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| Huellas rojas de la Gran Marcha en Sichuan | |
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Tal vez no había habido un misterio mayor entre las naciones, ni una leyenda más confusa, que la historia de la China roja. Algunos negaban que existiera algo como el Ejército Rojo: eran solo unos miles de bandidos hambrientos. Miles de campesinos, trabajadores, estudiantes y soldados se unieron al Ejército Rojo en su lucha armada. ¿Por qué? ¿Cómo eran los comunistas chinos? ¿En qué se parecían y en qué se diferenciaban de los comunistas o socialistas de otros países? ¿Qué los hacía pelear de esta forma? ¿Qué los sostenía? ¿Cuáles eras las esperanzas, las metas y los sueños que los habían convertido en aquellos guerreros increíblemente obstinados?”
10 de julio de 2026. Monumentos al Ejército Rojo en la gran pradera de Riganqiao, en la prefectura autónoma de las etnias tibetana y qiang de Aba, Sichuan. Wei Yao Estas eran algunas de las preguntas que se hacía el periodista Edgar Snow en 1936. Tras los encuentros y conversaciones surgidos durante su recorrido a lo largo de la llamada “China roja”, hablando con soldados, líderes como Mao Zedong o Zhou Enlai, y también campesinos, el autor publicó una serie de artículos que se reunirían bajo el título Estrella roja sobre China. En uno de los fragmentos, tras haber entrevistado a varios jóvenes campesinos que se habían unido al Ejército Rojo, el autor señalaba que “a pesar de que la tragedia había tocado sus vidas, me parecían bastante felices y tal vez eran el primer grupo conscientemente feliz de proletarios chinos que yo veía”. La Gran Marcha constituye una de las hazañas más épicas de la humanidad. Las reflexiones de Snow se acercan a una de las incógnitas que rodean a este evento: ¿cuál es el espíritu de la Gran Marcha? ¿Qué hizo que miles de soldados recorrieran los territorios más hostiles del país, enfrentando innumerables amenazas, peleando contra un ejército más grande que el suyo, y, aun así, saliesen victoriosos de todo ello?
5 de julio de 2026. El joven Song Fan posa después de la entrevista. Álvaro Lorite López ¿Qué fue la Gran Marcha? En 2026 se cumplen 90 años de la culminación de la Gran Marcha, uno de los episodios más significativos de la historia de la fundación de la Nueva China y del Partido Comunista de China (PCCh). La Gran Marcha fue un movimiento estratégico de retirada, reagrupación y reorganización del Ejército Rojo. Esta travesía fue fundamental para que el Ejército Rojo estableciera contactos y alianzas con campesinos y minorías étnicas de zonas rurales muy alejadas de los principales centros políticos. No se trató de un solo camino, ya que bajo este nombre se agruparon los distintos recorridos que hicieron distintas formaciones del Ejército Rojo. Aunque es difícil establecer cifras exactas ya que estas varían según las fuentes, al considerar todos los ejércitos, partieron alrededor de 200.000 personas, de las cuales tan solo consiguieron llegar a reunirse en Yan’an unas 50.000 en 1936, dos años después de la partida del primer grupo en 1934. Respecto a la extensión de la ruta, de nuevo es difícil establecer cifras con precisión. Diversas fuentes señalan un recorrido de alrededor de 12.500 kilómetros, partiendo desde la provincia oriental de Jiangxi y recorriendo a pie toda la zona sur hacia las cordilleras montañosas del oeste, atravesando provincias como Fujian, Guangdong, Guizhou, Yunnan, Sichuan y Gansu, hasta llegar a la ciudad de Yan’an, donde se estableció la base del Comité Central del PCCh, desde la que se coordinó la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa.
4 de julio de 2026. Vista aérea sobre el puente de Luding, uno de los puntos cruciales de la Gran Marcha, hoy visitado por turistas. Wei Yao Puentes y túneles para la vigorización rural Una de las cumbres más altas que copó el Ejército Rojo durante la Gran Marcha fue la montaña Jiajin, cuyo pico alcanza más de 4000 metros de altura. El 11 de junio de 1935, los soldados del Cuarto Regimiento de la Segunda División del Primer Cuerpo del Ejército Rojo llegaron al pie del monte Jiajin. Hoy se puede acceder a la cima serpenteando por estrechas carreteras asfaltadas que cruzan las verdes montañas de la zona oeste de Sichuan. Junto a una de las entradas del túnel de Jiajin trabaja La Mu, que fue contratada para la realización de obras en una estación de servicio. “Cuando éramos jóvenes, había ocasiones en las que ni podíamos comer lo suficiente. Ahora es increíble que hayamos llegado a esto y me siento agradecida y contenta”, señaló a China Hoy. “El túnel ha traído muchos beneficios, como poder viajar a estas zonas en invierno y poder extender nuestras familias. En invierno estas montañas se cubren de nieve y todos los pueblos quedaban aislados. Las montañas eran demasiado altas y los bosques demasiado densos para cruzarlos”, añadió. Si hoy se puede acceder fácilmente a esta zona es gracias a las infraestructuras clave para el desarrollo de las zonas montañosas: los túneles y los puentes. La ruta G318 es una carretera que parte desde Shanghai y llega hasta Llasha, en la región autónoma de Xizang. Los espectaculares paisajes de enormes y verdes praderas, imponentes cumbres nevadas y lagos de azul profundo