Entrevistas
Hechizados por la danza
2025-07-29    Fuente: Centro para las Américas    Autor: JUAN CARLOS AGUILAR

4 de julio de 2025. El final del exitoso encuentro se corona con una fotografía grupal.

5 de julio de 2025. Integrantes de la Asociación de Bailarines de China, durante la presentación de Yong en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo.

4 de julio de 2025. Bailarines chinos y mexicanos muestran lo mejor de su arte sobre el escenario.

5 de julio de 2025. Chen Daojiang, embajador de China en México (al centro), durante la presentación de la Asociación de Bailarines de China. Fotos de Juan Carlos Aguilar

DURANTE dos horas surgió la magia en el escenario principal de la Fundación Amalia Hernández en el centro de la Ciudad de México. El hechizo se alimentó por dos vías: con la destreza de los miembros de la Asociación de Bailarines de China y con la habilidad de los integrantes del ballet folklórico más emblemático del país. Dos países, China y México, unidos no por la palabra, sino por los cuerpos en movimiento que dialogaron con pasión y entrega, como hacen los viejos amigos. 

Con ese encantamiento, que se alimentó aún más con la oscuridad que predominaba en el recinto, es que se llevó a cabo el emotivo intercambio cultural entre las dos compañías dancísticas. El asombro, la admiración y el aprendizaje fueron el tono de la reunión. Y entre los afortunados asistentes que pudieron presenciar el inédito encuentro, incluyendo al de la voz, solo hubo fascinación y respeto.

Bien dicen que entre ambas naciones solo se interpone una pequeña gota, una gota que se llama océano Pacífico. Si se mira bien, es una distancia muy pequeña cuando se trata de arte. En estos terrenos no hay abismos y mucho menos diferencias. Así quedó demostrado aquella mañana del viernes 4 de julio.

La danza, lenguaje universal 

Primero subieron al escenario los bailarines del ballet de Amalia Hernández, que desde 1952, año de su fundación, han puesto muy en alto el nombre de México. Actualmente, y como hacen desde el siglo pasado, se presentan cada semana en el Palacio de Bellas Artes, el recinto cultural más importante del país.

En su breve demostración, hicieron patente su disciplina y rigor, enseñanzas, ambas, heredadas de doña Amalia (1917-2000). Su baile fue vigoroso, con los pasos bien marcados y con un zapateo que hizo retumbar las tablas. Justo una de las características del baile folklórico mexicano es su fuerza y las vueltas rápidas, que permiten que los largos vestidos tradicionales tomen vuelo. Abajo, en la oscuridad, los aplausos no se hicieron esperar.

Después vino el turno para los chinos. Vestidas con trajes largos y portando lámparas tradicionales, cinco bailarinas hicieron suyo el escenario al realizar una presentación que se distinguió por su sutileza. Movimientos controlados, tersos, como de terciopelo. La suya era una fuerza contenida, frenada, que puso en evidencia su gran flexibilidad. En un segundo número subieron al escenario otros bailarines para presentar su número titulado Yong (“Guerreros de terracota”). Dos danzas muy diferentes, pero complementarias. Las ovaciones fueron unánimes.

Entre las miradas de asombro, estaba la de Viviana Basanta Hernández, hija de Amalia Hernández, quien toda su vida ha vivido en los escenarios. Fue bailarina durante 22 años y después, tras la muerte de su madre, directora del ballet durante una década. Hoy, a sus 69 años, es directora artística.

Con la emoción de una niña, se levantaba de su asiento e imitaba los movimientos de los danzantes chinos. Cuando se le preguntó qué emociones le despertaba este intercambio cultural, su respuesta fue clara: “Si queremos conocer un país, tenemos que conocer su cultura. Es lo que nos une como seres humanos”.

Respecto a la cultura china, dijo: “Es una de las más ricas del mundo. Igual que la nuestra, es ancestral, y eso me emociona mucho. Además, me genera esa sensación de querer conocer más. No es un secreto que los chinos tienen la disciplina como algo esencial en todo lo que realizan y mucho más en la danza; su nivel es altísimo”.

-¿Qué le pareció el espectáculo que presentaron? 

-Tienen una calidad de movimiento impecable. Me parece que esa fineza de poder expresar lo que traen, es posible gracias a la disciplina. Todo lo hacen con perfección, sincronía y mucha emoción porque proyectan desde adentro, no por encima. Realmente tienen una profundidad en su movimiento y una gran expresión que viene del alma. Es claro que comunican desde otro lugar.

-Hoy en este escenario habló la danza, los cuerpos en movimiento…

-Fue el diálogo con el cual todos pudimos tener una actividad como si habláramos el mismo idioma. La cultura es el lenguaje más importante para tener un mundo mejor.

-¿Usted conoce China? 

-Sí, conozco Beijing, Shanghai, Hong Kong y Qingdao. He viajado con la compañía porque sola ya no viajo. A Shanghai fuimos cuando se realizó la Exposición Universal en 2010 y fue una experiencia maravillosa. El público estuvo increíble, tuvimos una respuesta extraordinaria. Fue padrísimo estar en China.

-En lo personal, ¿qué es lo que más le gustó del país? 

-De Shanghai y Beijing me impresionó mucho cómo el pasado y el presente conviven en perfecta armonía. Es como si ese hilo que une ambas épocas no se hubiese perdido nunca. Por un lado, hay construcciones tradicionales y, por otro, modernos paneles solares. De su cultura destacaría la gran riqueza milenaria, la filosofía que han cultivado a lo largo de su historia y la medicina tradicional, de la cual soy una gran entusiasta.

Pasión y entrega 

Por su parte, Zhang Qiulong, directora del Departamento de Cooperación Internacional de la Asociación de Bailarines de China, destacó la excelencia de la compañía mexicana y se dijo “profundamente emocionada” por el intercambio cultural que tuvieron ambas compañías.

“Bailaron con mucha pasión y entrega. La verdad es que las actividades de intercambio fueron muy buenas y muy fructíferas para nosotros. Aunque no nos entendemos ni en español ni en chino, sí logramos dialogar. Y esto es posible porque la danza no tiene barrera de idiomas. De esa manera, pudimos comunicarnos y entender nuestras diferencias culturales”, sostuvo.

Sobre sus primeras impresiones de la Ciudad de México, comentó que es muy misteriosa y extraña, pero al mismo tiempo un tanto familiar, con gente muy amable. “Es una ciudad que siento algo lejana, pero muy alegre y llena de color. Además, tiene muchas tradiciones antiguas que se combinan con la modernidad de los edificios, eso me gusta”, dijo.

Para el día siguiente, sábado 6 de julio, la Asociación de Bailarines de China se presentó en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, en pleno Centro Histórico. El evento, abierto al público, fue especial porque se llevó a cabo en el marco del 60.º aniversario de este recinto, y porque asistió Chen Daojiang, el nuevo embajador de la República Popular China en México.

El embajador señaló que la presentación constituyó una práctica concreta para implementar el Programa de las Civilizaciones, formulada por el presidente Xi Jinping, y materializar el principio de que “cada uno presenta su propia belleza, y juntos compartimos todas las bellezas”.

Las familias mexicanas disfrutaron la presentación y en un instante quedaron hechizadas por la poesía en movimiento que se desplegaba ante sus ojos. Era la magia de la danza.

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