Sociedad
La Gran Marcha: un milagro de la humanidad
2026-10-29    Fuente: Centro para las Américas    Autor: XI WEN

EN 1934, un ejército partió del sureste de China y fue abriéndose paso en medio de persecuciones y bloqueos. Por delante le aguardaban ríos caudalosos, montañas nevadas de aire enrarecido y pantanos donde apenas se podía pisar terreno firme. También afrontaba preguntas aún sin respuesta: ¿cómo preservar sus fuerzas, dónde establecer una nueva base de apoyo revolucionaria y cómo encontrar una salida para una China sumida en la crisis? 

Así comenzó la Gran Marcha. Si hubiera que elegir un episodio de la historia moderna de China para comprender cómo el país ha llegado a ser lo que es hoy, la Gran Marcha sería, sin duda, uno de los más importantes. Entre 1934 y 1936, diversas unidades del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China, bajo la dirección del Partido Comunista de China (PCCh), realizaron sucesivos desplazamientos estratégicos, hasta lograr la reagrupación de sus fuerzas principales. Noventa años después, este episodio histórico sigue siendo una importante ventana para conocer China. No solo explica cómo la revolución china logró superar una grave crisis, sino que también ayuda a comprender por qué el hecho de haber mantenido la independencia y la autonomía, haber buscado la verdad en los hechos, haber luchado bajo un frente unido y haberse apoyado en el pueblo ocupan un lugar tan relevante en la vida política y social de China.

22 de septiembre de 2026. La escultura El Ejército Rojo cruzando las praderas durante la Gran Marcha, obra colectiva realizada en 1960 por la Academia de Bellas Artes de Sichuan, exhibida en la muestra “La gran expedición: 90.º aniversario de la victoria de la Gran Marcha del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China”, inaugurada en el Museo Militar de la Revolución Popular China, en Beijing. Wei Yao

Supervivencia y búsqueda de una salida en crisis 

La Gran Marcha fue, ante todo, un desplazamiento estratégico militar. Entre octubre de 1934 y el mismo mes de 1936, diversas unidades del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China, bajo la dirección del PCCh, dejaron sucesivamente sus bases de apoyo originales y fueron avanzando por distintas regiones del país para derribar el cerco y hacer frente a las ofensivas de las tropas del partido Kuomintang (KMT). El recorrido más conocido fue el del Ejército Rojo Central, que cubrió 25.000 li, equivalentes a unos 12.500 kilómetros. 

El contexto de esta expedición fue la profunda crisis que atravesaba China en aquel tiempo. En 1927, el KMT y el PCCh dejaron de cooperar, y el PCCh comenzó a explorar el camino de la lucha armada y la revolución agraria. Tras los reveses sufridos en los levantamientos urbanos, los comunistas se orientaron progresivamente hacia las zonas rurales, donde establecieron bases de apoyo revolucionarias, organizaron el poder político local, movilizaron a la población y mantuvieron sus fuerzas armadas. 

Mientras tanto, las tropas del KMT lanzaron continuas ofensivas militares contra estas bases. En 1934, fracasó la quinta lucha de la Base de Apoyo Revolucionaria Central contra la campaña de “cerco y aniquilamiento”, y el Ejército Rojo Central se vio obligado a retirarse. Al mismo tiempo, la agresión japonesa agravaba cada vez más la crisis nacional. Fue en este contexto adverso donde se emprendió la Gran Marcha para preservar las fuerzas y buscar una salida. 

En octubre de aquel año, más de 86.000 personas, entre efectivos del Ejército Rojo Central y personal de los organismos centrales, cruzaron los ríos desde Yudu y otros lugares de la provincia de Jiangxi y avanzaron hacia el oeste. Tras la batalla del río Xiangjiang, en la actual región autónoma de la etnia zhuang de Guangxi, los efectivos del Ejército Rojo Central se redujeron drásticamente a poco más de 30.000. Se encontraban en una situación crítica y necesitaban urgentemente ajustar su estrategia y el rumbo de sus operaciones.

2 de octubre de 2026. Turistas visitan la sede de la Reunión de Zunyi. Xinhua

Avanzando entre cambios de dirección y peligros 

Entre el 15 y el 17 de enero de 1935, se celebró la Reunión de Zunyi, provincia de Guizhou, en la que los participantes corrigieron los errores de la dirección militar de la época y ratificaron los principios militares de Mao Zedong. Fue también en esta reunión cuando Mao fue elegido miembro del Comité Permanente del Buró Político del PCCh. La reunión marcó un importante punto de inflexión en la Gran Marcha. 

