Cultura
Un legado que trasciende fronteras y épocas
2026-01-29    Fuente: Centro para las Américas    Autor: CUI ZHONGZHOU*

CHINA, el nombre en español del país asiático, también se refiere a cerámica cuando se escribe en minúscula. El hecho de utilizar un objeto para nombrar a un país lejano que lo produce revela el valor incalculable y la altísima reputación de este. La cerámica es, sin duda, ese tipo de objeto: en su momento, fue sinónimo de lujo y símbolo de estatus social. 

Una vasija con esmalte blanco y decoración estampada, junto con cuatro pequeñas botellas de boca acampanada encontradas dentro de ella, halladas en el naufragio del “Nanhai No.1”, en la provincia de Guangdong. Xinhua 

Cerámica y porcelana 

La palabra china taoci en realidad se refiere a dos cosas distintas: tao, cerámica, y ci, porcelana. La diferencia entre ambas radica no solo en los materiales, sino especialmente en la temperatura utilizada en su proceso de fabricación. Generalmente, la cerámica hace referencia a los objetos cocidos a temperaturas entre 850 y 1100 °C, los cuales suelen ser más ligeros, más porosos, menos translúcidos y con un sonido más apagado. Por otro lado, cuando la temperatura alcanza los 1100 °C, los objetos cocidos experimentan grandes cambios en su textura, aumentando su densidad, mejorando su impermeabilidad, y obteniendo una mayor translucidez y un sonido más claro. Durante la dinastía Song (960-1279), China ya dominaba la técnica para estabilizar las temperaturas de cocción a 1100 °C. Hoy en día, la cerámica se clasifica de forma más detallada según su temperatura de cocción: de baja (1100-1200 °C), de media (1200-1230 °C) —donde se incluyen la mayoría de los utensilios cotidianos— y de alta (1230-1300 °C). La cerámica de alta temperatura requiere un elevado nivel tanto en la calidad de la arcilla como en la del esmalte. La mayoría de las impresionantes piezas de cerámica de arte que vemos hoy en día pertenecen a este último rango de temperatura. 

La industria cerámica de China tiene una larga historia. A principios del siglo XX, los arqueólogos descubrieron fragmentos de cerámica en las excavaciones de la cultura Yangshao, que se desarrolló entre 5000 y 3000 a. C., por lo que la fabricación de cerámica en China tiene al menos de 5000 a 7000 años de historia. 

La producción de cerámica hasta la de porcelana tomó más de 4000 años. Aunque en la dinastía Tang (618-907) ya se fabricaba porcelana, fue en la dinastía Song cuando la técnica realmente maduró. Pronto, las porcelanas finas fueron rendidas como tributos al palacio imperial. Con la llegada de los comerciantes árabes, estas exquisitas piezas comenzaron a ser exportadas desde las costas del sureste y sur de China hacia Asia Occidental y Europa. Los hallazgos arqueológicos subacuáticos en las zonas costeras cercanas a la ciudad de Quanzhou, en la provincia de Fujian, y la ciudad de Taishan, en la provincia de Guangdong —como el naufragio del “Nanhai No.1”, que se cree que data de principios de la dinastía Song, hace más de 800 años—, demuestran que la cerámica china ya era exportada a Medio Oriente y Europa desde hace entre 800 y 900 años. 

17 de abril de 2019. Visitantes recorren la exposición permanente “Regreso: la porcelana clásica de la Ruta de la Seda” en el Museo de Porcelana de China, en la ciudad de Jingdezhen, provincia de Jiangxi. Xinhua 

Difusión en América Latina y el Caribe 

La cerámica china comenzó a difundirse en el continente americano en el siglo XVI, junto con la conquista española y portuguesa. En 1565, los españoles establecieron una ruta comercial marítima desde Manila, Filipinas, hacia América, dando inicio al comercio del Galeón de Manila. En ese momento, China se encontraba bajo el Gobierno de la dinastía Ming (1368-1644), y la principal moneda en circulación era de plata. Sin embargo, debido a la producción en cantidades limitadas, dicho metal era escaso. La plata, abundante en el continente americano, se convirtió en el elemento para intercambiar bienes preciosos, como cerámica y seda. Las colonias españolas en lo que hoy son México y Perú, los principales productores de plata, fueron los lugares donde más se intercambiaban estos bienes. Por lo tanto, hoy en día, son también los dos países donde más se ha encontrado cerámica china. 

Sin embargo, los principales intermediarios en el comercio de cerámica no fueron los españoles, sino los portugueses. En 1557, los portugueses consiguieron una pequeña concesión territorial, que es lo que hoy conocemos como Macao. Debido a las políticas de restricción marítima aplicadas durante el periodo medio y final de la dinastía Ming y al Tratado de Tordesillas (1494), que estipulaba la prohibición del negocio directo de los españoles con Macao y con las costas de China, los portugueses lograron hacerse con el monopolio de la ruta comercial desde Macao hacia Manila. Pese a ello, poco después, los barcos comerciales chinos comenzarían a unirse a esta ruta. En 1572 se sumaron seis barcos chinos; en 1575, entre 12 y 15, y en 1580, entre 40 y 60. Estos barcos transportaban mercancías desde Macao a Manila o Cavite en Filipinas, donde los españoles se encargaban de enviarlas a Acapulco, México. Excavaciones arqueológicas cercanas al Zócalo en la Ciudad de México dan cuenta de lo transitada que fue la ruta, la cual, además, marcó el inicio de la era de globalización. 

