Análisis
Hacia una transición compartida
2026-10-30    Fuente: Centro para las Américas    Autor: YUE LIN*


Yue Lin, profesor contratado doctor del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid. Foto cortesía del autor LA próxima etapa no consiste solo en instalar más capacidad renovable, sino en convertir la cooperación en una plataforma para modernizar redes, crear valor local, movilizar financiación de largo plazo y construir legitimidad social.

La cooperación entre China y América Latina y el Caribe (ALC) en energías limpias ya no parte de cero. La región dispone de algunos de los mejores recursos solares, eólicos, hídricos y minerales del mundo; China, por su parte, ha desarrollado capacidades industriales, tecnológicas, financieras y de ingeniería que pueden acelerar su aprovechamiento. En la última década, esa complementariedad se ha traducido en parques eólicos y solares, centrales hidroeléctricas, redes de transmisión y nuevas inversiones. Sin embargo, el éxito de la siguiente etapa no debe medirse únicamente en megavatios instalados o en volumen de capital movilizado. La prueba decisiva será si la cooperación ayuda a formar sistemas energéticos más resilientes, economías con mayor valor agregado y sociedades capaces de sostener la transición en el tiempo. 

Esto exige un cambio de enfoque desde una relación centrada en proyectos a una asociación orientada a capacidades. Cada inversión debiese resolver una necesidad energética inmediata y, al mismo tiempo, dejar infraestructura institucional, como redes preparadas para integrar renovables, trabajadores cualificados, proveedores locales, reglas ambientales previsibles y mecanismos de diálogo con las comunidades. La cooperación sino-latinoamericana puede ser una palanca de transición verde, pero solo si sus beneficios son distribuidos, sus riesgos son gobernados y sus prioridades son definidas de manera conjunta.

7 de junio de 2024. Complejo Solar Marangatul, Brasil, financiado y construido por la empresa china State Power Investment Corporation (SPIC) Brasil. Xinhua

Una cooperación que ya cambia de escala 

El marco político ha evolucionado con rapidez. Los planes de cooperación China-CELAC, la Franja y la Ruta Verde y las plataformas de cooperación energética han dado continuidad a una agenda que antes dependía más de operaciones aisladas. Los “Cinco programas” presentados por China en 2025 —solidaridad, desarrollo, civilizaciones, paz y pueblos— ofrecen ahora una arquitectura más amplia para vincular energía, infraestructura, innovación, formación y gobernanza. Esa institucionalización es valiosa porque la transición energética requiere horizontes más largos que un ciclo electoral o la construcción de una sola central. 

También está cambiando la naturaleza de la inversión. China’s Global Power Database de la Universidad de Boston muestra que, desde mediados de la década pasada, la inversión china en generación eléctrica en la región se ha concentrado cada vez más en fuentes limpias. En años recientes, además, nuevos proyectos han ganado terreno frente a adquisiciones. El paso hacia inversiones de nueva planta es relevante ya que obliga a integrarse antes con la planificación territorial, la construcción, la operación, los proveedores y las autoridades locales. Si todo ello es gestionado adecuadamente, puede, además, producir un vínculo económico más profundo que la mera transferencia de propiedad de un activo existente. 

Hay casos concretos que permiten ver ese potencial. El parque solar Cauchari, en Argentina, alcanzó 300 megavatios y generó alrededor de 1500 empleos en el pico de su construcción. En Colombia, el proyecto solar de Baranoa fue concebido para abastecer a unas 28.000 familias y evitar cerca de 30.000 toneladas de dióxido de carbono al año. Estas cifras son importantes, pero no bastan por sí solas. La cuestión estratégica es cómo convertir la experiencia acumulada en capacidades que puedan replicarse, tales como ingeniería local, mantenimiento, servicios digitales, gestión de redes y formación técnica.

12 de junio de 2023. Vista del Complejo Eólico Loma Blanca Fase I, obra a cargo de empresas chinas, en el puerto Madryn, provincia de Chubut, Argentina. Xinhua

De proyectos a sistemas y cadenas de valor 

La primera transición pendiente es pasar de financiar activos de generación a fortalecer el sistema completo. ALC puede añadir grandes volúmenes de energía solar y eólica, pero su aprovechamiento depende de redes de transmisión, almacenamiento, interconexiones, gestión de la demanda y marcos regulatorios capaces de remunerar la flexibilidad. Sin esos elemenetos, la nueva capacidad puede quedar limitada por congestión, vertimientos de energía o retrasos de conexión. China cuenta con experiencia a gran escala en redes inteligentes, baterías, transporte eléctrico e integración renovable. La cooperación debiese combinar esa experiencia con la planificación de cada país, evitando soluciones uniformes para sistemas muy distintos. 

Un instrumento útil es incorporar a los grandes proyectos un componente obligatorio de fortalecimiento del sistema como estudios de red, almacenamiento cuando sea necesario, protocolos de operación, transferencia de conocimiento y formación conjunta entre empresas, universidades y operadores eléctricos. Así, una planta dejará de ser un punto aislado y se convertirá en parte de una estrategia de seguridad energética. La cooperación regional también puede apoyar interconexiones y estándares compatibles, dos áreas donde la escala latinoamericana ofrece beneficios que ningún mercado nacional puede capturar por separado. 

La segunda transición es avanzar del intercambio de recursos hacia cadenas de valor compartidas. Los minerales críticos son un ejemplo evidente. Según los datos de Solución Comercial Integrada Mundial (WITS, siglas en inglés) del Banco Mundial, los productos primarios y minerales han representado en los últimos años alrededor de un tercio de las importaciones chinas procedentes de la región. Esa complementariedad puede apoyar la seguridad de suministro global, pero reproducir un modelo basado únicamente en extracción y exportación dejará intactas antiguas vulnerabilidades. El objetivo debe ser ampliar gradualmente el procesamiento local, la fabricación de componentes, el reciclaje, la trazabilidad y los servicios asociados. 

