| Sociedad |
| Una aldea que abraza el presente mientras conserva sus tradiciones | |
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LA autopista fue terminada en 2015, y con ella se domó también el accidentado terreno que protege Qianhu, una aldea miao ubicada en Xijiang, provincia de Guizhou. De este modo, la nueva vía convirtió la localidad en uno de los sitios de turismo rural más populares de la región. Situada a unos 40 minutos de la ciudad de Kaili, la aldea de la etnia miao es una muestra más del desarrollo económico que ha sido impulsado en China en los últimos 60 años, revitalizado por los planes quinquenales bajo la dirección del presidente Xi Jinping.
16 de junio de 2026. Turistas disfrutan de un espectáculo de danza de la etnia miao en la aldea de Nangong, distrito de Leishan, prefectura autónoma de las etnias miao y dong de Qiandongnan, provincia de Guizhou. La aldea de Qianhu, ubicada en la prefectura autónoma de las etnias miao y dong de Qiandongnan, provincia de Guizhou, cuenta con el mayor número de habitantes de la etnia miao a nivel mundial. El lugar es un caserío donde el color marrón oscuro de las viviendas contrasta con los tonos de la naturaleza que rodea las estructuras de estilo tradicional, así como con los tonos alegres de los objetos que decoran las casas, las vestimentas y el sol que resplandece en los ornamentos de plata que engalanan a las mujeres. Compuesto por más de 1400 familias, los 6000 descendientes de la etnia exponen con orgullo una tradición de seiscientos años. Debido a las necesidades que ha impuesto el progreso, la aldea pasó de ser una economía netamente agrícola a una más diversificada, en la que el turismo se ha convertido en el brazo fuerte de los ingresos. “Se trata de una combinación de turismo y desarrollo rural, para que todos puedan compartir el fruto del desarrollo económico. El presidente Xi ha concedido mucha atención al desarrollo de nuestra aldea”, explica una de las guías de la localidad. Antes de 2008, el ingreso per cápita de los aldeanos era de apenas 1000 yuanes, mientras que en 2016 se disparó hasta alcanzar los 30.000. “El desarrollo del turismo ha ayudado a ofrecer más empleo. Esta aldea tiene 6000 habitantes, pero la economía basada en el turismo ha generado más de 20.000 puestos de trabajo”, agregó la joven. La aldea representa un vivo ejemplo de cómo impulsar la economía sin la necesidad de disfrazar las raíces culturales para adaptarlas a un público acostumbrado a las máscaras del desarrollo. En sus calles se pueden apreciar vestigios fidedignos de una historia centenaria, presentes en las cornamentas de buey y las alas de mariposas que decoran casi todas las edificaciones del pueblo, en los olores que viajan a través de sus calles y, sobre todo, en cómo los lugareños mezclan su cotidianidad ancestral con los servicios que ofrecen al visitante.
22 de mayo de 2026. Paisaje nocturno de la aldea de Qianhu en la prefectura autónoma de las etnias miao y dong de Qiandongnan, provincia de Guizhou. Fotos de Cnsphoto Fuerza y espiritualidad La aldea está compuesta principalmente por casas de tres pisos construidas en su mayoría de bambú. El arco que sirve de portal a la experiencia de la cultura miao está coronado por dos elementos clave en la cosmovisión de la etnia: cuernos de bueyes y mariposas. “Aquí”, explica la guía, “podemos ver los cuernos de buey, también hay una mariposa. La etnia miao es una etnia de agricultores, los cuernos de buey representan la fuerza, la fuerza que puede ayudar a la agricultura. Por otro lado, según la leyenda, las cabezas de los bueyes sirven de puente entre los habitantes de la aldea y los dioses”. En tanto, las mariposas representan las almas de los ancestros. Son entes entre el mundo espiritual y el material, así como mensajeras con la misión de transmitir orientaciones, esperanza o tranquilidad a los parientes que aún permanecen en este plano. Estos dos elementos se pueden observar por doquier en el pueblo. En el caso de las mariposas, se las ve posadas sobre los árboles y arbustos, recorriendo las calles en los estampados de los trajes de las mujeres, estáticas en las vasijas para la venta y en los cuadros que decoran las paredes de viviendas y restaurantes y, si se mira la aldea desde arriba, en los techos de las casas, cuyo diseño a dos aguas se asemeja a las alas de un enjambre a la orilla del río Baishui. Según la guía, el río Baishui es la madre de la aldea y su nombre se traduce como “agua cristalina”. En su recorrido por el pueblo, es atravesado por siete puentes, llamados “puentes de viento y lluvia” por los miao. De acuerdo a un mito local, las estructuras, además de servir a los transeúntes como protección contra las inclemencias del tiempo, son también un imán para las bendiciones individuales y para la comunidad. Por su parte, la madre de aguas cristalinas ha servido de sustento vital a cientos de generaciones de la aldea, especialmente cuando la economía dependía enteramente de la agricultura. Hoy, el río continúa proveyendo de nutrientes a los sembradíos de verduras y arroz, pero también destaca como modelo para las cámaras y