A partir de entonces, el Ejército Rojo pudo moverse con mayor flexibilidad entre las provincias de Guizhou, Sichuan y Yunnan. Además de romper el cerco militar, el Ejército Rojo debió afrontar las duras condiciones naturales. En 1935, el Ejército Rojo Central cruzó la montaña Jiajin, cubierta de nieve y de más de 4000 metros de altitud, con aire enrarecido y condiciones climáticas que cambiaban repentinamente. Para los lectores familiarizados con los Andes, no resulta difícil imaginar el frío y la falta de oxígeno a semejante altitud. Los soldados debían, además, seguir avanzando con sus armas y atender a los heridos, sin ropa de abrigo suficiente, alimentos ni atención médica. Tras las montañas nevadas llegaron las praderas de la meseta, con extensas zonas pantanosas. Cuando se agotaron las provisiones, algunos soldados se alimentaron de plantas silvestres e incluso hirvieron cinturones de cuero para comerlos. En las gélidas noches, se apiñaban para apoyarse y protegerse del viento y la nieve con el calor de sus cuerpos. El hambre, las enfermedades y el agotamiento amenazaban sus vidas, al igual que el fuego enemigo. 

En esas condiciones, el apoyo del pueblo resultó vital. La historia de la “media manta”, que sigue contándose hasta nuestros días, ilustra el importante vínculo entre el ejército y el pueblo. En 1934, tres mujeres del Ejército Rojo se alojaron en casa de la campesina Xu Jiexiu, en Rucheng, provincia de Hunan. Al partir, cortaron en dos la única manta que tenían y le dejaron la mitad. En medio de la escasez y ante los peligros futuros, aquel gesto de solidaridad resultaba especialmente valioso. La historia de la Gran Marcha no se compone únicamente de comandantes y batallas, sino también de los cuidados que innumerables personas corrientes se brindaron unas a otras en la adversidad. 

En octubre de 1935, el Ejército Rojo Central llegó al norte de Shaanxi. En octubre de 1936, los Tres Grandes Ejércitos de Frente del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China (el Primer Ejército del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China, el Segundo Ejército de Frente del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China y el Cuarto Ejército de Campo del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China) se reunieron sucesivamente en Huining, Jiangtaipu y otros lugares, lo que marcó la culminación victoriosa de la Gran Marcha.

Junio de 1935. Fotografía de archivo que muestra al Ejército Rojo cruzando la montaña Jiajin durante la Gran Marcha. Xinhua

La historia de China, una ventana para el mundo 

La Gran Marcha no tardó en generar repercusión internacional. En 1936, el periodista estadounidense Edgar Snow viajó al noroeste de China, donde entrevistó personalmente a dirigentes del PCCh y a soldados del Ejército Rojo. Su libro Estrella roja sobre China, publicado al año siguiente, dio a conocer al mundo los testimonios de quienes habían vivido aquella experiencia.Aquellos relatos dieron un rostro humano a una expedición que, para muchos lectores, había ocurrido en tierras lejanas. Kong Xianquan, el primer curador de la sala conmemorativa de la Reunión de Zunyi y veterano del Ejército Rojo, nació al seno de una familia campesina de Liuyang, en la provincia de Hunan. Cuando se incorporó a la revolución, sus aspiraciones eran sencillas: tener suficiente comida y encontrar un ejército que no maltratara a la gente, como hacían las tropas del KMT. A partir de su experiencia, no resulta difícil comprender que los grandes ideales revolucionarios se entrelazaron, precisamente en el camino de la Gran Marcha, con los anhelos más sencillos del pueblo. 

Con el tiempo, la Gran Marcha trascendió el ámbito de la historia militar y pasó a formar parte de una memoria colectiva que sigue presente hasta el día de hoy. El espíritu de la Gran Marcha abarca tanto la firmeza en los ideales y el valor ante las adversidades como la capacidad de partir de la realidad para tomar decisiones, mantener la unidad y apoyarse en el pueblo. No se trata de ensalzar el sufrimiento en sí mismo, sino de comprender cómo las personas mantienen sus objetivos en medio de las dificultades y encuentran la manera de seguir adelante. Cuando hoy China emplea la expresión de una “nueva Gran Marcha”, apela también a esta historia para señalar que el desarrollo del país aún requiere un esfuerzo de largo aliento. 

Este año se cumple el 90.º aniversario de la victoria de la Gran Marcha del Ejército Rojo. Acercarse a esta historia no exige memorizar los nombres de todos los lugares y de todas las batallas. Lo que resulta más importante es comprender cómo, a lo largo de aquel camino, un grupo de personas afrontó el fracaso, corrigió el rumbo y mantuvo viva la esperanza mediante la organización y el apoyo mutuo, hasta convertir un difícil desplazamiento estratégico en una expedición que cambió el destino de China.

4 de julio de 2026. Vista del casco distrital de Luding, en la prefectura autónoma tibetana de Garze, provincia de Sichuan, por donde el río Dadu atraviesa. Wei Yao

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