LOS consumidores chinos están destinando cada vez más su gasto a experiencias, lo cual ha ayudado a impulsar la economía de la experiencia como un nuevo motor tanto en cantidad como en calidad del consumo. A medida que el nivel de vida ha continuado mejorando y la clase media ha seguido expandiéndose, la demanda se ha ido desplazando desde las necesidades básicas y los productos y servicios funcionales hacia aquellos que proporcionan disfrute.
En particular, los jóvenes consumidores que han crecido en la era digital prefieren experiencias únicas y participativas, y están dispuestos a pagar un precio superior por vivencias que les permitan escapar de la rutina diaria, sentirse creadores de la experiencia y generar contenido valioso para redes sociales. Este cambio de la compra de bienes a la adquisición de experiencias representa, en esencia, una transformación del consumidor: de comprador pasivo a co-creador de valor. Lo que adquieren ya no son los productos en sí, sino los recuerdos únicos, la resonancia emocional y la satisfacción psicológica que se generan en el proceso.
Detrás del auge de la economía de la experiencia se encuentran dos fuerzas impulsoras clave: la cultura y la tecnología. La cultura aporta un componente emocional insustituible al proceso de consumo. Ya sea paseando por pueblos antiguos vestidos con trajes tradicionales chinos, o elaborando una pieza de cerámica, los consumidores de experiencias interactúan con la historia y la cultura tradicional. Al mismo tiempo, la tecnología está ayudando a superar las limitaciones del tiempo y del espacio, transformando símbolos culturales estáticos en entornos inmersivos que involucran los cinco sentidos. Tecnologías de vanguardia como la realidad virtual, la realidad aumentada y los gemelos digitales están haciendo que la cultura sea más accesible y atractiva.
Para garantizar el desarrollo sostenible de la economía de la experiencia, muchos actores del mercado se están enfocando de forma continua en la calidad de sus productos. En esa línea, están también sacando provecho en profundidad de los abundantes recursos de la cultura local, y transformando propiedades intelectuales únicas —como características regionales, costumbres populares y patrimonio cultural inmaterial— en productos experienciales que generan ventajas competitivas distintivas. Asimismo, están construyendo mecanismos de colaboración creativa intersectorial, fomentando la cooperación entre instituciones culturales, artistas y entidades comerciales, y convirtiendo recursos culturales de alta calidad en contenidos, de modo que los consumidores no solo consuman, sino que también aprendan, comprendan historias y desarrollen vínculos emocionales.
El crecimiento de la economía de la experiencia es una prolongación del anhelo humano por una vida mejor, reflejando el paso del consumo material a la búsqueda de experiencias significativas y memorables. Todo ello contribuirá a impulsar el crecimiento y la resiliencia de la economía interna.