026. Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan son recibidos por el presidente egipcio Abdel Fattah El-Sisi y su cónyuge Entissar Amer en el Aeropuerto Internacional de El Cairo en el marco de su visita de Estado a Egipto. Fotos de Xinhua 

Va a tener un amigo al otro lado del Pacífico con quien pueda contar”, le dijo Daniel Noboa al presidente Xi Jinping durante su encuentro en Beijing. La frase resumió el tono de una gira que buscó ir mucho más allá de los gestos diplomáticos. Poco más de un año después de su anterior visita, el presidente ecuatoriano regresó a China con una agenda en la que comercio, inversión, energía e infraestructura volvieron a ocupar un lugar importante, pero que se amplió también a la economía digital, la industria verde y la inteligencia artificial. El viaje mostró así una voluntad más clara de llevar esa relación a un terreno de mayor aplicación práctica y resultados concretos.

 

18 de agosto de 2026. El presidente chino, Xi Jinping, sostiene una ceremonia de bienvenida para el presidente de la República de Ecuador, Daniel Noboa, en el Salón Norte del Gran Palacio del Pueblo, previo a sus conversaciones, en Beijing, China. Xinhua 

La reunión con Xi 

A diferencia de su viaje de 2025, esta vez Noboa llegó a Beijing en el marco de una visita de Estado. Xi Jinping lo recibió el 18 de agosto en el Gran Palacio del Pueblo, en un encuentro que dejó ver una relación interesada en aprovechar mejor las bases ya construidas. El presidente chino puso especial énfasis en el Tratado de Libre Comercio (TLC) –vigente desde mayo de 2024– y en la necesidad de que sus beneficios lleguen a más empresas y consumidores. Noboa, por su parte, expresó el interés de Ecuador en ampliar sus exportaciones, atraer más inversión y profundizar una cooperación que ya no se limita a los sectores tradicionales. 

Los instrumentos suscritos después de la reunión entre ambos mandatarios permitieron trasladar parte de ese propósito a medidas más tangibles. Entre ellas destacó un paquete de cooperación no reembolsable por 42,7 millones de dólares. De ese monto, unos 28 millones se destinarán a la entrega de 125 camionetas para la Policía, al fortalecimiento de servicios médicos, quirúrgicos y de diálisis, y a la recuperación productiva en el norte de Ecuador. Los 14,7 millones restantes financiarán iniciativas en educación, producción y prevención de riesgos. Junto con estos recursos, ambos países acordaron una hoja de ruta de cooperación económica y comercial y otros instrumentos que buscan facilitar nuevos proyectos. El paquete combinó así respuestas a necesidades inmediatas con mecanismos pensados para ampliar la cooperación en los próximos años. 

El TLC aparece como una de las piezas centrales de esta nueva etapa. Desde su entrada en vigor, ha contribuido a mejorar las condiciones de acceso al mercado en un contexto de fuerte dinamismo del intercambio bilateral. Según estadísticas oficiales chinas, el comercio entre ambos países alcanzó los 9830 millones de dólares en el primer semestre de 2026, más de un 20 % por encima del mismo periodo del año anterior. Pero el desafío ya no consiste solo en vender más. Para Ecuador, el mayor potencial está en aprovechar las preferencias arancelarias para diversificar su oferta, acelerar protocolos sanitarios y reducir los obstáculos que todavía limitan el ingreso de nuevos productos al mercado chino. En ese sentido, la visita de Noboa puso el foco no solo en el volumen del intercambio, sino también en su composición y en la necesidad de ampliar la presencia ecuatoriana más allá de sus exportaciones tradicionales.

 

6 de noviembre de 2025. Pabellón de Ecuador en la VIII Exposición Internacional de Importaciones de China en Shanghai. Wei Yao 

Bananos y rosas 

Un ejemplo de ese potencial está en el banano, cuyas condiciones de acceso han mejorado con la reducción progresiva de aranceles prevista en el TLC. En los últimos cinco años, Ecuador elevó del 12 % al 14 % su participación en las importaciones chinas de esta fruta, y el sector exportador considera que los envíos podrían duplicarse en el próximo quinquenio. A ello se suma la conexión marítima Guayaquil-Chancay-Shanghai, que permite ahora llegar al mercado chino en unos 27 días, una ventaja importante para un producto perecedero. Ese crecimiento también ha sido favorecido por la menor oferta de competidores como Filipinas, Vietnam y Camboya, lo que muestra que el aprovechamiento del TLC depende tanto de las preferencias arancelarias como de la logística y las condiciones del mercado. Además, la coincidencia de la visita de Noboa con el Festival Qixi –el tradicional Día de los Enamorados chino que se celebró el 19 de agosto– ofreció otra imagen de ese potencial. Las rosas ecuatorianas, especialmente demandadas en estas fechas, también han ganado presencia en China gracias a menores aranceles y procedimientos aduaneros más ágiles. 

El acceso al mercado chino también depende de superar barreras sanitarias y regulatorias. Ese fue uno de los ejes de la reunión que Noboa mantuvo con el primer ministro Li Qiang, en la que la parte ecuatoriana planteó avanzar en los protocolos pendientes con plazos y seguimiento de alto nivel, bajo la lógica de revisar “producto por producto y planta por planta”. Poco antes de la llegada de Noboa, China volvió a autorizar a ocho establecimientos ecuatorianos a exportar camarón a su mercado. La medida, adoptada tras meses de gestiones técnicas, fue especialmente relevante para un sector que tiene en China uno de sus principales destinos. Noboa se reunió también con Zhao Leji, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, con quien abordó el fortalecimiento de los intercambios legislativos y las garantías jurídicas para la cooperación bilateral.

