| Análisis |
| Perú y China | |
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DE los antiguos tesoros de los Andes a las salas de los grandes museos chinos, la historia compartida entre Perú y China demuestra que la diplomacia no solo se construye con acuerdos comerciales y encuentros oficiales, sino que también se fortalece cuando dos pueblos descubren sus raíces, reconocen sus semejanzas y se interesan por la cultura del otro.
Un grupo de personas posa para una foto en el marco de la exposición fotográfica “De la Gran Muralla a Machu Picchu”, inaugurada el día del Foro de la Gran Muralla. Un vínculo a través del Pacífico El 2 de noviembre de 1971, Perú y China establecieron relaciones diplomáticas. Desde entonces, los lazos bilaterales han evolucionado hasta convertirse en una asociación estratégica integral, con una agenda que abarca comercio, inversión, infraestructura, educación, ciencia y cultura. Sin embargo, detrás de los indicadores económicos y las declaraciones conjuntas hay otra dimensión, menos cuantificable, pero fundamental para la continuidad de esta amistad que encuentra su mayor manifestación en el conocimiento mutuo entre sus pueblos. Según Carlos Vásquez, embajador de Perú en China, ambos países cuentan con un extraordinario patrimonio histórico y cultural. Sus civilizaciones, explica, evolucionaron en paralelo durante aproximadamente 5000 años, desarrollando conocimientos, expresiones artísticas y cosmovisiones propias a pesar de la distancia geográfica. El océano Pacífico, que hoy conecta puertos y mercados, tampoco fue siempre una barrera infranqueable. Según recordó el embajador peruano, a partir del siglo XVI, el océano se convirtió en un espacio de intercambio gracias a la plata extraída de Perú que llegó a China, lo que propició la circulación de mercancías que contribuyeron a vincular ambas orillas del mundo. Más tarde, durante el siglo XIX, la llegada de inmigrantes chinos a Perú transformó el tejido social peruano y dejó una huella profunda en su gastronomía, sus costumbres y su identidad nacional. Esa historia compartida permite entender por qué la diplomacia cultural ocupa un lugar especial en la relación bilateral. Ji Yongjun, secretario general adjunto de la Asociación del Pueblo Chino para la Amistad con los Países Extranjeros, destaca precisamente el aprendizaje mutuo entre civilizaciones como una de las bases de esta amistad. Tras visitar Perú en varias ocasiones y conocer lugares vinculados con sus diferentes culturas, considera que el intercambio cultural permite comprender mejor al otro y dar profundidad a una relación que ya tiene una sólida dimensión económica. En la actualidad, China es el principal socio comercial de Perú. La apertura del puerto de Chancay ha añadido una nueva dimensión a la conectividad entre ambos países y con otros mercados de América Latina, mientras que el crecimiento del interés turístico ha ofrecido oportunidades para que más ciudadanos chinos conozcan lugares emblemáticos como Machu Picchu y las líneas de Nazca.
Jóvenes con vestidos tradicionales peruanos posan para una foto en el Museo de la Capital, en Beijing. Fotos cortesía de la Embajada de Perú en China De los tesoros de los Andes a los museos de Beijing y Shanghai Si hay una imagen que resume el espíritu de este aniversario, es la de miles de visitantes chinos recorriendo las salas dedicadas a las antiguas civilizaciones de Perú. Durante 2026, el patrimonio arqueológico peruano llegó a dos importantes instituciones museísticas de China: el Museo de la Capital, en Beijing, y el Museo de Shanghai, convirtiendo la conmemoración de los 55 años de relaciones diplomáticas en una oportunidad para descubrir, de manera directa, la historia de Perú. En Beijing, el 17 de mayo fue inaugurada la muestra “Oro, poder y eternidad en el antiguo Perú” como parte de la gran exposición “Maíz, oro y jaguar: gran exposición de las antiguas civilizaciones maya y andina”. La exhibición general reunió alrededor de 800 piezas de México y Perú, con un recorrido por aproximadamente 3000 años de historia de las civilizaciones prehispánicas. Dentro de ella, la sección peruana presentó 200 bienes culturales procedentes de diferentes museos e instituciones del país. Entre los objetos expuestos se encontraban piezas de las culturas Chavín, Cupisnique, Mochica, Wari, Lambayeque, Sicán y Chimú, además de testimonios del imperio inca. Particular atención despertaron los objetos procedentes del Museo Tumbas Reales de Sipán, varias decenas de los cuales fueron exhibidos por primera vez en China. La muestra permitió apreciar no solo el dominio de la metalurgia y la cerámica alcanzado por las sociedades prehispánicas, sino también sus creencias religiosas, sus jerarquías políticas y la estrecha relación que establecieron con la naturaleza. La escala de la iniciativa habla por sí sola. Según Blanca Alva Guerrero, directora general de Museos del Ministerio de Cultura de Perú, se trató de la mayor exposición peruana realizada hasta entonces en China. Muchas de las piezas reunidas rara vez se habían presentado juntas, por lo que la exhibición ofreció una visión más amplia y diversa del patrimonio peruano. La muestra de Beijing concluyó el 18 de octubre de 2026, después de varios meses de actividades y visitas. Pero la experiencia no se detuvo ahí, sino que continuó en Shanghai gracias a la inauguración, el 9 de julio, de la exposición “En la cima del árbol del mundo: civilizaciones antiguas de América”, que incorpora la sección peruana “Machu Picchu y los imperios dorados de Perú”, en el Museo de Shanghai. Esta última reúne más de 300 objetos procedentes del Museo Larco, de Lima, y forma parte de una iniciativa conjunta dedicada a las civilizaciones