| Sociedad |
| Un encuentro con China desde América Latina | |
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CHINA siempre se ha dibujado de manera difusa desde Occidente: una cultura milenaria, hogar de la seda y el té; un país inmenso poblado por millones de personas que hablan un idioma complejo; y la mayor fábrica de productos del mundo. Desde Occidente, China suele aparecer como un enigma y, en vez de intentar descifrarlo, recurrimos a conclusiones simples que nos tranquilizan, pero que no necesariamente ofrecen un entendimiento completo de lo que es este país o esta región del mundo. Esta concepción lejana se intensifica en América Latina y el Caribe, donde existe poca investigación y escaso conocimiento sobre China, especialmente fuera de los círculos académicos, aun cuando compramos productos chinos con frecuencia y en todos nuestros países hay comunidades chinas o sino-descendientes que han dejado huella a través de su gastronomía —aunque adaptada o fusionada— y sus comercios.
Foto grupal de participantes del Seminario sobre el Desarrollo de la Capacidad de Gobernanza para América Latina. Foto cortesía del autor Un maravilloso país Esta distancia también está arraigada en nuestras idiosincrasias. En Colombia, mi país, “China” suele utilizarse como metáfora de lo extraño, remoto o incomprensible; así, es común escuchar expresiones como “queda por la China”, “me hablas en chino” o “eso me suena a cuento chino” para referirse a algo lejano o difícil de entender. Y si bien la distancia geográfica es real, la globalización y el desarrollo tecnológico —que han acortado las distancias— no han aumentado proporcionalmente lo que conocemos sobre esta región del mundo. Sí, hoy contamos con herramientas que nos permiten saber más de cualquier lugar: vimos los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, crecimos con la película Mulan de Disney, escuchamos con frecuencia discursos de líderes políticos como el presidente Xi Jinping, observamos fotografías de mandatarios latinoamericanos estrechando manos con sus contrapartes chinas, y cada vez más viajeros y creadores de contenido nos muestran en TikTok, Instagram, X o YouTube la vida en China: los rascacielos de Shanghai, la singular infraestructura de Chongqing, los desfiles culturales y militares en Beijing, los mercados de Guangdong, Nanchang o de las Regiones Administrativas Especiales de Hong Kong y Macao, la innovación en Shenzhen, la diversidad cultural de Chengdu, lo remoto y fascinante de la región autónoma uigur de Xinjiang, los paisajes montañosos de Xizang y, por supuesto, los tiernos y juguetones pandas. Incluso con plataformas de comercio electrónico chinas que se han masificado en nuestras sociedades, como Shein, Temu o AliExpress, China sigue siendo un gigante poco conocido y poco comprendido por nuestros pueblos.
24 de abril de 2026. Un influencer extranjero hace un vídeo frente al stand de Great Wall Motors, en el que muestra el modelo Tank 700 durante la Exposición Internacional Automotriz de Beijing 2026, en Beijing. Wei Yao Una visita necesaria para una mayor comprensión Las razones son históricas, geopolíticas, geográficas y mediáticas. Pero, sobre todo, como sucede al intentar comprender cualquier otro país cuyas culturas difieren profundamente de la propia, la realidad es que es difícil entenderla sin interactuar con su gente —algo complejo cuando las comunidades chinas en nuestros países suelen estar relativamente aisladas y tener pocas interacciones más allá de las comerciales— y sin visitarla directamente. Esta máxima “si no lo visitas, no lo comprendes plenamente” es válida para cualquier país, pero en el caso de América Latina frente a China se acentúa aún más. Entre nuestros países vecinos, con ciertas excepciones como Surinam o Guyana, compartimos rasgos comunes derivados de historias y lenguas con raíces similares (español y portugués) y de elementos culturales afines, incluso en el Caribe no hispanoparlante. A ello se suma que consumimos mayoritariamente entretenimiento estadounidense, y buena parte de nuestro marco cultural también proviene de Europa, con la que nos une un vínculo colonial. Otras regiones del mundo, aunque distantes, nos resultan menos ajenas gracias a migraciones históricas y legados culturales, como África y Medio Oriente. Pero con China, los vínculos han sido más limitados, incluso pese a la importante ola migratoria china llegada al continente en distintos momentos; ello