No todos los países pueden ni deben construir cadenas completas de baterías, paneles o vehículos, pero sí pueden identificar eslabones competitivos, coordinar políticas de formación y negociar asociaciones tecnológicas con metas verificables. Los proyectos pueden incluir programas de desarrollo de proveedores, compras locales razonables, laboratorios conjuntos y acuerdos de mantenimiento de largo plazo. Para las empresas chinas, una mayor localización reduce riesgos logísticos y políticos; para ALC, crea empleo cualificado y hace que la transición sea también una política de desarrollo productivo. La reciprocidad, en este terreno, es una condición de sostenibilidad, no un gesto accesorio. 

Financiar capacidad, no solo activos 

La arquitectura financiera existente es amplia. Incluye bancos de política pública, fondos de cooperación, bancos comerciales y mecanismos de cofinanciación multilateral. La línea especial para infraestructura China-ALC, el Fondo de Cooperación China-ALC y la participación del Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China (China Eximbank) han permitido abordar proyectos de una escala difícil de financiar en mercados locales. De todas formas, aún existen desajustes entre instrumentos y necesidades, como desembolsos lentos, riesgo cambiario, proyectos que no logran cerrar financieramente y falta de recursos para la preparación, transmisión o fortalecimiento de capacidades públicas. 

La respuesta no es simplemente ofrecer más créditos, sino hacer una financiación más precisa. Los bancos chinos, las instituciones latinoamericanas y los organismos multilaterales podrían crear ventanillas conjuntas de preparación de proyectos, compartir evaluaciones técnicas y combinar préstamos, garantías y capital concesional según el riesgo. Un fondo pequeño destinado a estudios, permisos y estructuración puede facilitar inversiones mucho mayores. El uso de monedas locales, cuando sea viable, junto con garantías parciales, puede ayudar a reducir la exposición al riesgo cambiario. Por otro lado, los criterios de selección deben considerar no solo la rentabilidad del activo, sino también su aportación a la red, al empleo, a la reducción de emisiones y a la resiliencia climática. 

Esta lógica es especialmente importante para países pequeños, ciudades intermedias y proyectos distribuidos, que suelen quedar fuera de los grandes paquetes de infraestructura. La transición verde latinoamericana también ocurre en techos solares, microredes, transporte público, eficiencia industrial y adaptación de redes frente a eventos extremos. Agrupar proyectos, estandarizar contratos y utilizar plataformas regionales permitirá reducir costos de transacción y llevar la cooperación a ámbitos donde su impacto social puede ser inmediato. 

La legitimidad también es infraestructura 

Ninguna tecnología es socialmente neutra. Centrales hidroeléctricas, líneas de transmisión, minas y parques renovables ocupan territorio, modifican paisajes y pueden afectar el agua, la biodiversidad y diversas formas de vida. La experiencia regional muestra que los conflictos por la insuficiencia de consultas, los reasentamientos y la distribución desigual de los beneficios pueden retrasar proyectos y erosionar la confianza. Por ello, cumplir con la legislación local es el punto de partida, no el límite de la responsabilidad. La legitimidad debe construirse desde el diseño mediante información accesible, participación temprana, evaluaciones independientes y canales eficaces de reclamación. 

China y ALC pueden acordar un marco común, adaptable a cada país, para la debida diligencia ambiental y social de los proyectos verdes. Ese marco debe incluir publicación de impactos y contratos esenciales, seguimiento participativo, protección de derechos colectivos, mecanismos anticorrupción y compromisos claros de beneficio local. También conviene evaluar resultados durante la operación, no solo antes de la aprobación. Para las comunidades, esto puede ofrecer una mayor capacidad de incidencia, mientras que para los inversores, puede reducir la incertidumbre, los retrasos y los costos reputacionales. En la transición energética, la confianza es una forma de infraestructura tan necesaria como una línea de transmisión. 

La próxima etapa puede organizarse alrededor de cuatro prioridades compartidas: planificación energética que conecte generación, redes y almacenamiento; cadenas de valor con metas realistas de localización y formación; financiación combinada que prepare proyectos y distribuya riesgos; y gobernanza ambiental y social verificable. Ninguna requiere empezar de nuevo. Todas pueden ser integradas dentro de los mecanismos China-CELAC, los “Cinco programas”, los fondos existentes y las asociaciones entre empresas y universidades. 

Para convertir esa agenda en trabajo verificable, conviene establecer una plataforma anual de transición verde China-ALC. Su tarea no debe ser producir otra declaración, sino publicar una cartera de proyectos, identificar obstáculos y seguir indicadores comunes sobre conexión a la red, empleo, proveedores, emisiones, participación y formación. Los Gobiernos deben definir prioridades; las empresas y bancos deben informar sobre ejecución y riesgos; y las universidades y los centros de investigación deben aportar evaluación independiente. Aquello, sumado a una revisión periódica, permitirá corregir instrumentos, compartir soluciones entre países y dar continuidad a los compromisos más allá de cada proyecto. 

La cooperación sino-latinoamericana tiene escala, experiencia y complementariedades suficientes para contribuir de manera decisiva a la transición verde de la región. Su madurez, sin embargo, se demostrará cuando cada proyecto deje algo más que electricidad. Convertir proyectos en capacidades es el paso que puede transformar una suma de inversiones en una transición verdaderamente compartida.

*Yue Lin es profesor contratado doctor del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid.

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