en el tramo Sichuan-Xizang de la carretera lo han convertido en uno de los principales destinos para los amantes de la fotografía de naturaleza. También ha comenzado a crearse cierta cultura de amantes de las curvas en la carretera, que tratan de realizar el desafío de recorrer esta zigzagueante senda en 11 días. La moderna ruta G318 empezó a construirse en 1950 y se inauguró el 25 de diciembre de 1954. Más de 300.000 personas, entre ingenieros, soldados y civiles, participaron en su construcción. Debido a la dureza impuesta por las condiciones naturales, se estima que murieron más de 4000 personas, que hoy son consideradas héroes nacionales. A lo largo de toda la ruta existen monumentos que conmemoran su sacrificio, igual de necesario que el que realizaron los soldados del Ejército Rojo. Esta carretera ha posibilitado el desarrollo y la prosperidad en toda la región a lo largo de décadas. Siguiendo la ruta de la Gran Marcha, en la pequeña aldea de Chuni, situada en el distrito de Luding, en la prefectura autónoma tibetana de Garze, dos aldeanos explicaron cómo el desarrollo de la infraestructura había posibilitado la venta de sus cerezas rojas en toda China a través de Internet. “Tenemos 24 hectáreas repartidas entre las familias del pueblo, y al año producimos entre 250.000 y 300.000 kilogramos. Con el precio promedio que tenemos acordado, salen unos ingresos de alrededor de 2 millones al año. Nuestras cerezas son únicas por su calidad, por eso las vendemos más caras. Nuestro objetivo ahora es atraer a gente que venga aquí a conocer el pueblo y comprarlas”. Además, los aldeanos hablaron de cómo han intentado combinar la agricultura verde y sostenible con la cultura roja para seguir atrayendo a gente. “Durante la Gran Marcha, para ahorrar tiempo, los soldados llevaban arroz crudo en sus bolsillos, dejaban que se empapase durante un tiempo con la lluvia, e iban comiéndolo durante el camino. Anécdotas como estas quedaron reflejadas en las canciones populares que seguimos cantando en Luding y sus aldeas o en forma de historias que nos contaban de pequeñas”, añadieron. Hua Xinming es uno de los cuadros del PCCh implicados en este desarrollo desde hace décadas en el área de Luding. Desde una zona de acampada desde la que se vislumbra el puente nuevo del tren, explicó cómo el proyecto se había logrado llevar a cabo gracias a la coordinación de las fuerzas locales con gobiernos de distintos niveles. “Nuestra labor no es solo de hacer propaganda histórica de las hazañas de la Gran Marcha. Hemos establecido durante años diversos planes y proyectos en los que los habitantes se han involucrado de forma directa”, relató.
7 de julio de 2026. La familia de Puwaduoji descansa y almuerza en una de las praderas de la montaña Mengbi, junto a una estatua que recuerda el paso de la Gran Marcha. Álvaro Lorite López Turismo rojo y retorno de la juventud Song Fan es un joven de 21 años que vive en las montañas de Luding y acababa de regresar a su aldea natal con motivo de las vacaciones de verano de la universidad, donde estudia ingeniería. “Para mí, la cultura de la Gran Marcha ha tenido una gran influencia. Luding es una zona imbuida por la cultura roja. Mucha gente viene a visitar nuestra ciudad debido a ello, lo que ha desarrollado el turismo y otras economías asociadas”, manifestó, al tiempo que añadió que la vida había mejorado mucho desde la época en la que sus abuelos eran jóvenes. Recorriendo las rutas rojas que serpentean en las verdes laderas de la montaña Mengbi, nos encontramos con una familia ganadera de etnia tibetana que se disponía a comer junto a un monumento dedicado al Ejército Rojo en la montaña. Puwaduoji, un joven de 21 años con el pelo teñido de amarillo que estudia ingeniería aeronáutica en la Universidad de Chengdu, habló de su deseo de regresar a casa una vez que acabase sus estudios: “El aire es mejor aquí y puedo hablar en mi lengua materna tibetana con mi familia y amigos. Nuestra cultura trata de estar reunidos en las praderas, montar a caballo y hacer hogueras en la montaña”. Puwaduoji también conversó acerca de los cambios que han acaecido en los últimos años: “Antes vivía en una pequeña casa de madera y ahora vivimos en un edificio de apartamentos. Ha habido muchas mejoras en las casas y las carreteras”. Desde la montaña Mengbi, la ruta de la Gran Marcha desemboca en la ciudad de Barkam, situada en la prefectura autónoma de las etnias tibetana y qiang de Aba, que sorprende a los viajeros con su despliegue artístico y sus hermosas casas decoradas al estilo tradicional tibetano. En una pequeña cafetería fuimos atendidos por Sulanduoji, oriundo de la zona y perteneciente a la etnia tibetana gyalrong. “Esta casa perteneció a mi abuelo, y ha sido pasada de generación en generación a lo largo de 90 años. Reformé el primer piso y lo convertí en una cafetería, lo cual ha sido una manera de poder volver a casa y montar mi negocio. Todos mis ingresos vienen de aquí, es mi único trabajo y es suficiente para mantener mi vida aquí”, señaló. El joven ofrece café de alta calidad a precios altos, que los turistas atraídos por la cultura roja y la aventura están dispuestos a pagar, permitiendo que los jóvenes puedan prosperar en sus lugares de origen. |
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