refuerza la idea inicial: es muy difícil comprenderla sin conocerla. A esta conclusión llegué tras recorrer Beijing y algunas zonas de la provincia de Zhejiang durante el otoño del hemisferio norte de 2025. Por mi profesión conocía más de China que el promedio de las personas en nuestra región: desde la academia había estudiado su historia, su sistema político, su desarrollo económico y su creciente influencia global. Sin embargo, siento que en 14 días comprendí más de China que en mis 10 años estudiando y ejerciendo mi profesión; vivirla en carne propia es distinto a observarla desde libros o pantallas. Participar en un seminario sobre gobernanza y modernización en China nos permitió aprender sobre la visión china del gobierno y el desarrollo. Pero creo que la mayor lección provino de lo que vivimos: recorrer sus calles, interactuar con sus habitantes, admirar su infraestructura, comprar en sus mercados, probar su gastronomía, visitar lugares históricos, quedar anonadados ante la Gran Muralla, reconocer el acelerado desarrollo de sus comunidades, entender las dinámicas económicas y comerciales de sus pueblos y ciudades, observar cómo las comunidades se organizan desde la base para resolver sus problemas, contemplar en calma sus templos, admirar los trajes típicos de las 56 etnias que componen el mosaico cultural chino, apreciar sus paisajes y brindar con nuestros anfitriones, quienes nos mostraron de primera mano la amabilidad del pueblo chino.
22 de abril de 2026. Una pareja extranjera se toma una foto frente al Área Escénica de Hongyadong, en el distrito de Yuzhong de Chongqing, en el suroeste de China. Xinhua Un recuerdo hermoso e innovidable Sin duda alguna, China es un país inmenso, complejo y diverso. Aunque solo conocí una pequeña parte, la experiencia me permite compartir esta visión con colegas, amigos y allegados; y, desde lo profesional, contribuir al fortalecimiento de procesos institucionales y a la apertura de oportunidades de cooperación. Sin embargo, con palabras, propuestas y fotografías solo alcanzo a ofrecer una dimensión parcial de lo que implica este ejercicio de comprensión. China dejó de ser para mí un país lejano, pero al mismo tiempo adquirió esa cualidad que se ubica entre la realidad y la nostalgia: la sensación de atravesar un puente entre civilizaciones, de cruzar hacia un mundo distinto y, sin embargo, conectado con el nuestro mediante múltiples lazos de amistad y encuentro. Mi entendimiento sobre China es hoy más profundo, pero exige seguir estudiando e interactuando, porque es un país no homogéneo sino extraordinariamente diverso; porque su visión del poder político surge de un proceso histórico particular que, como el de muchos pueblos, ha sido doloroso; porque administrar a más de 1400 millones de personas implica retos y particularidades contextuales que han moldeado su presente; porque su modernización ha sido un camino no lineal, lleno de ensayos, errores y aprendizajes; porque su filosofía milenaria permea su manera de pensar; y porque una civilización de semejante magnitud no se construyó de un día para otro. Como todas, es una sociedad de múltiples capas, cuyo mayor valor reside en el ímpetu y el espíritu de progreso de su gente, en una visión colectiva y solidaria de la vida y en una educación basada en la planificación y la mirada a largo plazo, rasgos que caracterizan a ese “gran dragón del este”. La invitación final es aquella que ha atravesado estas líneas: está bien estudiar China a través de fuentes noticiosas y académicas, pero visitarla, recorrerla y observarla directamente es fundamental para profundizar el entendimiento. Se hace necesario volver y descubrir otros rincones de ese vasto territorio, vivir de primera mano la inmensa diversidad de sus pueblos, comidas, monumentos, arquitectura y naturaleza. Ese “reino central”, zhongguo (China), ofrece un universo que merece ser explorado y que invita a seguir fortaleciendo ese “puente entre civilizaciones”, especialmente desde la lejana América Latina, que hoy —cada vez más—estrecha sus lazos comerciales y culturales con este país. *José Fernando Osorio Pereira es internacionalista y experto colombiano en cooperación internacional y en gestión de proyectos. Fue participante en el Seminario sobre el Desarrollo de Capacidad de Gobernanza para América Latina, organizado por el Ministerio de Comercio de China en noviembre de 2025. |
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