Sociedad
Super Liga de la Aldea en Guizhou
2026-07-01    Fuente: Centro para las Américas    Autor: EMIR OLIVARES ALONSO*


2 de enero de 2026. Inauguración de la Super Liga de la Aldea en el distrito de Rongjiang, provincia de Guizhou. Xinhua 

EN China, donde es difícil la adopción inmediata y permanente de algunos deportes, un torneo de fútbol de barrio se ha convertido en todo un fenómeno social, cultural y deportivo en Rongjiang. Con menos de 400.000 habitantes, este pequeño distrito en la provincia de Guizhou es también el hogar de los dong, una de las minorías étnicas del país. 

Amor por el fútbol 

En el corazón de las montañas del suroeste chino los sueños de muchos futbolistas amateurs han empezado a tomar forma: sus nombres y sus habilidades en el campo son vitoreadas por miles de fanáticos que se dan cita en los partidos y millones que los siguen en línea. 

Apenas en 2023 se lanzó la Super Liga de la Aldea (cunchao, en mandarín), la cual se ha vuelto viral rápidamente en China y más allá de sus fronteras. 

De acuerdo con datos oficiales, en los últimos cuatro años ha habido más de 130.000 millones de reproducciones en distintas plataformas de Internet en temas relacionados con el torneo, principalmente la transmisión de los juegos en vivo. 

La cifra rebasa por mucho a los 10 videos más vistos en YouTube y según un informe de Gran Bretaña, los partidos de la Super Liga de la Aldea han conseguido más de 80.000 millones de vistas en las diversas plataformas donde han sido subidos. 

En su corto periodo, la liga de Guizhou ha atraído a 26 millones de personas, convirtiéndose en un motor del desarrollo económico y social de la región, con una derrama de más de 30.000 millones de yuanes (unos 4400 millones de dólares). El fenómeno futbolístico debe su origen a un proyecto oficial contra la pobreza para estas comunidades, que entre sus líneas incluyó la instalación en 2021 de un parque industrial de nuevos medios en el distrito de Rongjiang, donde se han formado más de 40.000 “talentos” en la creación de contenidos para redes sociales. El grupo que retomó el gusto local de décadas por el fútbol surgió de ese centro. Los influencers transformaron el torneo en un fenómeno cultural gracias al uso de ciertas redes sociales que operan en China como Weibo, similar a X; Douyin, la versión china de TikTok; y Rednote, una especie de Instagram. Como parte de la estrategia se creó además un museo para exponer exclusivamente la historia de la liga.  La cunchao ha alcanzado tal popularidad, que exestrellas del fútbol como los campeones del mundo Kaká (Brasil) y Fabio Cannavaro (Italia), o el crack italiano Roberto Baggio, han viajado hasta este lejano punto —a más de 2000 kilómetros de Beijing— para cascarear con los pobladores. El ganador del Balón de Oro 2001, el inglés Michael Owen, envió en 2024 un video de apoyo al proyecto y a sus participantes. Zhou Jing es un joven de bachillerato que sueña con convertirse en futbolista profesional un día. Luego de un partido de fútbol, donde su equipo Dangjiao Village empató a uno, se da el tiempo para conversar con algunos medios locales y canales en línea.  

