Cultura
Inauguración de la Feria de Arte Dangdai de Beijing 2026
2026-06-03    Fuente: Centro para las Américas    Autor: ÁLVARO LORITE LÓPEZ

Si bien es cierto que el objetivo de las ferias de arte es eminentemente comercial: son los lugares en los que las galerías sacan a relucir sus mejores apuestas para los coleccionistas e inversores; no es menos cierto que en ellas podemos encontrar cierta sintaxis, un mapa de una narrativa cartografiada que nos habla de las preocupaciones del arte de masas, los problemas que preocupan a nuestras sociedades y las líneas de futuro que se dibujan en el horizonte de posibilidades. En este sentido, la Feria de Arte Dangdai de Beijing 2026 (Beijing Dangdai Art Fair 2026, por sus siglas en inglés), sin ser una bienal temática, puede permitirnos asomarnos a los miedos, anhelos y esperanzas de las mentes artísticas que laten entre las generaciones actuales.

Esa feria arrancó su andadura en 2018, con el objetivo de promocionar el arte contemporáneo de China y más allá, abriendo un espacio en la capital para el comercio la exhibición y el diálogo entre las principales galerías y artistas de arte contemporáneo. En su edición de 2026, la feria contó con la participación de casi 1000 artistas, repartidos en 144 instituciones de 49 ciudades a lo largo de 22 países, que estuvieron exponiendo en el Centro Nacional de Exposiciones Agrícolas de Beijing entre el 21 y el 24 de mayo.  

 

22 de mayo de 2026. Obra Sujeto en cuestión de Wu Di. 

En términos de la organización, el tema de este año, Land Trace (Luji) que podríamos traducir como “territorio y huella”, busca aproximaciones artísticas a través de la lente de las perspectivas geoculturales y el cruce con la historia y la geografía, en aras de conectar las miradas locales con percepciones que atraviesan múltiples contextos. ‘Territorio y huella’ evoca caminos a través y más allá de las ciudades, a la vez que apunta hacia los encuentros, las compañías y los momentos compartidos.  

Las palabras clave que han definido los siete sectores en los que se dividía el gigantesco pabellón de casi 20.000 metros cuadrados son: valor, futuro, asombro, digitalización, energía, encuentro y tiempo compartido. Además había dos zonas dedicadas especialmente al debate y a la reflexión, con varios paneles temáticos organizados entre los que se podía encontrar el interés por el diálogo entre la inteligencia artificial y la ecología; las formas de construir un arte que ayude a sanar ciertas ansiedades sociales; nuevas formas de imbricación de la tecnología en las formas artísticas; la exploración de posibilidades de vidas basadas en el silicio o las posibilidades del arte como infraestructura urbanas.  

Huellas, silicio, otras formas de narrar, territorio y encuentros, estas son todas palabras que aparecen explícitamente mencionadas como nudos clave del pensamiento desarrollado por la filósofa, socióloga y bióloga Donna Haraway en su última publicación Seguir con el problema: generar parentesco en el Cuthuluceno. El problema, según identifica Haraway, es nuestra relación parasitaria con el planeta y el resto de especies que conviven con ella; sin embargo, lejos de abandonarse al catastrofismo, Haraway propone y ensaya una serie de prácticas y análisis que nos pueden ayudar a encontrar una relación más armónica con la Tierra y sus especies. La autora propone este término, Cuthuluceno, basado en la criatura mitológica del universo de H. P. Lovecraft, para referirse a una posible época futura en la que el ser humano no sea el único sujeto de la historia. La autora propone diluir este sujeto en el territorio. A su vez, esta idea también ha sido expresada en varias entrevistas este año por el escritor de ciencia ficción chino Liu Cixin. 

22 de mayo de 2026. Obra Romaní de Frank Q. Chen.  

“Contrariamente a los dramas dominantes en el discurso del Antropoceno y el Capitaloceno, los seres humanos no son los únicos actores importantes en el Chthuluceno, con todo el resto de seres capaces solo de reaccionar. El orden ha sido retejido: los seres humanos son de y están con la tierra, y los poderes bióticos y abióticos de esta tierra son la historia principal”, escribe Haraway en Seguir con el problema, insistiendo en que las nuevas narrativas del futuro deben centrarse en vínculos y huellas, en lugar de seguir los relatos universales de las historias imperiales y colonizadoras. Es decir, para la autora “importa qué ideas usamos para pensar otras ideas”.  