teléfonos de turistas ansiosos por captar la esencian del paisaje bucólico del caserío y sus alrededores. Un universo añil Es probable que la visión integral que tiene del país le permitiera al presidente Xi observar el enorme potencial turístico de la cultura miao, por lo que en su visita a la aldea en 2021 destacó la calidad de su bordado y animó a sus habitantes a desarrollar esta actividad y potenciar la localidad como destino turístico. La indumentaria es un elemento que distingue a los miembros de la comunidad miao. La variedad de colores y tejidos tradicionales evidencian la riqueza artística de la etnia, y destacan, además, como un medio para transmitir cientos de años de historia. Al vestir, los miao son como libros expuestos con orgullo, cuyas páginas revelan la grandeza de sus antepasados. Los tejidos y bordados también son una muestra de la destreza propia de las mujeres miao. Los trajes son el resultado de un proceso que, por lo general, se inicia en la niñez y se va perfeccionando mediante la disciplina de quien está consciente del significado implícito de la labor que ejecuta. Cada puntada destaca la habilidad heredada, así como el rigor de una comunidad que está consciente del valor del legado ancestral y trabaja incansablemente para que perdure generación tras generación. La técnica de estampado batik (teñido con cera) es uno de estos legados; implica conocimiento, paciencia y destreza. Dado el grado de concentración que exige la técnica, durante el proceso los artesanos parecen monjes tibetanos creando mandalas de arena. Se trata de una práctica en la que converge el sentido material del trabajo y la experiencia mística de saberse portador y transmisor de conocimientos milenarios, y de lo que implica para el desarrollo presente y futuro de la comunidad. El batik de la etnia miao cuenta con dos técnicas: el punteado con cera y el pintado con cera. Las principales herramientas para la elaboración incluyen un cuchillo de cobre (lápiz de cera), tazones de porcelana, cuencos de agua, agujas grandes, agujas de hueso, paja de cereales, tinajas de tinte, entre otros. El método consiste en dibujar, con un cuchillo de cera derretida, los motivos sobre tejidos de fibras naturales como lino, seda, algodón o lana, para luego sumergirlos en una cuba de tinte de añil. Las áreas con cera no absorben el tinte, y al eliminar la cera, aparecen las formas protegidas por ella. El alma del batik está, por tanto, en las “grietas de cera”. Se trata de vetas de tinte causadas por la penetración desigual del colorante debido al plegado y agrietamiento de los bloques de cera, formando un patrón con un carácter abstracto. Las joyas de plata son los ornamentos de metal más importantes para los miao, siendo un complemento perfecto que compite en belleza y resplandor con los llamativos trajes tradicionales que lucen las mujeres de la aldea. El sonido de cientos de generaciones Eran las cuatro de la tarde y los turistas abarrotaban los cincos niveles de las gradas de piedra que bordean la gran plaza circular de la aldea. Ni el inclemente sol ni la espera restaron audiencia a la muestra cultural de la etnia miao. Cuando cesó la música desde los parlantes, una mujer delgada, con indumentaria tradicional y un vistoso tocado con dos astas de buey, confeccionadas en plata, caminó hacia el centro del recinto y comenzó a hablar por el micrófono inalámbrico. En chino, explicó lo que veríamos y se retiró para darle paso a los sonidos agudos de melodías paralelas del lusheng. En la etnia miao, el lusheng es un sistema de música y danza que debe su nombre al instrumento de viento confeccionado con tubos delgados de bambú incrustados en una caja de resonancia. Al soplar el más corto de ellos, el cual termina en una especie de lengüeta, se producen simultáneamente dos melodías de sonidos agudos similares al de un cornetín. El espectáculo de aproximadamente una hora incluyó danzas y cantos tradicionales, rituales de cortejo y matrimonio, y celebraciones festivas, interpretados por mujeres y hombres, quienes con pasos cortos y acompasados seguían el ritmo de las melodías que emanaban de los lusheng. Al culminar, siguió un baile comunitario al que invitaron a participar a un público ansioso por ser parte de la historia miao. Para la etnia, la música y la danza son otra forma de transmitir su cosmovisión. Son una ventana para que el visitante conozca los sonidos que los identifican y que hacen que los cuerpos de los niños, jóvenes, adultos y ancianos de la comunidad, por momentos, se conecten con la memoria ancestral y traigan al presente las historias de cientos de generaciones. Se estima en 12 millones el número de descendientes de la etnia miao en todo el mundo. Solo en China hay algo más de nueve millones. Actualmente, la base del crecimiento económico del pueblo es la exposición de su cultura. La comunidad miao se ha ido adaptando a un mundo de cambios acelerados, pero siempre tratando de mantener la identidad que los distingue. *Romer Viera es jefe del departamento de redacción del periódico venezolano Correo del Orinoco. |
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