En una charla con La Jornada, el joven delantero dijo admirar a Messi. “Es mi ídolo, me gusta mucho Argentina”, señaló al destacar el orgullo que siente por representar a su comunidad en el torneo. Al llegar a Rongjiang se siente la pasión futbolera: sus calles, restaurantes, hoteles y comercios están llenos de alusiones al balompié y a la liga, cuyo estandarte es una cabeza de un buey, un animal sagrado para los grupos minoritarios de esta zona de China al ser considerado un puente con la divinidad. En muchas aceras se erigen figuras de personajes con los uniformes de las escuadras que conforman la liga, carteles de los próximos partidos y de las “estrellas” de la cancha, puestos donde se venden camisetas y otros productos, y hasta enormes esculturas de balones. En la temporada 2026 —que inició hace unos meses— participan 137 equipos compuestos por más de 2600 jugadores en diferentes categorías, provenientes de las distintas aldeas de la región y que en su día a día son estudiantes, trabajadores, agricultores, operadores de autobuses y comerciantes. Detrás de la enorme fama de la Super Liga de la Aldea se esconde una historia más profunda. Cada partido es una fiesta en la que conviven la cohesión social, la identidad y el arraigo a las raíces culturales. Como en cualquier llano donde se práctica el fútbol, la liga de este distrito recupera la esencia del juego: identidad, orgullo, gozo, pertenencia y honor por defender los colores. Estos valores se distancian de la visión mercantilista que en los últimos tiempos la FIFA le ha dado al fútbol, anteponiendo las ganancias, la exagerada publicidad, la explotación y la sobreexposición de los jugadores. Se trata, en este caso, de una comunidad que está recuperando un juego que “los hombres de la FIFA” les han intentado arrebatar. Aquí no se compite por grandes sumas económicas ni por fama, sino por el mero gusto de patear la pelota. Los premios no son copas lujosas, sino artesanías (pañuelos teñidos con la milenaria técnica del batik) o gallinas o corderos que serán sacrificados para los festines de la victoria. Yang Zhi es un férreo defensa central del equipo Gaodong Village. Al verlo en la cancha su estilo evoca un dicho insigne de los veteranos del fútbol: “O pasa el balón o pasa el rival, pero no ambos”. Desde muy joven ha practicado el fútbol y hoy se dice orgulloso de poder participar y defender sus colores en la Super Liga. “Crecimos aquí, tenemos esa vibra y la llevamos al campo. Tenemos que estar felices, primero por jugar al fútbol, y más importante, por traer gloria a nuestras aldeas. Nos sentimos enaltecidos por llevar este honor a nuestro pueblo”, manifestó. 

Sentido en la vigorización rural 

Aun cuando China no es una nación futbolera, desde su lanzamiento, la cunchao ha ganado simpatías. La asistencia más alta a un partido superó los 60.000 espectadores.  

Lo que hace única a esta liga es su integración con el patrimonio local: durante el medio tiempo los espectadores disfrutan de actuaciones del Gran Canto de la etnia dong, la danza de tambor de la etnia miao y la Ópera Buyi.  

Las animadoras visten trajes bordados tradicionales y grandes coronas de plata —característicos de estos grupos étnicos—, convirtiéndose en embajadoras de la cultura tradicional de la región, la cual ha sido catalogada como patrimonio cultural inmaterial por la Unesco. 

Otra clave del éxito radica en el hecho de que los espectadores también forman parte del espectáculo: pueden sentarse en las tribunas del pequeño estadio o bien bajar para observar el partido desde la banda. Casi a un lado de las bancas algunos trasmutan a directores técnicos: gritan, dan indicaciones y reclaman las decisiones arbitrales.  

Dos grandes pantallas proyectan la transmisión del juego, incluidas repeticiones de grandes dribles, faltas, goles o polémicas; mientras que en lo alto de la tribuna principal, dos narradores comentan las acciones de los cotejos sin perder detalle y gritan las anotaciones como si se tratara del que da un título mundial.  

En declaraciones para el Diario del Pueblo, Cui Haiyang, vicepresidente de la Universidad Minzu de Guizhou y miembro del XIV Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, el principal órgano asesor político del país, resaltó que la globalización de la cunchao desafía los estereotipos de la comunidad internacional. 

“A través de la integración del fútbol y el patrimonio cultural inmaterial, se demuestra la confianza cultural y la sabiduría de gobernanza de las aldeas chinas”, apuntó Cui. “La liga también es pionera de un nuevo paradigma para la diplomacia de pueblo a pueblo. Su éxito aborda el ʻefecto sifón de la urbanización’, proporcionando un ejemplo para los países en desarrollo en materia de vigorización rural”. Desde la perspectiva de Yang Zhi, el defensa central del Gaodong Village, la cunchao es una fiesta que deleita a los espectadores principalmente “porque encarna el amor de la gente de Rongjiang por el fútbol. Ahora es muy popular y eso ha ayudado a dar a conocer nuestra nación y cultura al mundo. Permite que la gente de otros lugares conozca nuestra cultura”.

*Emir Olivares Alonso es periodista de La Jornada de México. 

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