Otro de los vectores de pensamiento de la autora que también resuena con el planteamiento de la feria es el desarrollado en su Manifiesto cíborg, en el que la autora aboga por pensar la tecnología y la naturaleza, no como dos entes separados y opuestos, sino como distintos eslabones de una misma cadena en la que los seres humanos estamos también entramados a través de las narrativas. 

Todos estos conceptos no solo resuenan con gran cantidad de las obras expuestas en la Feria de Arte Dangdai de Beijing, también nos sirven como guía para poder interpretarlas y hacerlas dialogar entre sí.  

 

22 de mayo de 2026. Obra de Kela Coto en la colección La montaña sabe, el agua recuerda.  Fotos de Álvaro Lorite López 

Sujeto y territorio 

“El territorio es una entidad múltiple. Se muestra físico, actual y real a los sentidos, pero es profundamente abstracto y variable en su evocación subjetiva, impregnado por la Historia y las historias, y modulado por aquello (lente, pátina, afecto) que se teje en la experiencia subjetiva. Dondequiera que se pose una mirada. Dondequiera que nosotros estemos”. Con estas palabras, presentaba la colección La montaña sabe, el agua recuerda Laila Bermúdez, comisaria encargada de armar esta colección presentada por el Instituto Cervantes de Beijing en la feria. La colección reúne a seis creadores asturianos que utilizan distintas técnicas para hacer trascender lo local hacia lo universal y plantear preguntas sobre las tensiones entre industrialización y paisaje o la pervivencia de los mitos y las traducciones en un mundo acelerado.  

Otro ejemplo de aproximación podría ser la propuesta de Wu Di con su obra Sujeto en cuestión, en la que podemos ver cómo los límites entre paisaje y personaje no están claros ni definidos, lo que parece el fondo, se transforma en personaje principal. Incluso la propia pintura se funde con el marco y sale de sí misma.  

Huellas 

Si hay alguien que sabe de dejar huellas y dejar rastro es el pueblo romaní que ha vagado errante desde el siglo XI, durante casi 1000 años, tratando de crear hogares y siendo expulsado de distintos puntos del planeta. Una de las huellas que, sin duda, ha dejado este pueblo son las musicales. Tal y como mostró el documentalista argelino Tony Gatlif en su documental Latcho Drom de 1993, se puede rastrear la huella del pueblo romaní desde la India hasta el sur de la Península Ibérica. No es una casualidad que la música tradicional de la región autónoma uigur de Xinjiang tenga aires al flamenco de Badajoz. Esos sonidos son las huellas de un viaje.   

Y así aparecen en la colección de fotografías de Frank Q. Chen, que ha elegido enfocar su lente en el pueblo romaní. Para este pueblo, el hogar -como origen de la vida, el punto de partida del viaje- no está sujeto al territorio o a la nación y se construye a través de una serie de indelebles huellas.

El fantasma en la máquina 

Sin duda, el reflejo más evidente de aquello que preocupa e interesa a la sociedad es la presencia de todo aquello que tiene que ver con la máquina y la inteligencia artificial. Muchos de los artistas han elegido explorar caminos que buscan armonizar y poner a conversar a los viejos dioses y mitos, a la naturaleza y a las máquinas. Es el caso de la colección de los Sabios de neón de Tong Yang o los videos ciberpunk Cyber Shanshui de Zhang Jun y Wang Yi.

La tecnología tuvo una gran presencia en muchas de las obras de la feria, de las que también formaban parte distintas máquinas. La obra Ojos de pez y perlas, basada en el dicho chino 鱼目混珠, que quiere decir “hacer pasar ojos de pez por perlas”, el artista entrenó un sistema de inteligencia artificial con sensores de visión y lo entrenó con perlas reales y ojos de pez para que los distinguiese. Sin embargo, en palabras del artista “en mi caso fue más difícil conseguir los ojos de pez hervidos que las perlas, por lo que el valor está en constante cambio, es algo fluido y no fijo. Lo mismo ocurre con los significados”.  

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