| Cultura |
| Construimos un ferrocarril en el techo del mundo | |
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EL tren bala Fuxing de color verde jade, los khata (pañuelos de oración) blancos como la nieve y los rostros radiantes no dejaban de destellar en el objetivo del fotógrafo. Era una mañana de junio de 2021 en la meseta Qinghai-Xizang: un tren bala Fuxing se dirigía a toda velocidad hacia su destino, la estación de Nyingchi, en la región autónoma de Xizang. Ese mismo día, el tramo Lhasa-Nyingchi del ferrocarril Sichuan-Xizang fue inaugurado oficialmente. Sin embargo, mucho antes de la ceremonia de inauguración, un grupo de personas ya había disfrutado del bello paisaje de Xizang: los trabajadores chinos encargados de colocar las vías del tren en el techo del mundo. Su historia es precisamente la que fue capturada a través de la lente del ingeniero Wang Quanquan, autor y fotógrafo del libro Construimos un ferrocarril en el techo del mundo. Wang es el comandante del tramo Lhasa-Nyingchi del ferrocarril Sichuan-Xizang de la 3.ª Compañía de la 11.ª Oficina del Grupo Estatal de Ferrocarriles de China. Es una persona apasionada, decidida y trabajadora, cualidades que definen no solo su enfoque en el trabajo ferroviario, sino también su dedicación a la fotografía. En su libro, ofrece una mirada a la vida de los trabajadores que construyeron este ferrocarril, a la vez que presenta una carta de amor visual a la incomparable belleza natural y al rico tapiz cultural de Xizang. Tras casi dos décadas de elaboración, las páginas del libro combinan impactantes fotografías con una maquetación meticulosamente planificada y una voz inconfundiblemente emotiva. A través de ventiscas y veranos abrasadores, las imágenes narran la tenacidad de los constructores ferroviarios que forjaron rutas en la meseta. Al mismo tiempo, registran recuerdos personales que reflejan la resiliencia del pueblo chino, el progreso de los diversos grupos étnicos en la meseta Qinghai-Xizang y el creciente poder económico y tecnológico de la nación. La construcción ferroviaria en sí no es nada nuevo. Sin embargo, hacerlo en una meseta carente de oxígeno, donde se pueden recorrer cien kilómetros sin ver una sola vivienda, es inimaginable. En medio de un paraje indómito, sin acceso a restaurantes ni tiendas, los trabajadores pasaban jornadas interminables en esa extensión primigenia. Vivían en “casas móviles” estacionadas sobre las vías, observando cómo las estaciones, a gran altitud, transformaban la tierra de verde a amarillo, a blanco y viceversa hasta terminar el trabajo. El libro es una muestra de la resiliencia y tenacidad de Wang y sus colegas ingenieros al conquistar una “zona prohibida para el ser humano” en el techo del mundo, con el fin de construir un camino hacia el desarrollo, la unidad y la prosperidad de Xizang. Hoy, en Xierong y otras aldeas cercanas a lo largo de la línea férrea, muchos residentes que se encontraban en situación de pobreza han solicitado préstamos bajo programas de alivio de la pobreza para comprar maquinaria de construcción pesada, como excavadoras, cargadoras, aspersores y camiones, y construir su propio futuro. Gracias a las eficaces políticas del Gobierno, sumadas a su propio esfuerzo, los habitantes han logrado salir adelante y construir también nuevas viviendas. Este libro ha sido publicado por Ediciones en Lenguas Extranjeras del Grupo de Comunicaciones Internacionales de China (CICG, por sus siglas en inglés). |
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