antiguas de América. La muestra de Shanghai ofrece otra manera de acercarse al patrimonio peruano mediante objetos que permiten reconstruir la vida cotidiana, las prácticas rituales, las técnicas artísticas y las ideas sobre el universo de sociedades que florecieron mucho antes de la llegada de los europeos. El oro, por ejemplo, no era simplemente una expresión de riqueza material. En distintas culturas andinas, los metales preciosos también estaban asociados con el poder, la religión y la relación entre los gobernantes y las fuerzas sagradas. Para José Gabriel Aguilar, agregado cultural de la Embajada de Perú en China, estas iniciativas tienen una importancia que va más allá de la exhibición de piezas arqueológicas. “La diplomacia cultural ha sido fundamental ya que, a través de las exposiciones peruanas este año en China, ambas civilizaciones han podido conocerse más y renovar la conciencia de que la relación entre ambos países cuenta con raíces muy robustas basadas en la continuidad de su civilización”, expresó. En esa línea, la Embajada de Perú en China ha venido realizando un extenso trabajo con instituciones museísticas chinas para impulsar actividades de mediación cultural que ayuden al público chino a comprender el contexto histórico de las piezas, en lugar de limitarse a contemplarlas. He Beibei, reportera y editora de CGTN América Latina, conoce bien el valor de ese encuentro entre culturas. Después de visitar dos veces la exposición de Beijing, destacó el atractivo de sus piezas y la capacidad de estas para acercar al público local a una historia que, hasta hace poco, podía parecer distante. Entre los objetos que más le llamaron la atención figuraba un tocado de oro de la cultura mochica. En su centro aparece un rostro de felino con ojos color turquesa y colmillos de concha, del que salen ocho tentáculos de pulpo rematados por seres marinos. Para He, la pieza permite comprender una cosmovisión en la que los animales, el océano y las divinidades formaban parte de un complejo universo simbólico. Según cree, la diferencia cultural no tiene por qué ser un obstáculo, sino que, muy por el contrario, puede despertar curiosidad y abrir nuevas posibilidades de diálogo. “El público ve objetos reales, entiende historias y la distancia se reduce de forma evidente”, explicó al comparar el efecto de estas exhibiciones con la conectividad física que representa el puerto de Chancay. Una amistad que también se descubre en la vida cotidiana El impacto de estas exposiciones no se limita a las salas de los museos. Para muchos peruanos que viven en China o que han visitado el país durante estos meses, contemplar su propio patrimonio al otro lado del mundo ha sido una experiencia cargada de emoción. Milagros Gutiérrez, quien visitó China entre el 24 de septiembre y el 13 de octubre, quedó especialmente impresionada por la presentación de las piezas en el Museo de Shanghai. “Como peruana me sentí orgullosa de ver público extranjero viendo la historia de mi país”, comentó. Algunas de las obras expuestas procedían del Museo Larco, en Lima, que ella misma no había tenido la oportunidad de conocer en Perú, por lo que encontrarlas en China le permitió redescubrir una parte de su identidad desde una perspectiva diferente. Paola Gutiérrez, hermana menor de Milagros y residente en Beijing hace varios años, comparte esa impresión. Para ella, la muestra fue una oportunidad para aprender sobre leyendas y tradiciones que incluso los propios peruanos no siempre conocen en profundidad. Según Meng Xiayun, profesora de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, la diplomacia cultural ha contribuido a consolidar la confianza entre ambos países y a dar mayor contenido a su asociación estratégica. A su juicio, las exposiciones ofrecen una oportunidad para que el público chino conozca de primera mano la historia peruana y se interese por visitar sus sitios arqueológicos, aunque aún persiste el desafío de transformar esa curiosidad inicial en un vínculo duradero. Para He Beibei, los intercambios culturales también ayudan a superar estereotipos. Los periodistas, académicos y otros profesionales peruanos que visitan China pueden conocer directamente su realidad y compartir sus experiencias al regresar. De la misma manera, los chinos que viajan a Perú descubren un país que va mucho más allá de sus paisajes más conocidos y de los productos que exporta. El agregado cultural José Gabriel Aguilar también ve posibilidades de ampliar esta cooperación a través de iniciativas que vinculen instituciones patrimoniales de ambos países. Entre ellas destaca la colaboración entre los distritos de Machu Picchu y Yanqing, en Beijing, relacionada con la Gran Muralla, dos referentes patrimoniales de enorme significado para sus respectivas sociedades. Al cumplirse 55 años de relaciones diplomáticas, Perú y China cuentan con una oportunidad para seguir construyendo una amistad que combine conectividad económica y cercanía humana. El puerto de Chancay ha facilitado exponencialmente el intercambio de mercancías, mientras que la cooperación cultural ha servido para la difusión de historias, conocimientos, e incluso, emociones. En ese sentido, ambos caminos pueden complementarse y abrir nuevas posibilidades para el turismo, la educación y la colaboración conjunta. Las exhibiciones en Beijing y Shanghai nos recuerdan que, aunque las civilizaciones peruana y china se desarrollaron en territorios muy distantes, ambas comparten una larga experiencia de creatividad, adaptación y búsqueda de sentido. Así, cuando sus tesoros se encuentran frente a frente, la historia deja de ser algo lejano y se convierte en una invitación a conocerse mejor. |
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