 

31 de marzo de 2026. Pasajeros esperan el trolebús de la marca china Yutong en Quito, capital de Ecuador. Xinhua 

Sin embargo, la relación comercial no se explica únicamente por lo que Ecuador ha logrado colocar en China. El país asiático se ha convertido también en un proveedor cada vez más importante de bienes utilizados por la propia economía ecuatoriana. Según la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor), alrededor del 78 % de las importaciones no petroleras procedentes de China corresponde a insumos empleados en actividades productivas, una composición que incluye materias primas, maquinaria y bienes de capital. A ello se suma la creciente presencia de marcas chinas en el mercado automotor, que concentraron el 56,3 % de los vehículos nuevos vendidos en Ecuador entre enero y julio de 2026. Estos datos muestran una interdependencia más compleja que el simple intercambio de materias primas por manufacturas y ayudan a explicar por qué el vínculo comercial tiene efectos cada vez más visibles en la producción y el consumo ecuatorianos. 

La inversión completa otra dimensión clave de la relación. En los últimos años, la minería se ha convertido en el principal destino de la inversión directa china en Ecuador, mientras una parte sustancial de la producción minera ecuatoriana se dirige a China. Solo en el primer semestre de este año, el 94,73 % del concentrado de cobre exportado por Ecuador tuvo como destino el mercado chino. Durante la visita de Noboa, ambos gobiernos reafirmaron su interés en profundizar la cooperación en minería, energía e infraestructura, pero con un énfasis creciente en proyectos vinculados con energías renovables y tecnologías más limpias. 

Más allá de Beijing 

El 20 de agosto, Shanghai dio al viaje de Noboa un tono más empresarial y logístico. El presidente ecuatoriano se reunió con el alcalde Gong Zheng y participó en un seminario económico y comercial con representantes de compañías chinas. Allí presentó la oferta exportable ecuatoriana y planteó una alianza estratégica entre los puertos de Shanghai y Guayaquil, una iniciativa que podría reforzar la conexión marítima ya existente a través del puerto peruano de Chancay. 

Un día después, en la ciudad de Chengdu, la agenda se desplazó hacia las oportunidades que ofrece el mercado interior chino. Noboa dialogó con Wang Xiaohui, secretario del Partido Comunista de China en la provincia de Sichuan, y con la gobernadora Shi Xiaolin, con quienes abordó asuntos ligados al comercio, la inversión, las energías limpias, la infraestructura y la agricultura moderna. La reunión tuvo un interés particular para Ecuador, que busca ampliar la presencia de productos como el camarón y las flores más allá de los grandes centros costeros chinos. En ese contexto, las autoridades de Sichuan propusieron que Ecuador establezca un consulado en Chengdu, una iniciativa que, de concretarse, podría facilitar una presencia institucional más permanente en el oeste de China. 

El paso por Beijing, Shanghai y Chengdu terminó dibujando una lógica clara. La capital fijó el marco político de la relación, Shanghai concentró el impulso comercial y logístico, y Sichuan abrió la mirada hacia el mercado interior chino. Esa secuencia sugiere que Ecuador busca aprovechar una relación que, con la asociación estratégica integral, el TLC y su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ya cuenta con bases institucionales sólidas para diversificar tanto los destinos de sus productos como los espacios de cooperación. En Chengdu, donde Noboa apareció además acompañado por su esposa y sus dos hijos, el tono fue menos protocolario y más cercano, un cierre simbólico para una gira que combinó acuerdos gubernamentales, promoción empresarial y contactos con autoridades regionales. 

El acercamiento a China también forma parte de una estrategia más amplia de diversificación externa. Tras dejar Chengdu, Noboa continuó hacia Singapur. La siguiente escala reforzó la idea de que Ecuador busca ampliar sus vínculos económicos en Asia sin sustituir sus relaciones tradicionales con Estados Unidos y otros socios. Ese equilibrio resulta especialmente relevante en un contexto de mayor competencia entre grandes potencias. Durante su encuentro con Noboa, el presidente Xi Jinping defendió el derecho de los países latinoamericanos a elegir de manera independiente a sus socios de cooperación. En el caso ecuatoriano, esa autonomía se expresa sobre todo en una política de diversificación orientada a ampliar mercados y atraer inversión en un entorno internacional cada vez más fragmentado. 

El balance deja, por tanto, una relación entre China y Ecuador que ha ganado densidad política, comercial e institucional, pero cuya madurez deberá medirse cada vez más por su capacidad de ejecución. Los acuerdos alcanzados y el interés por ampliar el acceso de productos ecuatorianos muestran una agenda más ambiciosa que en etapas anteriores. Al mismo tiempo, los protocolos pendientes, la necesidad de convertir memorandos en proyectos y el reto de diversificar exportaciones recuerdan que buena parte del trabajo empieza después de las ceremonias.

*Michael Zárate es un periodista peruano experto en temas de China y fue redactor subjefe de la revista China Hoy.

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