Debido a las preocupaciones por el exceso de plata transportada hacia Asia, en 1582 fue suspendido el comercio entre Perú y Acapulco. No obstante, a pesar de esta orden oficial, el contrabando nunca cesó, dado que Perú dependía en gran medida de la exportación de plata. Así, la cerámica continuó fluyendo hacia una zona más amplia, que incluía el Caribe, Florida, Panamá, Guatemala, Cuba y Puerto Rico. Más tarde, el comercio incluso se extendió hacia Europa a través de Lisboa y Galicia, y se mantuvo así hasta el establecimiento de la Compañía de las Indias Orientales, que monopolizó las rutas y el intercambio comercial entre Asia y Europa. De este modo, en el siglo XVII, Ámsterdam se convirtió en el principal mercado de consumo de cerámica en Europa. 

En la sociedad latinoamericana y caribeña, la cerámica china no solo servía como utensilios cotidianos, sino que también representaba un símbolo de estatus social y de riqueza. La cerámica china que llegaba a América Latina y el Caribe (ALC) se usaba principalmente en monasterios, iglesias y residencias de familias adineradas. Las piezas de cerámica finas incluso fueron traspasadas de generación en generación como objetos valiosos de herencia familiar, superando su función utilitaria. Excavaciones arqueológicas en el Zócalo y en el Templo de San Agustín, en la Ciudad de México, han revelado numerosos fragmentos de cerámica china, que datan desde el siglo XVI hasta el XVIII, lo que evidencia la marca duradera que tuvo la cerámica china en la sociedad local. 

Este flujo continuo y masivo de cerámica tuvo un profundo impacto cultural en las regiones de ALC. En México, la cerámica china se integró como una parte esencial de la cultura visual local, influyendo en la expresión artística y el estilo de vida de la población. Un ejemplo notable es la Casa de los Azulejos en la Ciudad de México, cuyas fachadas están decoradas con cerámica azul y blanca, el principal motivo chino que llegó a América entre los siglos XVI y XVII. Esta influencia se reflejó en la estética de América y Europa, promoviendo el desarrollo de la cerámica local, como la cerámica Talavera. 

Una fábrica local de porcelana, ubicada en el poblado de Shenhou, provincia de Henan, produce piezas para una marca chilena llamada Hallen. Foto cortesía del autor 

Una ruta en decadencia 

La escasez y la alta rentabilidad de la cerámica hicieron que Europa intentara producir sus propios productos cerámicos. Inicialmente, su diseño trató de imitar los de la cerámica china, que fueron su principal fuente de inspiración. Sin embargo, a diferencia de los platos y tazas chinos encontrados en las excavaciones arqueológicas, la producción de cerámica de Europa combinó sus propios elementos culturales y necesidades prácticas, lo que resultó en la creación de platos planos, tazas de café y figuras de cerámica de personajes cristianos, como la Virgen María. 

A partir del siglo XVIII, el flujo de cerámica china hacia ALC disminuyó debido a la competencia de los productos europeos. La cerámica se convirtió más en un patrimonio cultural que en un artículo comercial, especialmente tras la ocupación de Filipinas por Estados Unidos, que sucedió a España, lo que supuso el fin de una ruta comercial de productos que había existido durante dos o tres siglos. Posteriormente, la influencia de la cerámica china en las sociedades americanas se limitó a algunos objetos conservados y leyendas, mientras que los productos imitativos y los de fabricación europea empezaron a dominar el mercado, tanto en ALC como en Europa. 

Un nuevo comienzo 

No obstante, a partir del siglo XXI, el comercio de cerámica entre China y ALC volvió a activarse. En agosto del año pasado, durante una investigación en el poblado de Shenhou —uno de los cinco principales centros de producción de la cerámica de China—, situado en la ciudad de Xuchang, provincia de Henan, me sorprendió descubrir que una fábrica local de cerámica para objetos de uso diario recibía pedidos de una marca chilena llamada Hallen. Su diseño único, con una fuerte inspiración en la naturaleza, transmitía una estética claramente latinoamericana. Esto demuestra que, en la era de la globalización y la interconexión de las industrias y los comercios, el mundo ha vuelto a conectarse en una nueva dimensión, retomando la tradición cerámica que alguna vez fue tan popular en ALC. 

El comercio de cerámica entre China y ALC forma parte de los intercambios culturales materiales del mundo. Además, debido a la belleza única de estos objetos, esta conexión también está impregnada de un profundo contenido cultural inmaterial. La difusión e influencia de la cerámica china en ALC no solo da cuenta de las profundas raíces del intercambio cultural entre ambos lados, sino que también evidencia ricos recursos culturales. En esa línea, no se trató de un mero intercambio material, sino también de un diálogo espiritual y de una fuente de inspiración. Todo ello demuestra que la cooperación y la amistad entre China y ALC tienen una sólida base en su cultura material y espiritual, donde la voluntad del pueblo está profundamente entrelazada.

*Cui Zhongzhou es doctor y profesor asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Suroeste. 

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