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| De disruptor tecnológico a legislador | |
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EL desarrollo de la IA ya no se trata simplemente de una competición tecnológica. Se ha convertido en una pugna por poder económico, estándares industriales, influencia geopolítica y, en última instancia, normas que regirán la próxima fase de la globalización. En un primer momento, parecía que Estados Unidos estaba destinado a dominar este campo a través de empresas como OpenAI, Anthropic, Google y Meta. Hoy, sin embargo, se perfila un panorama diferente. China ya no se conforma con reducir la brecha tecnológica, sino que desea desempeñar un papel más importante en la construcción del ecosistema mundial de la IA. Este cambio quedó especialmente patente en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial 2026, celebrada en Shanghai del 17 al 20 de julio, donde el presidente chino, Xi Jinping, presentó lo que podría considerarse la muestra más explícita hasta la fecha de la estrategia a largo plazo de China en materia de IA. Su discurso se alineó con la serie de logros tecnológicos alcanzados por empresas chinas, lo que puso de relieve el avance conjunto del progreso tecnológico y diplomático.
19 de julio de 2026. Robots humanoides y AMR (robots móviles autónomos) realizan una muestra de clasificación de productos durante la WAIC 2026. Xinhua Competitividad tecnológica El momento elegido no fue en absoluto casual. Apenas un día antes, la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, siglas en inglés) inició oficialmente su andadura con 29 países fundadores. Xi describió la organización como “un hito importante en la historia de desarrollo de la IA”, en la que los países en desarrollo deben convertirse en participantes activos, en lugar de consumidores pasivos, de esta tecnología. De este modo, China presentó la WAICO no solo como otra institución internacional, sino como una plataforma a través de la cual los países del Sur Global puedan participar en la configuración de la gobernanza de la IA. Xi describió la IA como una revolución tecnológica a la altura de la invención de la máquina de vapor o la electricidad. Sin embargo, a diferencia de las revoluciones industriales del pasado, lideradas principalmente por países occidentales, China aboga por un enfoque más inclusivo centrado en la colaboración tecnológica abierta. La piedra angular de esta estrategia es la IA de código abierto, o, más precisamente, de pesos disponibles públicamente. Esta visión ganó una credibilidad considerable con la presentación del sistema Kimi K3 de la startup tecnológica china Moonshot AI. Con 2,8 billones de parámetros —los valores internos que ayudan a un modelo de IA a aprender y generar respuestas—, Kimi K3 se ha convertido en el mayor modelo de IA chino hasta la fecha. Según datos comparativos publicados por la empresa, el modelo superó al GPT-5.5 de OpenAI y al Claude Opus 4.8 de Anthropic en numerosas evaluaciones en rendimiento de programación y en capacidades de agentes de IA. Aunque los parámetros no determinan la calidad del modelo, siguen siendo un indicador importante de la escala computacional. Los analistas del sector estiman que el modelo insignia de Anthropic contiene entre 1,5 billones y 2 billones de parámetros, lo que sugiere que los desarrolladores chinos se encuentren compitiendo en la vanguardia de la ingeniería de modelos de última generación. Lo mismo ocurre con el modelo de licencia de Kimi K3. A diferencia de los sistemas propietarios desarrollados por las principales empresas estadounidenses, Kimi K3 ha sido lanzado como un modelo de pesos disponibles públicamente, lo que permite a empresas, universidades y desarrolladores de todo el mundo descargarlo, personalizarlo e implementarlo localmente. Para muchas economías emergentes, esto reduce drásticamente la barrera financiera que supone la adopción de capacidades avanzadas de IA. Esto representa un profundo contraste estratégico. Los líderes estadounidenses en IA dependen cada vez más de modelos de negocio propietarios respaldados por inversiones masivas en infraestructura de semiconductores, centros de datos a hiperescala y capacidad informática especializada. Estas inversiones ascienden a cientos de miles de millones de dólares y requieren precios elevados para generar rendimientos aceptables. Los desarrolladores chinos, en cambio, han apostado por sistemas de código abierto relativamente económicos y que pueden ser adoptados rápidamente por otros países. La historia reciente demuestra que liderar en tecnología no garantiza el éxito en el mercado. El liderazgo de China en paneles solares, baterías de energía, telecomunicaciones y vehículos eléctricos ha puesto de relieve cómo la escala de fabricación, la reducción de costes y la rápida comercialización pueden transformar las industrias globales. Es posible que la IA esté entrando ahora en una fase similar. Moonshot no es un caso aislado. Anteriormente, DeepSeek, otra startup china de IA, demostró que se pueden entrenar modelos de lenguaje grandes y altamente competitivos a un costo significativamente más bajo de lo que se creía anteriormente. De manera similar, el GLM-5.2 de Z.ai, lanzado en junio, recibió elogios del destacado inversor de Silicon Valley, Marc Andreessen, quien lo describió como el primer modelo chino capaz de igualar —y, con frecuencia, superar—los sistemas estadounidenses disponibles públicamente sin concesiones significativas. En conjunto, estos avances han puesto en duda una de las suposiciones más arraigadas en el ámbito tecnológico mundial: que China va de ocho a doce meses por detrás de Estados Unidos en cuanto a capacidades punteras en IA. Un llamado a compartir derechos A nivel diplomático, Xi busca convertir estos logros tecnológicos en influencia institucional. Su propuesta posiciona a China como líder en la defensa de los países en desarrollo que aspiran a una mayor participación en la gobernanza de la IA. China se ha comprometido a llevar a cabo iniciativas de formación en IA, ayuda técnica y centros internacionales de cooperación para la aplicación de la IA con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la Liga de Estados Árabes, la Unión Africana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Organización de Cooperación de Shanghai y el BRICS. En lugar de limitar la cooperación en materia de IA a acuerdos comerciales, China está planteando cada vez más la capacidad tecnológica como un bien público global. Este enfoque contrasta marcadamente con la estrategia de Washington. Estados Unidos sigue haciendo hincapié en las alianzas tecnológicas de confianza entre las economías avanzadas, al tiempo que ha endurecido los controles de exportación de semiconductores avanzados y tecnologías de IA de vanguardia. Por su parte, China ha calificado estas restricciones como un intento de erigir un “telón de acero de la IA” que limita el acceso a la tecnología para gran parte del mundo en desarrollo. En este contexto, el discurso de Xi transmitió un mensaje geopolítico más amplio de que China no solo pretende competir dentro de un marco de IA liderado por Estados Unidos, sino también ayudar a definir las normas que rigen la propia IA. Al mismo tiempo, el país asiático ha reconocido los crecientes riesgos asociados a los sistemas de IA más avanzados. En esa línea, Xi hizo hincapié en la importancia del control humano sobre estos sistemas y llamó al establecimiento de mecanismos internacionales de alerta temprana y respuesta ante emergencias para hacer frente a posibles crisis relacionadas con la IA. Sus comentarios constituyen la postura pública más explícita de China hasta la fecha sobre la gobernanza y la seguridad de la IA. El entorno internacional refleja esta creciente competición. Durante los recientes debates de la ONU sobre la IA, Estados Unidos promovió un marco regulador relativamente laxo, que, según se afirma, favorece la maximización de la innovación, al tiempo que China abogó por las tecnologías de código abierto para reducir la desigualdad global en el acceso a la IA. Durante gran parte de esta era digital, Estados Unidos ha determinado en gran medida tanto los estándares tecnológicos como los principios de gobernanza. La IA podría convertirse en la primera tecnología importante en la que ese dominio sea cuestionado abiertamente por otra potencia mundial con capacidades científicas comparables, una enorme capacidad industrial y una influencia diplomática creciente. Aún no está claro si China se convertirá en la potencia líder en la carrera mundial por la IA. Las empresas estadounidenses siguen liderando áreas clave como el diseño de semiconductores y la investigación básica. Sin embargo, los recientes avances de los desarrolladores chinos y los audaces esfuerzos diplomáticos de China sugieren un cambio significativo en el debate general. La cuestión ya no es si China puede competir en el ámbito de la IA. La pregunta más trascendental es si el orden mundial emergente en materia de IA acabará siendo moldeado por una única superpotencia tecnológica o por ecosistemas en competencia que ofrezcan diferentes modelos de innovación, gobernanza y cooperación internacional. *Djoomart Otorbaev es ex primer ministro de Kirguistán, profesor distinguido de la Escuela de la Franja y la Ruta de la Universidad Normal de Beijing y autor del libro Central Asia’s Economic Rebirth in the Shadow of the New Great Game. |
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